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Las últimas horas de Rita Macedo: la diva triste del cine mexicano

Fue considerada la mejor actriz de su generación, pero la depresión paralizante que la persiguió toda su vida la llevó a suicidarse unos días antes de Navidad.
9 Dic 2017 – 10:39 PM EST

El frío y seco sonido de un tiro hizo eco en el patio de la residencia en el número 19 de la segunda cerrada de Galeana, en el exclusivo barrio histórico de San Ángel, al sur de la Ciudad de México. Rápido sigue otra detonación y luego el silencio que anuncia cómo se apaga una estrella.

La última visita

Lunes, 6 de diciembre de 1993. La proximidad de las fiestas se advierte en las decoraciones navideñas por los pasillos de Televisa San Ángel. La elegante dama vestida de pantalones negros, con un mechón plateado en su melena oscura, se abre camino entre los técnicos y los actores que van y vienen. Algunos la reconocen, le dejan el paso.

La mujer conoce estos foros como la palma de su mano; fue aquí donde hace treinta y cinco años filmó 'La estrella vacía', al lado de María Félix e Ignacio López Tarso. Fue aquí donde hace no mucho, encarnó los mismo a una de las villanas más consumadas o a una madre abnegada frente a las cámaras. Tantas máscaras usadas en otros proyectos, aunque ninguna tan lograda como la que luce ahora, mientas va, con la cabeza erguida, hacia el edificio de productores. No la esperan, pero puede entrar y salir a su antojo; esta es, después de todo, su casa.

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"Buenos días," murmuran algunos técnicos de la vieja guardia, o maquillistas que la conocen de tantos años "Señora, cómo está". Los actores más jóvenes quizá no la ubiquen, no le tienen ese respeto y deferencia. A Rita Macedo esto ya ni le asombra ni la ofende. Está más allá de eso. Vino con un único propósito, esta mañana de invierno. Son casi las doce y media. Cuando salga de aquí, tiene una cita que ha decidido no postergar más.

Sube por la escalera eléctrica a la oficina que conoce bien. En este momento, es una de las mejores oficinas del consorcio: amplia, decorada con gusto. Su hijo Luis siempre dio visos de grandeza, pero ahora lo ve plenamente consolidado. Su favorito ya no la necesita. Esta es otra señal, piensa mientras se despoja de los lentes oscuros que la han protegido del hiriente sol de invierno y las miradas curiosas. La secretaria sabe que no necesita ni anunciarla; simplemente se levanta y le abre la puerta del despacho.

Luis está en una llamada. Siempre está en una llamada, pero se apresura para saludarla, decirle "Hola, mamá."
Rita lo mira con ojos entornados. Aún recuerda cuando era tan pequeño en sus brazos. Se sienta frente a él, inclina la cabeza hacia un lado, lo observa, como si quisiera grabárselo en la memoria: cada rasgo, cada gesto. De los tres hijos que tiene, Luis es el que, curiosamente, se parece más a ella. "¿Qué te trae por aquí?"

De niña tímida a dama solitaria

Rita nace bajo el nombre de María Concepción Macedo Guzmán en Ciudad de México, el 21 de abril de 1925. Los mismos pasos que dará 68 años después hacia su destino, aprende a darlos en los internados a los que su madre, la destacada escritora Julia Guzmán, la envió durante su infancia vivida prácticamente, sin amor. Conchita le heredaría a Rita un miedo terrible a la oscuridad y a la penumbra de los dormitorios escolares. Esta forma de vida sin el cariño, los consejos y los afectos de su progenitora, la hicieron una mujer a la que le costaba mucho abrirse con los demás, aunque aprendió a disimularlo bajo un barniz cosmopolita de gracia y conversación.

Como una presencia ominosa en su vida, aún si no estaba siempre ahí, Julia: novelista, guionista, dramaturga, escritora de radio; una mujer formidable, independiente, adelantada a su tiempo. Miguel Macedo, su marido, al resultarle un estorbo, fue despachado velozmente al aplicarle el divorcio y Conchita, antes de ser Rita, solo lo trató en una ocasión, ya como interna, para nunca más saber de él. Julia solo veía a su hija ocasionalmente y siempre era para darle un comentario crítico, un beso frío y un gesto distante.

