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Escándalo de Celebridades

Los últimos días de Arabella Árbenz: la modelo que se quitó la vida mientras cenaba con un torero

La borrascosa vida de esta belleza guatemalteca, hija de un presidente, terminó en un suicidio que dejó múltiples interrogantes.
1 Abr 2018 – 8:44 PM EDT

Arabella Irene Árbenz Vilanova, primogénita del coronel Jacobo Árbenz Guzmán y María Cristina Vilanova Castro, nació por cosas del destino en la casa de sus abuelos maternos en San Salvador (El Salvador) el 15 de enero de 1940, aunque ella siempre tuvo la nacionalidad guatemalteca. Rubia y de facciones clásicas y elegantes como las de su madre, era la niña consentida de su padre, quien llegó a ser presidente de Guatemala en 1951.

Arabella creció rodeada de lujos y muy mal acostumbrada a hacer siempre su voluntad. "Era una niña preciosa y caprichosa", recordaría en sus memorias el cronista guatemalteco Jorge Palmieri, uno de los colaboradores más cercanos de su padre, de quien fue secretario de prensa:

"Cierta vez el presidente me pidió que llevara en mi carro a sus tres hijos -Arabella, Jacobo y Leonora- a la casa de su madre, doña Octavia Guzmán. Naturalmente, yo le dije que lo haría con mucho gusto. Pero demoré unos minutos para llegar a mi automóvil que estaba frente a la puerta de Casa Presidencial, donde ya se encontraban Arabella y sus hermanos. Arabella, entonces de catorce años, sonaba con insistencia el claxon de mi automóvil y cuando llegué me dijo: '¿Vas a llevarnos inmediatamente a casa de mi abuela o le pido a mi papá que nos ponga otro chofer?'. Yo me sentí ofendido y le contesté: '¡Al carajo, chiquilla majadera, yo no soy tu chofer!'. Pero de todas maneras los llevé a regañadientes a casa de su abuela. Esa misma tarde me llamó uno de los ayudantes de Árbenz para decirme que quería hablarme, y cuando llegué a su despacho estaba muy serio y me dijo: 'Arabellita se quejó conmigo de que la insultaste esta mañana', a lo que respondí con franqueza: 'La llamé 'chiquilla majadera' porque me trató como si yo fuese un chofer'. Árbenz no sonreía mucho, pero esta vez sonrió al responder: '¡Tienes razón! Arabellita es una chiquilla muy majadera, pero no olvides que es la hija muy querida del presidente de la República y no vuelvas a llamarla así'".

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El drama del exilio

En 1954, Árbenz fue depuesto en un golpe de estado orquestado por la United Fruit Company y la CIA, que primero impuso a Carlos Enrique Díaz de León y posteriormente a una junta millitar. Según relata en el ensayo 'The CIA and Jacobo Arbenz', Roberto García Ferreira, profesor de historia de las Américas de la Universidad de Montevideo, las circunstancias de su exilio fueron bochornosas y tristes: Arabella, sus padres, hermanos y otras 250 personas fueron hacinados por más de un mes en la embajada de México hasta que se les concedió permiso de abandonar Guatemala, y las humillaciones persistieron al punto de que el expresidente Árbenz fue obligado a desnudarse en el aeropuerto para que los oficiales pudieran verificar que no llevaba consigo más que lo puesto.

Después de un exilio inicial en la Ciudad de México, la familia Árbenz recibió la invitación de mudarse a Montevideo (Uruguay) y posteriormente a Rusia. Arabella, que estudiaba interna en un colegio de Toronto, Canadá, se rehusó a ir con sus padres. Era la rebelde de la familia y criticaba a su padre porque él insistía en educar a sus niños en instituciones privadas, mientras que su discurso político era el de un socialista, amén de que le daba horror la noción del socialismo. Sin embargo, por ser menor, no tuvo opción y tuvo que viajar de Canadá a Moscú donde, según se lee en la correspondencia entre Jacobo Árbenz y su madre, Octavia Guzmán, preservada en el archivo histórico de la Biblioteca General de Guatemala, la joven fue muy desgraciada.

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En la Unión Soviética sus profesores se molestaban mucho con ella: se negaba a integrarse como miembro de las organizaciones comunistas de la juventud y no respetaba las reglas estrictas de los internados.

Después de tener numerosos pleitos con sus padres, Arabella se fue primero a Praga y posteriormente a París, donde gracias a su belleza y su talento comenzó a destacar como modelo en las pasarelas de Còurreges, Christian Dior y Paco Rabanne: tenía un aire enigmático que la hacía irresistible par las cámaras, con su abundante cabello rubio y sus facciones que asemejaban a cuadros de Modigliani.

