Cuando somos niños creemos, sin ningún tipo de desconfianza, en todo aquello que nos dicen nuestros padres. Estamos descubriendo el mundo y ellos son nuestra guía. Nos asombramos por todo, no hay qué no nos maraville y cuestionamos lo que sea. Menos aquello que nuestros padres nos aseguran con total certeza.
6 mentiras que nos dijeron nuestros padres sobre nuestras mascotas (nunca los perdonaremos)
Tanto es así que ya de adultos, en alguna reunión familiar, nos enteramos de lo peor: nuestro perrito que nos acompañó en la temprana infancia en realidad no había desaparecido en busca de su madre.
A mis compañeros y a mí también nos mintieron con nuestras mascotas. Seguro te van a sonar muy familiares estas mentiras porque los padres no son muy ocurrentes en este tema.
1. «Devolvimos tu pececito al mar porque se sentía mejor en su hábitat»
Espinillo (así le puse al pequeño colorido) parecía un pez feliz. Un día fuimos de paseo a un parque con un arroyo, vi un pez tan lindo que me lo quise llevar a mi casa para que fuese mi amigo. Al principio no querían dejarme, pero después mi insistencia pudo más. Pero lamentablemente mi amigo vivió menos de lo que esperaba.

2. «Llevamos a tu pollito piolín con su familia a la granja, así era más feliz»
En una kermés de la escuela daban unos bellos pollitos. Yo pasé todo el día jugando para ganarme uno, pero nunca lo lograba. Ya al final, cuando estaban cerrando todo, por compasión me dieron a mi pollito. Le puse piolín y todo el tiempo estaba pendiente de él. Un día ya no estaba, pero la idea de la granja no era mala.
3. «Acompañamos al patito al tajamar para que tenga una vida feliz»
El patito era el mejor amigo de Vale, pero un día sus padres decidieron que iba a ser más feliz si se lo llevaban al tajamar. Realidad: su padrino lo había cocinado a la naranja.

4. «Los dos hámsteres salieron a pasear y no volvieron»
Lo de los patitos no fue el único trauma de Vale. Tenía dos bellos hámsteres que de un día para el otro se habían ido «a pasear». Realidad: la hembra le había comido la cabeza al macho.
5. «Las cotorritas se volaron para ver a su madre»
Y por si fuera poco también había tenido dos cotorritas que «se volaron de repente». Realidad: su madre abrió la jaula y se les escaparon sin querer.
6. «El conejo se fue de viaje. Se fue en un avión»
Y nuestra compañera Romi nos dejó otro gran aporte de su infancia: siempre pensó que su conejo se había ido de viaje en un avión. Hasta que un día se dio cuenta de que tuvo otro tipo de viaje.
¿Quién les dijo que la mentira era mejor que la verdad? ¡Peor es enterarse de la verdad diez años después!
- Te identificas?: «10 aromas que amamos inexplicablemente»