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Conchita, antes de ser Rita, es introducida a los 15 años a la vida artística por el director de cine Mauricio de la Serna, a quien conoció fortuitamente, mientras acompañaba a una amiga al teatro. "Señorita, tiene usted un rostro extraordinario. ¿Le gustaría ser actriz?". Aunque la sola idea de hacerlo le producía pánico, su madre la animó y la impulsó, más como una orden que como una sugerencia. Durante el rodaje de la película ' Las cinco noches de Adán', hizo su debut al lado de Mapy Cortés y Domingo Soler. A esta seguiría ' El ángel negro' con Isabela Corona y Emilio Tuero. Conchita observa cómo la enormísima Corona controla la escena, cómo literalmente devora a los compañeros de actuación y cómo emerge cada vez más fuerte y segura. Es esta actriz quien la inspira a abrazar el teatro y el arte dramático, quien por fin la ayuda a liberarse un poco del yugo de hierro forrado de seda que era Julia Guzmán y también la responsable de que, en una visita a la XEW, Conchita, que aún no ha comenzado a usar el nombre artístico de Rita, conozca a Luis de Llano Palmer, nueve años mayor que ella, y su primer marido, cuando tiene solo 17 años de edad.

El matrimonio es sorpresivo para ambos; Luis era un hombre de casi treinta años, convencido de la soltería, muy apegado a sus padres, el general republicano español exiliado Francisco Llano de la Encomienda e Isabel Palmer. Conchita es casi una niña, de ojos grandes y tez bronceada, de larga melena negra y manos delicadas, que lo único que desea es encontrar una familia. Abruptamente tomada, la decisión de casarse los lleva a convertirse en padres cuando aún no estaban listos: así nacen Julia Isabel (más conocida como ' Julissa', en 1944) y Luis (1945). Antes de terminar 1947, el matrimonio está disuelto. Julia Isabel queda al cuidado de sus abuelos paternos y Luis al cuidado de su madre, quien sin percatarse, replica en ellos las mismas actitudes de su madre; es especialmente lejana con su primogénita, mientras que vuelca toda su ternura en su hijo varón, aunque también él pasa a ocupar un segundo lugar ante la carrera que retoma con ahínco. Es así que Julio Bracho la convierte en Rita Macedo al llevarla como protagonista en ' Rosenda', su obra maestra estrenada en 1948. Rita es por fin una estrella de cine, sin madre ni marido que la controlen. Dueña de su propio destino, con una pose firme y soberbia, aunque en el fondo, el terror que siente ante lo desconocido la lleva a no poder dormir por las noches.


Los bellos hastaprontos

"¿Vienes a despedirte de mí?"

Rita asiente. "Ya hablé con tus hermanas. Solo quería verte."
Luis mira a su madre, que sigue observándolo al otro lado del escritorio, con aire enigmático. "¿Te vas de viaje?"
"No. Solo ya no puedo."

Es lo mismo que le dijo temprano esa mañana a su hija menor, Cecilia, el único fruto de su amor desgraciado y pasional con Carlos Fuentes. "Déjame ir, hija." Cecilia recordaría el momento en una estremecedora carta abierta publicada en el suplemento Dominical del diario Milenio, más de veinte años después. "Entraste a mi cuarto ya tarde, me abrazaste por detrás y me lo volviste a pedir. Esa vez, sintiendo tu angustia y viendo el mal estado físico en que te encontrabas, simplemente contesté 'Harás lo que tengas que hacer, aunque me encierre en ésta casa no puedo vigilarte constantemente y, en cuanto me voltee, harás lo que quieras'." Con su hija mayor, Julissa, había tenido una tersa conversación telefónica la noche anterior.

"Mi mamá ya llevaba mucho tiempo queriendo irse," recordaría la protagonista de 'Los Caifanes' en una entrevista para TV: "Para ella cada día era muy difícil. La última vez que hablamos me dijo, 'Lo voy a hacer' y yo pensé, bueno, siempre dice lo mismo. Tal vez si le hubiera creído, hubiera tratado de intervenir. Pero eran tantas veces de anunciarlo y no hacerlo, que no creí que se atrevería. Aunque por otra parte, ¿cómo podía seguir adelante si hacía muchos, muchos años, que había perdido las ganas de vivir?"

