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Realeza

Traición a una princesa ☹️: cuando Estefanía de Mónaco se enamoró de su guardaespaldas #bigfail

Por años ella fue la chica rebelde de la nobleza europea y por una locura de amor, vivió uno de los episodios más inolvidables y polémicos en la historia de la realeza internacional.
1 Jun 2018 – 2:27 PM EDT

En 2013, durante una entrevista con la cadena de TV France 5, la hija menor de la desparecida princesa Grace de Mónaco señaló: "He vivido varias vidas en una sola". En esta frase, Estefanía de Mónaco, encierra una gran verdad: aunque ya no es ni de lejos aquella muchacha de alta cuna que vivió una adolescencia y juventud expuesta en los medios. De hecho, reniega de esa imagen suya, como lo dijo en una extensa entrevista para la edición española de Vanity Fair- cuando hizo realidad su deseo de ser cantante pop, modelo y diseñadora de modas. Su vida ha sido intensa y contiene especiales momentos en los que caben varias bodas, tatuajes y hasta el tiempo en que mantuvo oculta la identidad del padre de su tercera hija, por no olvidar su etapa como artista de circo.

Dentro de ese caleidoscopio de experiencias y extravagancias, quizá el punto más escandaloso sea su relación con el francés Daniel Ducruet, que en un tiempo fuera su guardaespaldas. Esta es también su relación sentimental más conocida y durante la cual tuvo dos hijos. Antes de esto, la princesa, nacida en enero de 1965, tuvo coqueteos, noviazgos y ardorosos romances (con galanes de lo más variopintos, como el empresario Mario Oliver, el actor Rob Lowe, el corredor de autos Paul Belmondo (quien fue su primer amor) o el 'party boy' por excelencia, Anthony Delon, con quien fue captada topless en St. Tropez). La mayoría de muy mal final. Este enamoramiento tan sonado, fue algo completamente diferente y alimentó las revistas de celebridades por años durante la primera mitad de la década de 1990 y tuvo un principio casi inocente.

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La princesa dinamita


Estefanía se encontraba de gira por América Latina en 1991, promoviendo su LP titulado ' Stéphanie', presentándose en programas de televisión - como los hoy extintos, pero muy célebres ' Siempre en domingo' y ' Sábado gigante', o el show de Susana Giménez en Buenos Aires- y haciendo 'showcases'. Su cuerpo de seguridad lo encabezaba Daniel Ducruet, quien había sido seleccionado para esta tarea personalmente por su padre, el príncipe Rainiero.

Ducruet, nacido en el sur de Francia en 1964, había llegado a Mónaco en 1986, tras haber ejercido diversos oficios (y tener un matrimonio fallido) para ser oficial de policía. Posteriormente fue agregado al cuerpo de seguridad del príncipe Alberto, que entonces era el heredero al trono. Entre ellos se dio una relación de confianza y fue por ello que el príncipe recomendó a Ducruet - alto, ojiverde, jovial- para que acompañara a Estefanía en su viaje de ocho semanas.

De acuerdo con todos los biógrafos del fallecido príncipe regente, de sus tres hijos - Carolina, Alberto y Estefanía- su debilidad siempre fue por su hija menor. Y Estefanía había tenido una larga temporada difícil desde los 17 años, en 1982, cuando su madre, la estrella de de cine convertida en princesa, murió a consecuencia de un terrible accidente de carretera. Aunque años después se supo -tal como reprta El Mundo- que la princesa Grace había sufrido una hemorragia cerebral detrás del volante, aunque al momento del accidente la prensa llegó a insinuar que la joven era la responsable del accidente y de la muerte de su madre.


A partir de entonces, Estefanía había resultado toda una explosión, al punto de que haría palidecer (y por mucho) las correrías de Carolina, su hermana mayor, quien a mediados y finales de la década de 1970, había sido asidua a discotecas y fiestas y dio la nota por posar topless (ella en un yate) y por casarse con Philippe Junot, un playboy mayor que ella, de quien se divorciaría antes de cumplir dos años de casados.

