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Regional Mexicano

Juan Gabriel, en la vida y en la muerte, le abrió las puertas de Bellas Artes a su gente

Los minutos han pasado lento. Muchas de esas personas formadas llevan aquí desde la noche del domingo, pero ellas siguen firmes, dispuestas a todo con tal de darle el último adiós a su 'Juanga', porque lo han hecho tan suyo como suyas son sus canciones, que no dejan de entonar.
6 Sep 2016 – 1:02 AM EDT

Han pasado cuarenta minutos y la urna que contiene los restos de Juan Gabriel aún no ha llegado al palacio de Bellas Artes. Casi una hora y la gente que ya está formada para entrar a esta casa de 'refinada' cultura comienza a chiflar, a pedir que ya por favor la dejen pasar.

Los reclamos y las porras retumban en las esquinas y las paredes de mármol del palacio, las cuales están tapizadas con los óleos de los pintores Rufino Tamayo y David Alfaro Siqueiros, quienes son referente de la evolución de México y la lucha por la libertad de su gente.

Los minutos han pasado lento. Muchas de esas personas formadas llevan aquí desde la noche del domingo, pero ellas siguen firmes, dispuestas a todo con tal de darle el último adiós a su 'Juanga', porque lo han hecho tan suyo como suyas son sus canciones, que no dejan de entonar.

En esa hilera de gente que no se alcanza a ver su final, y que se mueve como una serpiente que en lugar de escamas tiene flores, carteles, globos, banderas de la comunidad gay y hasta lentejuelas, hay muchas personas que por primera vez conocerán las entrañas del palacio de Bellas Artes, el cual fue inaugurado el 29 de septiembre de 1934.


Es el caso de la familia Carte Nieto, conformada por la madre, Susana, y tres de sus hijas. "No, nunca habíamos venido a Bellas Artes, cobran bien caro. Pero hoy es lo máximo, que este recinto se le abra a un artista de esta talla, nadie como Juan Gabriel", dice la señora, quien está envuelta con una capa de plástico azul cielo con la cual se protege de la lluvia.

Luis Ángel y Wilbert, cuya edad no rebasa los veinte años, también están formados. Para el segundo, que es el más joven, será la primera ocasión que podrá ver aquellos murales de Siqueiros y Tamayo desde el vestíbulo de Bellas Artes.

"Juan Gabriel le canta a la vida, es lo que me gusta de él. Nunca pude ir a uno de sus conciertos, me hubiera gustado poder escucharlo en vivo. Me gusta que hayan abierto Bellas Artes, eso te da una idea de lo grande que era", asegura Wilbert, en entrevista con Univision Noticias.

Fans honran a Juan Gabriel fuera de Bellas Artes

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La promesa era que las cenizas del 'Divo de Juárez', quien falleció el pasado 28 de agosto, arribarían a las tres de la tarde, pero son ya las cuatro y, al centro del vestíbulo, el púlpito sigue vacío. Solamente están los familiares del cantante, empresarios mexicanos, funcionarios públicos dedicados a la cultura, gobernadores y guardias presidenciales custodiando el evento solemne.

El cortejo fúnebre por fin se abre paso por el Eje Central Lázaro Cárdenas, ya muy cerca, y justo cuando llega la noticia al máximo recinto del arte, a uno de los elementos del Mariachi de Mi Tierra se le cae un micrófono. Nuevamente se escucha la turba chiflar y a pedir que la dejen entrar.

En 1990 Juan Gabriel presentó un concierto en el palacio de Bellas Artes y fue criticado. El argumento de muchos en aquella época fue que ese espacio solo era para las bellas artes, y 'Juanga' pertenecía al arte popular.

Sin embargo lo hizo. El 'Divo de Juárez' volvió varias ocasiones más. Y ahora, la máxima casa de las bellas artes -de México y América Latina- lo abraza para su despedida, y no solo a 'Juanga', también a su gente.

Juan Gabriel, en la vida y en la muerte, abrió las puertas de Bellas Artes para todos: para aquellos que chiflan, a quienes lo criticaron, a los funcionarios públicos, a los ricos y a los pobres y hasta para los extranjeros.


Homenaje a Juan Gabriel

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La urna donde están los restos de 'Juanga' es colocada al centro del vestíbulo. El mariachi arranca. El tenor Fernando de la Mora comienza a cantar 'Amor eterno'.

Las personas que chiflaban y gritaban por fin entran pero en silencio, la mayoría de esos hombres, mujeres y niños caminan lento escurridos en lágrimas. Bellas Artes da un abrazo al público con el eco de las guitarras, las trompetas y los violines.

El pueblo que se despide de Juan Gabriel, su 'Juanga', le deja una rosa o una carta en el piso, y también se persigna cuando ve la urna de sus cenizas.

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