Rita se despide de su hijo y sale de la Vicepresidencia de Programación Musical de Televisa. Camina ante las miradas de todos los retratos que cuelgan en las paredes del corredor. Uno es el de ella misma, aunque no se detiene a mirarse, como en alguna otra ocasión. No tiene tiempo. Ya casi no tiene tiempo.

La estrella vacía

Los años 50 fueron una vorágine para Rita. De repente se encontró convertida en una consumada actriz, en palabras de muchos críticos, la mejor y más atrevida de su generación. Donde Dolores del Río y María Félix solo eran capaces de hacer variaciones de sí mismas, y Silvia Pinal aún no se atrevía a dar el salto que la haría trascender , Rita era intrépida: su paralizante timidez por fin neutralizada por este oficio que había ido perfeccionando. Es así que Luis Buñuel la lleva dos veces (casi tres): la primera como la aristocrática y frívola 'Patricia Terrazas' en su célebre filme ' Ensayo de un crimen' en el que es una de las víctimas imaginarias de Ernesto Alonso; posteriormente fue una de las prostitutas rurales que contribuyen a la ruina del cura 'Nazarín' y más tarde solo aparece en una escena (la final, que fue la primera en rodarse) de 'El ángel exterminador', misma que tuvo que abandonar porque su tercer embarazo ya estaba muy avanzado.

Las bellezas con finales más trágicos

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Es en 1957 que Rita conoce a Carlos Fuentes, incipiente escritor en esa época: joven de buena cuna, aspirante a diplomático, que con su fino bigote y ojos chispeantes llama la atención de la diva, quien desde su divorcio ya había tenido romances de todo tipo con hombres de varias esferas - la empresarial, la política-. A la Rita de aquellos años el novelista la describe como una belleza de perfil mestizo, morena, de grandes ojos rasgados y pómulos altos. El flechazo fue instantáneo y donde el matrimonio con Luis De Llano había sido intempestivo y fallido, el que tiene con Fuentes, igual de inesperado, es un fulgurante éxito. Ambos brillan con un insólito esplendor y son soberanos desde su residencia en la segunda privada de Galeana.

Las fiestas que ofrecen son legendarias: Invitan a toda la gente famosa de los años 50 y 60: desde Salvador Novo y Elenita Poniatowska a Leonora Carrington y José Luis Cuevas. Estrellas de cine internacionales como Jeanne Moreau o John Huston. Es en una de estas fiestas, que anuncia que su propia hija, que había estado estudiando en Canadá, sería actriz. " Mi carrera mi madre la eligió para mí, no me consultó. No me arrepiento, he sido muy feliz y tuve grandes satisfacciones en mi carrera, pero si soy actriz y productora, fue porque mi mamá lo decidió por mí." Sobre la relación con Fuentes, acota: "Él y mi mamá se amaban mucho. Yo no veía a Carlos como mi padrastro sino como un hermano mayor. Él me apoyó en mi debut como actriz, cuando yo no tenía mucha fe en mí misma. Él escribió el personaje de 'Paloma' en 'Los Caifanes', para mí".

Rita Macedo logró ser una de las actrices más queridas del medio artístico mexicano. Fue íntima de legendarias figuras como María Félix, Marga López, Libertad Lamarque, Enrique Rambal, Ignacio López Tarso, Julio Alemán, Sara Montiel, Silvia Pinal, Luis Buñuel (fue ella quien presentó a Fuentes, entonces su novio, con el cineasta), Amparo Rivelles, entre otros, quienes visitaban constantemente su casa y con quien trabajó en muchos filmes. Era famosa por dar las fiestas más comentadas en México. Sin embargo, no todo era color de rosa en su vida conyugal.