Amándose a escondidas

La relación con Ducruet se dio durante la gira en Latinoamérica, y aunque al principio trataron de mantenerlo en secreto, la aparición de unas fotos de ambos en Portugal en la revista Paris-Match, puso al descubierto su noviazgo, que llegaba en unos momentos algo complicados en la vida de la joven. Su padre le había exigido que abandonara su carrera como cantante y que participara más en actividades de caridad patrocinadas por el palacio. La incipiente relación con Ducruet, y el hecho de que éste hubiera tenido un hijo con su (hasta entonces) pareja, Martine Malbouvier, hizo que Rainiero le retirase una mensualidad de unos 20,000 dólares de hoy en día.

Este era el castigo por pasarse de la raya, por hacer algo que no 'debía' hacer una joven de su posición. Ante la repentina falta de dinero, ella contraatacó, anunciando la exclusiva de su embarazo y vendiéndola por una suma nunca revelada, a la prensa. Esto llevó a que el príncipe regente y Carolina la volvieran a castigar, aplicándole la ley del hielo y apartándola totalmente de todos los actos públicios del principado (y de paso, Ducruet fue despedido). Ella, que nunca soñó con llevar una diadema de diamantes, se burló de la medida y continuó felizmente su relación (el dinero tampoco era tanto problema; él puso un negocio y ella le ayudaba con parte de la herencia que su madre había dejado al morir para sus tres hijos).


Estefanía no cedió nunca y tuvo dos hijos con Ducruet: Louis en 1992 y Pauline en 1994 . Fue a raíz del nacimiento de la segunda cuando Rainiero permitió la boda entre ambos. Mientras muchos miraban por encima del hombro al guardaespaldas, ella confesaba que él había sido el "único hombre" que le había dado, según la revista Caras, "calma, seguridad, madurez y amor", y entonces Montecarlo se preparó para una boda real, pero no como los monegascos esperaban.

Cuento de hadas por lo civil


Tal como reportó en su momento el diario El País, el 1 de julio de 1995 se dieron cita en el ayuntamiento de Montecarlo alrededor de 40 personas; entre ellos el príncipe Rainiero y su heredero Alberto, así como la señora Maguy Barbero, madre del contrayente. La gran ausente fue Carolina, quien en esos momentos, aún recuperándose de la tragedia de haber perdido a su marido Stefano Casiraghi en 1990, se había refugiado con sus tres hijos, entonces aún pequeños, en una granja de Aix-en-Provence y se había negado a ir a la boda.

Por orden del príncipe, ningún fotógrafo, salvo uno autorizado por el palacio, había podido acceder. Estefanía, en un vestido diseñado por ella misma, corto y de encaje, dejó su rúbrica en el acta matrimonial con su nombre completo: Stéphanie Marie Elisabeth Grimaldi, mientras que el novio, en un traje gris, era todo sonrisas. Por la noche, los invitados aumentaron a 300 y se celebró una cena con cierto protocolo en el hotel Loew. La razón de que fuera un affair modesto era obvia: la relación entre la princesa y el guardaespaldas había sido lo suficientemente escandalosa y poco convencional como para que los Grimaldi hicieran una gala.


Todo parecía indicar que Estefanía por fin estaba feliz, que sentaba cabeza y tendría una familia. Pero no le duró mucho esta dicha.

Traición en la piscina


Lo que para la gente común podría ser la felicidad convencional de la vida conyugal, no suele serlo para las celebridades y Estefanía no fue la excepción. El 28 de agosto de 1996, apenas un año después de la boda, la revista española Interviú y la francesa Paris-Match, publicaron unas imágenes captadas por el paparazzo Stéphane de Lisiecki, en las que en una villa cercana a Niza, s e veía a Ducruet en una piscina, haciendo el amor con una bailarina de striptease de origen belga llamada Muriel 'Fili' Houteman, que el año anterior había sido ganadora del concurso 'Miss Nude' .

