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Belleza

¿Qué es el Efecto Dash y cómo lograr su look?

Los estándares de belleza se han vuelto totalmente exagerados y para “moldear” tu cuerpo hacia allá hay que hacer cosas que quizá no valgan la pena.
24 Mar 2016 – 10:18 AM EDT

Hay que estar ciego para dejar de notar que los cuerpos de toda una generación de mujeres no se parecen a los de antes: las caderas se han ensanchado, las cinturas se han encogido, los bustos se han hinchado, los labios se han abultado. ¿Es, acaso, toda esa leche con hormonas que bebieron de niñas? ¿La zumba? ¿Son las máquinas de ejercicio que se anuncian en la televisión a altas horas de la madrugada?

Estas mujeres, en su mayoría jóvenes, son casi idénticas entre sí: cabello largo y ultra lacio, casi siempre recogido en una cola de caballo; cintura de apenas un pellizco entre busto y cadera de dimensiones gigantes, y, además, mucha Lycra y Spandex para poner de relieve esas dotaciones.

Qué pasa

A esta búsqueda de un cuerpo “de película” (o bien, estrictamente hablando, “de reality”), se le ha llamado el Efecto Dash (por supuesto, de las Kar DASHian) y tiene más que ver con la industria cosmética que con una mutación súbita del cromosoma X.

El fenómeno ha repercutido de manera significativa en los procedimientos cosméticos, mismos que han padecido un incremento del 73%, mientras que el sinfín de opciones de shapewear (desde sostenes push-up y fajas entrenadoras, hasta pantalones con forros de compresión interna) generan cada año alrededor de 680,000 millones de dólares en ventas, con marcas como Spanx y Yummie Tummie a la cabeza, gracias en buena medida a sus embajadoras estelares como las hermanas Kardashian, Gwyneth Paltrow, Jessica Alba y Beyoncé.

A continuación, te mostramos cómo lograr el efecto teibolera (o Dash) en siete pasos:


1. Cabello ultra lacio

Extensiones. O bien, invierte en un sistema de cuidado del cabello que debe incluir, aunque no exclusivamente: champús y acondicionadores con aceites hidratantes como el aceite de argán; tratamientos térmicos con keratina y protectores con silicón; una secadora ionizada y una plancha para alaciar. Es importante no lavarse el cabello más de dos días por semana y siempre dormir con el cabello envuelto alrededor de la cabeza y sujetado con una pañoleta de tela o de plástico.

2. Labios abultados

Inyecciones con ácido hialurónico. El procedimiento cuesta entre 500 y 2,000 dólares, dependiendo de las sesiones necesarias.

3. Pechos inmunes a la gravedad

Implantes. O bien, aumentadores de silicona para colocar dentro de un sostén escotado.


4. Cintura victoriana

Liposucción. O bien, un chaleco-faja reductor con por lo menos tres hileras de ganchos para mayor seguridad y moldeablidad.


5. Caderas globales

Implantes. O bien, un sostén de glúteos (o butt bra), ya sea con relleno o sin relleno , dependiendo de cuánta grasa dispongas para redistribuir. Usar siempre de modo conjunto con el chaleco-faja reductor; la clave está en que la circunferencia de las caderas duplique la de la cintura.


6. Ropa de calle que parece de gimnasio (mejor conocida como athleisure)

Para que parezca que en realidad tus curvas se deben a una rigurosa disciplina y dedicación, y de paso darle un lift adicional a tus glúteos postizos, usa leggings de compresión interna y compleméntalas con unas gafas oscuras extra grandes, una hoodie ombliguera y unos tenis en los que destaque de manera prominente el logotipo de la marca, para adquirir el look completo. El logotipo de la cachucha de béisbol (opcional), debe de hacer eco del de los tenis.

7. Repite el segundo paso cada cuatro a seis meses

No hay nada de qué sorprenderse: hasta Cenicienta sabía que los encantamientos no duraban para siempre.


Si bien es cierto que no se trata de la faja de la abuela, que la tecnología textil ha evolucionado de manera sorprendente en los últimos 50 años, las consecuencias de la modificación corporal que oprime y hasta desplaza ciertos órganos durante largos periodos te tiempo, siguen siendo las mismas. Los personajes literarios femeninos de la época victoriana no se desmayaban por afectación o dramatismo, sino porque la opresión de su diafragma era tal que no podían respirar naturalmente debajo de aquellos corsés.

Hoy, existen fajas “entrenadoras” con las que muchas mujeres hacen ejercicio con la esperanza de que su cintura pierda proporcionalmente más centímetros que el resto de su cuerpo —que sus caderas, por ejemplo—. Entre los peligros de utilizar shapewear durante largos períodos de tiempo y por épocas prolongadas, se encuentra el reflujo gastroesofágico, la meralgia parestésica y el desarrollo de coágulos sanguíneos, según un reporte publicado por el LA Times. En cuanto a las inyecciones e implantes, no es siquiera necesario rozar el tema de los riesgos. Los medios están plagados de las historias de terror.

Cuando las mujeres occidentales dejaron de usar el corsé a principios del siglo XX, se consideró una liberación no sólo simbólica sino fisiológica, relacionada además con la autodeterminación económica procurada por su ingreso formal a la fuerza laboral. Hoy que las mujeres no trabajan menos que antes, sino mucho más, es paradójico que tantas lo hagan con un grado tan alto de incomodidad.

El mercado, sobra decir, no acostumbra dejar puntos ciegos, y marcas como Spanx pretenden congraciarse con las consumidoras que pueden ver en sus productos un retroceso histórico, imprimiendo en sus paquetes leyendas con guiños hacia el feminismo: “¡Moldea la forma en que te vistes, para que puedas moldear al mundo!”.


En conclusión, es altamente probable que Coco Chanel se esté revolcando en su tumba.


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