Grandes estrellas que acabaron con su vida

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Fuentes era infiel con diversas mujeres famosas y Rita se enteraba. Aunque buscaron mantener una buena relación, con residencias en Barcelona, París o Londres, poco a poco el foco de la vida de Rita se iba deshaciendo. Mientras más infeliz se sentía, más infiel le era él, lo que resultaba en humilaciones en su círculo social, que eventualmente fue orbitando más hacia Fuentes que hacia ella. Hubo separaciones y reconciliaciones de modo consuetudinario, hasta que en 1972 sobrevino la ruptura final, cuando él se fue con Silvia Lemus, madre de sus dos hijos menores, Carlos y Natasha, que murieron muy jóvenes.

Durante los últimos 20 años de su vida, Rita sufrió de insomnio que no la dejaba descansar. Siguió una serie de tratamientos pero nunca pudo recuperarse. En todas las entrevistas que daba siempre decía que su máximo sueño era conciliar el sueño y dormir plácidamente. Además, sufría de constantes depresiones que la postraban, apartándola de los intereses que la mantenían activa, más allá del teatro: la lectura, la costura - era muy talentosa para copiar diseños de Balenciaga, Dior o Chanel, con solo verlos en una fotografía - el viajar.

Aunque había disfrutado de la adolescencia de su hija menor, Rita cada vez se sentía más deprimida. Ni siquiera haber ganado un premio Ariel por 'Tú, yo, nosotros', un filme de 1972, que vino a reivindicarla como una gran actriz. Simplemente le costaba cada vez más el poder fingir que tenía interés en seguir con vida. Era una estrella, pero se sentía terriblemente vacía.

Por su propia mano

La mujer elegante cruza el estacionamiento de Televisa y aborda el Grand Marquis que ella misma conduce. Sale por la avenida Toluca, sigue por la lateral de Periférico, para llegar a la calle de Galeana. En la primera manzana da la vuelta en la segunda cerrada del mismo nombre. Se estaciona frente a su casa, la misma que fuera escenario de todas las fiestas de ayer. El espectro de Carlos, de todos los que están lejos. Los que se fueron, los que ya no contestan el teléfono.

Rita toca dos veces el claxon; la fiel Catita, que lleva más de treinta años con ella, abre las puertas de par en par. Será Catita quien llame por teléfono a Julissa, que vive a unas cuadras, para notificarle de que algo terrible ha ocurrido. Poco a poco, Rita mete el coche al patio y apaga el motor.

Actores con vidas tan dramáticas como en las telenovelas

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El reloj del tablero marcaba las 13:40. Se quedó en el auto. No tenía ganas de bajarse. ¿Para qué? ¿Con qué objeto? Nadie la estaría esperando y ya se había despedido de sus hijos. Se recargó sobre el volante apoyó la frente. En seguida, diría Catita después, abrió la guantera y sacó una pistola calibre 22 que sabría Dios cuánto tiempo llevaba escondida ahí "¡Señora!', le grité" dirá la humilde mujer que hizo de servirle a la estrella, su vida "'¡Señora qué hace!'" Rita se miró en el espejo retrovisor. Se metió la pistola en la boca y se disparó dos veces. El primer proyectil la hizo sangrar pero estuvo consciente, así que en medio de un dolor inimaginable, se disparó una segunda vez en el paladar y al cerrar los ojos, todo fue ser una con el cosmos, por su propia mano.

Nunca, en cincuenta años de carrera, Rita había dado un escándalo. Ni siquiera cuando Fuentes la había abandonado. Su suicidio fue la única vez que su nombre fue de boca en boca, aún si un intento de desviar la atención y atribuir su muerte a un repentino infarto se hizo sin mucho éxito. Julissa, Luis y Cecilia vieron que se la cremase de inmediato, sin exequias (algo que la propia Rita había pedido por escrito) y sus cenizas tuvieron un destino curioso, como diría la propia Cecilia Fuentes: " Luis puso tus cenizas en una urna re fea y te encerró en una capilla junto con tu odiada madre. Yo me dije: "No va a estar contenta ahí". Así que, al poco tiempo con la ayuda de dos buenos amigos, visitamos la cripta y abrimos la cajita. Con una cucharita de café (pero eso sí, con mucho amor) vaciamos en un calcetín lo que cupo de ti, sellamos con kola loka la urna y salimos pitando. Solo Luis sabe a dónde fue a parar la urna con la mayoría de ti, pero del bonchecito que se vino conmigo, gran parte vive aquí".

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