Sin embargo, a pesar del éxito aparente sus recuerdos eran amargos. Rechazaba completamente a su familia, que finalmente se había trasladado a Cuba por invitación de Fidel Castro. No les escribía cartas a sus padres ni les hablaba por teléfono. Su único contacto era con sus hermanos y con su abuela Octavia. El resto era como si estuvieran muertos para ella (dichas cartas están también preservadas en el archivo histórico).

Otra causa de ansiedad para ella era su bisexualidad. En Rusia había comenzado a tener ocasionales relaciones con otras alumnas de su internado, más que nada por ociosidad, como se lo dijo en su momento a su hermana Leonora en secreto, pero si bien disfrutaba con hombres y mujeres, lo cierto era que ella no sabía con qué género se sentía más cómoda; en realidad eso le era indiferente y lo que deseaba desesperadamente era encontrar ternura y cariño para saciar su brutal sensación de abandono.

De acuerdo a comentarios de amigos suyos en la época en que volvió a México, entre ellos el propio Jorge Palmieri, en 1963, su ambivalencia sexual era un instrumento de supervivencia. No importaba si un hombre o una mujer le podían proporcionar las herramientas para poder subsistir en el estilo de vida al que estaba acostumbrada.

En Francia decidió que quería ser actriz y tomó clases de arte dramático. Fue en esta época que se encontró en una fiesta en París con Emilio Azcárraga Milmo, el entonces heredero del imperio de comunicaciones que eventualmente sería Televisa, y fue de su mano que Arabella llegó a México.

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Alcanzar una estrella

En la capital mexicana, Arabella se encontró con una esfera social e intelectual tan o más glamorosa que la que conoció en París. A través de sus nuevas amistades, Arabella fue invitada a una fiesta en la casa de Carlos Fuentes, el célebre escritor y su esposa, la actriz Rita Macedo, lugar donde se daba cita lo más granado de la sociedad intelectual de la época.

Al verla, Fuentes decidió que ella era ideal para actuar en la versión cinematográfica de su relato ' Un alma pura', que sería llevado al cine junto con otro relato suyo titulado ' Las dos Elenas', como parte del primer certamen de cine experimental que se realizaría en México. Una de las reglas del concurso era que al menos uno de los actores protagonistas fuera amateur.

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Fuentes arregló que Juan Ibáñez, el director, conociera a Arabella y le hiciera una prueba de cámara. Como ella solo había hecho un puñado de obras no profesionales en Francia, reunía el requisito principal y su belleza fría y elegante le resultaba idónea para la interpretación del personaje.

Así fue como en el otoño de 1964 comenzaron a rodar en locaciones naturales de Ciudad Universitaria y Coyoacán, en la Ciudad de México y en Manhattan, Nueva York, con un elenco que completaban figuras como la pintora surrealista Leonora Carrington, el escritor José Donoso y otros destacados personajes de la esfera cultural de México y también de EEUU, como William Styron, Norman Mailer y Susan Sontag.

Desnudo integral

Arabella aparece prácticamente en cada uno de los plano-secuencia de la película de mediometraje dirigida por Ibáñez (que años más tarde alcanzaría la celebridad como director de la película ' Los Caifanes', también escrita por Fuentes y considerada una de las cintas clave de la historia cinematográfica de México).

Ella interpreta dos roles: la narradora Claudia, una joven aristocrática que pertenece a una familia conservadora mexicana; y Claire, una joven liberal estadounidense. En la trama, Claudia revive el recuerdo de una relación incestuosa con su hermano Juan Luis ( Enrique Rocha), quien a su vez ha huído de México a Nueva York para trabajar en la ONU, e inicia una relación intensa con Claire. Este triángulo amoroso no tendrá buen final.

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Un detalle intenso e interesante de la cinta es que se trata de la primera película latinoamericana con un desnudo integral: Arabella es mostrada de espaldas sin ropa, mientras que sale de la cama y entra a un baño. Fueron solo unos segundos, pero hicieron escandalosa historia en el cine hispanoparlante. Lograron evadir la censura tan arraigada de la época precisamente por tratarse de un filme de corte 'experimental' o de 'arte y ensayo'. Tan controversial resultaba su debut cinematográfico que la revista Life en español le dedicó a Arabella la portada y un amplio reportaje en su edición del 16 de agosto de 1965.

