Miles de expertos en salud mental están de acuerdo con Woodward y con el autor de la columna de opinión de 'The New York Times': Trump es peligroso

Una psiquiatra de Yale afirma que las revelaciones sobre el comportamiento del presidente en un nuevo libro y en una columna anónima publicada por el diario neoyorquino, apoyan una alarma que ya ha sonado ella y otros colegas suyos sobre la inestabilidad del presidente.
15 Sep 2018 – 12:51 PM EDT

El nuevo libro de Bob Woodward, 'Miedo' ( Fear, en inglés), describe una "crisis nerviosa de la presidencia de Trump".

A principios de este año, ‘Fuego y Furia’ ( Fire and Fury, en inglés) de Michael Wolff ofreció una retrato similar. Ahora, una columna de opinión en The New York Times, escrita por un "alto funcionario anónimo de la Casa Blanca” describe cuán profundos son los problemas en esta administración y el esfuerzo que se ha requerido para proteger a la nación.

Nada de esto es una sorpresa para aquellos de nosotros que, hace 18 meses, redactamos nuestro propio libro de servicio público, El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente’. Mi enfoque como editora del libro fue el peligro que representa Trump, ya que mi área de experiencia es la prevención de violencia. Al abordar la violencia como un problema de salud pública, he consultado con gobiernos y organizaciones internacionales, además de participar por 20 años en la evaluación individual y el tratamiento de delincuentes violentos.

El libro surgió de una conferencia de ética que presenté en la Universidad de Yale, donde enseño. En esa reunión, mis colegas psiquiatras y yo discutimos cómo balancear dos deberes esenciales de nuestra profesión. Primero, el deber de hablar responsablemente sobre los funcionarios públicos, especialmente como se describe en "la regla Goldwater", que requiere que nos abstengamos de diagnosticar sin un examen personal y sin autorización.

En segundo lugar, es nuestra responsabilidad proteger la salud y seguridad pública, o nuestro "deber de advertir" en casos de peligro, que generalmente va por encima de las otras reglas. Nuestra conclusión fue, sin lugar a dudas, que nuestra responsabilidad con la sociedad y su seguridad, tal como se describe en nuestras normas éticas , anula cualquier etiqueta que se le deba a una figura pública.

Esa decisión condujo a la colección de ensayos en el libro, que incluye algunos de los pensadores más prominentes de esta profesión, como Robert J. Lifton, Judith Herman, Philip Zimbardo y dos docenas más de autores. Esa decisión fue controversial entre algunos en nuestro campo.


Ya sabemos mucho sobre el estado mental de Trump en base a la voluminosa información que nos ha proporcionado a través de sus tuits y sus respuestas a situaciones reales en tiempo real. Ahora, los informes creíbles de esta semana respaldan las inquietudes que articulamos en el libro, más allá de cualquier duda.

Estos informes también son consistentes con los recuentos que recibí personalmente de dos miembros del personal de la Casa Blanca. Ellos me llamaron en octubre de 2017 porque el presidente se comportaba de una manera que los "asustaba" y creían que se estaba "desbaratando". Llamaban por el libro que edité.

Una vez que confirmé que no percibían la situación como un peligro inminente, los remití a la sala de emergencias para no estar sujeta a las reglas de confidencialidad que se aplicarían si me comprometiera con ellos como médico de consulta. Eso habría comprometido mi papel de educar al público.

La psicología detrás del caos

El autor (o autora) de la columna del Times deja claro que el conflicto en la Casa Blanca no se trata de la ideología de Trump.

El problema, como el autor lo ve, es la falta de "principios discernibles que guíen cómo toma decisiones ... su impulsividad [que] resulta en decisiones hechas a medias, mal informadas y en ocasiones imprudentes que luego tiene que retractar, y que literalmente no se pueda saber si podría cambiar de opinión de un minuto al otro".

Estos son obviamente síntomas psicológicos que reflejan la compulsión emocional, la impulsividad, la falta de concentración, el narcisismo y la imprudencia. Son idénticos a los que Woodward describe en numerosos ejemplos, donde escribe que se enfrentaron contra los "mecanismos sutiles usados por aquellos en el círculo íntimo más estrecho de Trump para tratar de controlar sus impulsos y prevenir desastres".

También son consistentes con el curso que preveíamos al principio de la presidencia de Trump, que nos preocupaba lo suficiente como para describirlo en nuestro libro. Intentamos advertir que su condición era peor de lo que parecía, empeoraría con el tiempo y eventualmente se volvería incontenible.

Lo que observamos fueron signos de inestabilidad mental, signos que eventualmente se manifestarían no solo en la Casa Blanca, como indican estos relatos , sino en situaciones a nivel nacional y en la esfera geopolítica .

Existe una fuerte conexión entre el peligro inmediato - la probabilidad de generar una guerra o lanzar armas nucleares - y el peligro social extendido -políticas que fuerzan a separar a los niños de sus familias o la reestructuración de las relaciones globales de una manera que desestabilizaría el mundo.