De acuerdo a lo dicho por Ducruet a las autoridades francesas y posteriormente en un libro, todo se trató de una trampa sexual, en la que él cayó redondo. Según relató, conocía superficialmente a la joven, entonces de 26 años, y ésta le había llamado el 5 de agosto para pedirle que fuera a visitarla a su casa, ya que se encontraba muy alterada.

Una vez ahí, afirmó el exguardaespaldas, bebió un champán adulterado con alguna droga, que le nubló la mente y ya no supo de sí: "...me invadió un deseo carnal, brutal y violento que me costaba cada vez más dominar. Fue en ese momento cuando tuve unas ganas locas de poseerla". Y así lo hizo, según documentaron las fotos tomadas por de Lisiecki, que estaba escondido en el techo de la casa (y además, era entonces la pareja de "Fili" Houteman); ambos tuvieron sexo al aire libre y en tantas posiciones, que las revistas que reprodujeron esas imágenes se agotaron, ante el furor del escándalo.

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Salir desnudo a todo color en la prensa internaciona fue el colmo para la rebelde princesa, que humillada, según reportó El País, tuvo que aceptar que su familia tenía razón y escribió a su papá para pedirle que acelerara el divorcio. Por su parte, Ducruet presentó una demanda contra Houteman y el fotógrafo, acusándolos de haberlo drogado y manipulado, para montar un tinglado. Ya era tarde, Estefanía solicitó el divorcio y cuando por fin se dieron las sentencias, reconociendo las autoridades que en efecto Ducruet fue víctima de una trampa, ya no había nada qué hacer.

"No volvió a ocurrir nada entre nosotros"


Un año después de la vergozosa situación, y cuando ya no vivía en Mónaco ni tenía el respaldo económico de los Grimaldi, Ducruet publicó el libro 'Carta a Estefanía' -que fue un morboso best-seller ese verano- en el que pedía perdón y confesaba a la princesa, que había sido la mujer de su vida; y de paso, argumentó:"Perdóname Estefanía, si te hago daño entrando en detalles, pero es como si tuviera la necesidad de limpiarme de algo", hizo una explícita descripción de todo lo que había ocurrido en Ville Franche, donde Houteman lo había engañado, manipulado y prácticamente (según él) lo había violado, ya que él "había perdido toda capacidad de raciocinio".

También en el mismo volumen relató que al volver en sí completamente desnudo, se percató de lo ocurrido, se vistió y manejó de vuelta a Mónaco, a donde llegó en muy mal estado, pero tuvo que aclarar su cabeza para decidir si le contaba a Estefanía o fingía que no había pasado nada. En el libro, asegura que verla jugando con sus hijos lo hizo callar.

Sin embargo, al estallar la bomba y publicarse las fotos por las que Houteman y su novio cobraron una suma cercana a los 200 millones de francos (unos 35 millones de dólares, hoy en día), no hubo nada qué hacer: se vio descubierto y lo describe así: "Te levantaste, me miraste y pude ver que las lágrimas rodaban por tus mejillas. A partir de ese día no volvió a ocurrir nada entre nosotros".

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Probar que había sido engañado o disculparse en público en el libro, no sirvió de nada. Estefanía siguió su vida, con otros amoríos y escándalos -incluyendo el nacimiento de su tercera hija Camille- que tuvo con otro guardaespaldas.

Ducruet se convirtió en asiduo de programas de telebasura para venderle a la prensa rosa de Europa el fracaso de su matrimonio.

Los dos hijos que engendraron han resultado ser mucho más centrados que sus padres. Luis estudió una carrera universitaria y está comprometido para casarse con una joven con la que tiene varios años de relación estable, mientras que Paulina es una fashionista.

Por su parte, la que fuera la princesa dinamita, vive dedicada a sus causas y lejos de los escándalos. Toma su tiempo, pero también los 'royal rebels' terminan por madurar.

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