Durante el rodaje en Manhattan, Arabella tuvo una relación fugaz con Rocha, pero esto bastó para que él rompiera su noviazgo con Julissa, la hijastra de Carlos Fuentes, quien llegó de visita al set para encontrar que su novio estaba obsesionado con su coestrella; pero no fue el único: la cantante costarricense Chavela Vargas - que revivió su celebridad en los años 90, gracias a Pedro Almodóvar- la cortejaba incansablemente,y es precisamente este el punto en el que se bifurcan muchas versiones de la trama de esta historia.

De acuerdo con algunas leyendas urbanas recogidas en las memorias de Palmieri, Chavela Vargas se salió con la suya y logró tener una aventura en el hotel María Isabel de Paseo de la Reforma con Arabella, qien se encontraba con ella ahí en secreto.

Arabella terminó por salir de forma precipitada de México, al parecer por comportarse de forma inadecuada con un sobrino de Azcárraga que era menor de edad, lo que truncó su carrera en el país azteca hasta finales de la década de 1980.

Caída en repentina desgracia, Arabella se rehusó a ir a Cuba a encontrarse con sus padres y entonces recurrió a un amante con el que había tenido relaciones sin compromiso desde su llegada a México, el matador de toros Jaime Bravo Arciga, quien alto, guapo y carismático, hacía sus rondas por las plazas de toros por todo el mundo hispanohablante. Arabella había sido invitada en más de una ocasión para que fuera a sus giras y, esta vez, cuando ella le contó que tenía que salir de México el día siguiente, él le propuso que le acompañara en una gira taurina por América del Sur, comenzando por Bogotá. Arabella dijo que sí porque no sabía qué iba a ser de su vida al tener que salir de México. Fueron las circunstancias, y no un noviazgo con el matador, lo que hicieron que aceptara esa invitación.

Sin saberlo, la joven había sellado su cita con el destino.

Sangre y arena

Arabella estaba en los tendidos de sombra plaza de toros La Santamaría en Bogotá (Colombia) el domingo 3 de octubre de 1965, acompañada del séquito de amigos locales de Jaime Bravo y siendo el centro de atención porque la presentó como su esposa, aunque esto claramente era una broma, ya que el matador había sido casado dos veces - con las estadounidenses Ann Robinson y Juliet Foster, de quien estaba justo en pleno proceso de divorcio-. Los fotógrafos locales la captaron al momento en que Jaime fue revolcado por un toro y se puso en pie solo para ser corneado, aunque no de gravedad. De cualquier forma, la experiencia fue traumática para la chica: las cámaras capturaron el rostro de Arabella en el punto culminante de la angustia y la desesperación.

Al terminar la corrida, mientras estaba en la enfermería, Arabella le reclamó a Jaime que dejara los ruedos, algo tan inútil, diría en una entrevista años después el torero, como pedirle al sol que dejara de salir por las mañanas. Ella se lo volvió a pedir, se lo suplicó, le rogó de rodillas ante la camilla, según las descripciones de aquel momento. Jaime, altanero, esquivó los pedidos como hacía con los toros. Algo había encontrado Arabella en su torero que enloqueció ante la posibilidad de perderlo. Terminaron por sedarla para llevarla al hotel Continental, donde se hospedaban.

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Poco se sabe de lo que ocurrió en las 24 horas siguientes a la cornada. Arabella se recogió en su habitación y no quiso hablar con nadie. Jaime fue dado de alta a la mañana siguiente, y volvió al hotel, pero tampoco pudo verla. Se sabe que ella le pidió con insistencia que dejara los toros y que él se negó. Quedaron para cenar en el restaurante del hotel la noche del 5 de octubre, a las 8. La joven accedió a la cita y el torero no volvió a saber de ella en todo el día.

Alrededor de las 11 de la mañana del 5 de octubre, Arabella fue vista haciendo una cita en el salón de belleza anexo al hotel para que le lavaran y peinaran el cabello a las 6 de la tarde. Después salió sola hacia el centro histórico de Bogotá.

A las 2 de la tarde, Arabella volvió al hotel. Subió por el ascensor a su habitación y ahí estuvo hasta la hora de su cita con la peinadora. De acuerdo con el testimonio de una recamarera, pidió una botella de agua mineral e hizo uso de la tina de baño. Puntual a su hora entró al salón de belleza, le lavaron y secaron el cabello y le pusieron algunos postizos a juego con su tono para dar volumen a su peinado. La actriz dijo que se maquillaría ella misma y salió a las 7 de la noche del salón para volver a su habitación. Se presume que la fatal determinación ya la había tomado.