De mal en peor

Mi preocupación actual es que ya estamos presenciando un nuevo colapso en cadena del estado mental del presidente, especialmente a medida que aumenta la frecuencia de sus mentiras y se intensifica el fervor de sus campañas políticas .

Me preocupa que sus conflictos mentales puedan hacer que tome medidas impredecibles y potencialmente extremas y peligrosas para distraer de sus problemas legales.

Los profesionales de la salud mental tienen procedimientos estándar para evaluar el peligro que representa un paciente. Más que una entrevista personal, el potencial de violencia se evalúa mejor a través de la historia pasada y una lista de verificación estructurada de las características de una persona.

Estas características incluyen una historia de crueldad hacia los animales u otras personas, tomar riesgos, tener un comportamiento que sugiere una pérdida de control o impulsividad, personalidad narcisista e inestabilidad mental actual. También son motivo de preocupación el incumplimiento o falta de voluntad para someterse a pruebas o tratamiento, acceso a armas, relaciones deficientes con otras personas significativas o cónyuge, verse a sí mismo como víctima, falta de compasión o empatía y falta de preocupación por las consecuencias de actos que causen daños a otros.

El libro de Woodward y la columna de opinión del Times confirman muchas de estas características. El resto ha sido evidente en el comportamiento de Trump fuera de la Casa Blanca y antes de su mandato.

Que el presidente cumpla no solo con algunos sino con todos estos criterios debería ser motivo de alarma.

Otras formas en que un presidente puede ser peligroso son a través de síntomas o fallas cognitivas, ya que funciones como el razonamiento, la memoria, la atención, el lenguaje y el aprendizaje son fundamentales para los deberes de un presidente. También allí ha mostrado signos de decadencia .

Además, cuando alguien muestra una propensión a la violencia a gran escala, como el abogar por la violencia contra manifestantes o las familias inmigrantes, o llamar "gente muy buena" a los perpetradores de violencia como los supremacistas blancos, o mostrarse vulnerable a la manipulación por parte de potencias extranjeras hostiles, entonces las cosas pueden promover una cultura de violencia mucho más extensa.

El presidente ya ha mostrado cómo, en momentos de estrés, su comportamiento irracional sufre una escalada alarmante.. Otros han observado que es "inestable", "está perdiendo su camino" y que "se está deshaciendo" . Es muy probable que pronto vuelva a entrar en ese estado.

Los actos violentos no son eventos al azar. Son el producto final de un largo proceso que sigue patrones reconocibles. Como expertos en salud mental, hacemos predicciones en términos de niveles de probabilidad inaceptables, no sobre la base de lo que sucederá con certeza.

La discapacidad de Trump es un patrón familiar para una experta en violencia como yo, pero dado su nivel de gravedad, uno no necesita ser un especialista para saber que Trump es peligroso.

¿Ahora qué sigue?

Creo que el libro de Woodward y las revelaciones en la columna de opinión del Times han ejercido una gran presión sobre el presidente. Ahora estamos entrando en un período en el que el estrés de la presidencia podría acelerarse, gracias a las investigaciones de fiscal especial que continúan avanzando.

El grado al que se niega y se resiste Trump a las revelaciones que van surgiendo día a día, como se expresó en una entrevista reciente en el noticiero Fox , son otra muestra de su fragilidad.

A partir de mis observaciones del presidente a través de sus presentaciones públicas, sus pensamientos directos a través de tuits y relatos de sus colaboradores cercanos, creo que la pregunta no es si buscará crear distracciones, sino qué tan pronto y a qué grado.

Al menos varios miles de profesionales de la salud mental que son miembros de la Coalición Nacional de Expertos en Salud Mental comparten la opinión de que los códigos de lanzamiento nuclear no deben estar en manos de alguien que exhibe tales niveles de inestabilidad mental .

Del mismo modo que la sospecha de delito debe conducir a una investigación, la gravedad de la discapacidad que observamos debería conducir a una evaluación , preferiblemente con el consentimiento del presidente.

El deterioro mental debe evaluarse independientemente de las investigaciones criminales, utilizando criterios médicos y medidas estandarizadas . Un presidente que ejerce actualmente puede ser inmune a que se le presenten cargos legales, pero está sujeto a la ley, que es estricta sobre la seguridad pública y el derecho al tratamiento cuando un individuo representa un peligro para el público por su inestabilidad mental.

En caso de peligro, el paciente no tiene derecho a rehusarse, ni el médico tiene derecho a no tomar a la persona como paciente.

Esta evaluación puede haberse retrasado, pero aún no es demasiado tarde. Los profesionales de la salud mental tienen una amplia experiencia en la evaluación, restricción y tratamiento de personas como Trump. De hecho, es casi rutina.

Esta es una versión actualizada de un artículo publicado originalmente el 7 de septiembre de 2018; refleja nueva información sobre el contacto de la autora con personal de la Casa Blanca.


*Bandy X. Lee es profesora clínica asistente de la Facultad de Medicina en la Universidad de Yale


The Conversation


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