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A las 8 de la noche del martes 5 de octubre de 1965, Arabella Irene Árbenz Vilanova, de 25 años de edad, 1.65 metros de estatura y 53 kilos de peso apareció en la entrada del restaurante del hotel. Vestía un elegante traje de dos piezas en color champagne diseño de Balenciaga, con guantes negros y zapatos de tacón mediano en el mismo color. Adornaban sus orejas sendos aretes de perlas y al cuello llevaba tres hilos de las mismas piedras: este era un collar que le había sido obsequiado por su padre con motivo de su cumpleaños 18. Olía al perfume Detchema, de Revillon, su fragancia favorita (una botella casi nueva fue encontrada por la recamarera en la habitación) y su maquillaje era discreto: solo una capa de polvo, labial en tono rosa brillante, una línea a lo Cleopatra en el borde del párpado, para resaltar sus ojos miel y cubriendo sus pálidas pestañas.

Jaime Bravo había pedido una mesa justo al centro del restaurante con la clara intención de impedir que Arabella le fuera a hacer una escena. A esa hora, el lugar estaba atestado de los más selecto y llamativo de la alta burgesía bogotana.

En sus manos, Arabella llevaba un bolso de noche, tipo clutch. Lo colocó en su regazo al tomar asiento frente a Jaime. Tuvieron una breve discusión (de la que varios medios colombianos, entre ellos El Espectador, han recreado y narrado diversas versiones, más de 50 años después). Con las miradas volviéndose a ellos, la iluminación de los candelabros, Arabella abrió su bolso, sacó de él un revólver calibre .22 con mango de madreperla y se dio un tiro en el paladar. Su hermoso traje, como el mantel fino y el rostro de Jaime Bravo, quedaron salpicados de la sangre que manaba abundante, llevándose su vida.

Pavana para una infanta difunta

Jorge Palmieri fue la primera persona a la que Jaime Bravo llamó en seguida desde Bogotá, así lo describe en sus memorias: "Fue él quien me pidió que viera lo que se podía hacer para arreglar dónde enterrarla porque él tenía que continuar su gira, y no podía hacerse cargo... Inmediatamente llamé por teléfono al secretario de Gobernación de México para informarle de la tragedia y pedirle que me autorizara a llevar el cadáver de Arabella a México a pesar de que había sido expulsada. También hablé con el actor y dirigente sindical Rodolfo Landa, secretario general de la ANDA (Asociación Nacional de Actores), para pedirle que permitiera enterrarla en el Panteón de la ANDA con base en que había trabajado en una película. Gobernación autorizó que el expresidente Árbenz, su esposa María Cristina y sus hijos Leonora y Jacobo pudiesen entrar a México, procedentes de Cuba, para estar presentes en el entierro. Y afortunadamente todo nos fue concedido sin ningún problema. Gracias a lo cual el coronel Árbenz y familia pudieron llegar a México para estar en el funeral".

Destrozado por la muerte de su hija favorita, Jacobo Árbenz no volvió a levantar cabeza. Él y María Cristina se separaron discretamente, y mientras ella permanecía en Costa Rica con sus hijos, él se mudó a México. El 27 de enero de 1971, Árbenz murió dándose un baño en su apartamento en la colonia Anzures, a la edad de 57 años, en soledad y en circunstancias inciertas.

Jaime Bravo Arciga, poco antes de llegar a cumplir los 40 años de edad, en el otoño de 1970, se mató en un trágico accidente en una carretera del estado de Zacatecas, a unos 600 kilómetros de la capital. Irónicamente, la fecha de su muerte fue unas semanas después del quinto aniversario de la muerte de Arabella. En 2004, Leonora, la hermana menor de Arabella, nacida en 1943, también se quitó la vida mediante una sobredosis de pastillas. Había sido internada varias veces en un sanatorio mental con crisis emocionales en San José, Costa Rica, donde vivía con su madre, María Cristina Vilanova, quien falleció en 2009 a los 94 años de edad.

En mayo de 2011 el Gobierno de Guatemala firmó un acuerdo con la familia sobreviviente de los esposos Árbenz Vilanova para restaurar su legado y públicamente pidió disculpas por el papel del gobierno en los sucesos de 1954, además, se incluyó un acuerdo económico a la familia. La disculpa formal se realizó en el Palacio Nacional por el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, el 20 de octubre de 2011 a Jacobo Árbenz Vilanova, el hijo superviviente.

El Estado guatemalteco reconoció su responsabilidad internacional " por no cumplir con su obligación de garantizar, respetar y proteger los derechos humanos de las víctimas a un juicio justo, a la propiedad, derecho a igual protección ante la ley, y a la protección judicial, protegidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y que se violaron en contra del expresidente Juan Jacobo Árbenz Guzmán, su esposa y exprimera dama, María Cristina Vilanova, y sus hijos, Juan Jacobo, María Leonora Octavia y Arabella Irene, todos de apellido Árbenz Vilanova".

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