Matthew, la vista aérea de un fotógrafo

El fotógrafo de las Naciones Unidas Logan Abassi fue uno de los primeros en presenciar el sendero de devastación causado por el huracán Matthew a lo largo de la península suroccidental de Haití. Aunque es un veterano de anteriores desastres naturales en Haití, Abassi no estaba preparado para lo que vio.
8 Oct 2016 – 9:35 PM EDT

El miércoles, sobrevolando a baja altura en un helicóptero de las Naciones Unidas sobre la península suroccidental de Haití, apenas 24 horas después del despiadado paso del huracán Matthew, la realidad comenzó repentinamente a volverse nítida.

Donde una vez hubo tranquilas aldeas de pescadores, entre las faldas de las montañas y el mar, surgían escenas de devastación, hogares sin techo expuestos a la intemperie, mientras otros literalmente volaron en pedazos como si hubieran sido golpeados por alguna enorme arma de destrucción masiva.

La madre naturaleza ha sido dura con Haití en el pasado, pero mientras barríamos a baja altura una comunidad costera tras otra, era algo digno de contemplar.

Después de haber cubierto las inundaciones en Gonaives en 2008 con aguas de 15 pies llenas de todo tipo de materia decrépita y en descomposición, y habiendo sobrevivido y cubierto el terremoto del año 2010, pensé que ya era bastante insensible ante las secuelas de los desastres naturales.

Subido en la parte posterior del mototaxi desde el aeropuerto en las afueras de la ciudad de Jeremie, seguía teniendo que recordarme a mí mismo que cerrara la boca para no tragarme las moscas. La escena que presencié iba más allá de cualquier cosa que hubiera experimentado antes.

Aislada del resto del país –del mundo– esta remota región de aldeas agrícolas es una de las más olvidadas de la isla. Irónicamente, también era una de las menos deforestadas -hasta ahora.

Los árboles que una vez cubrieron las laderas de las montañas y proyectaban sombra sobre las pequeñas casas con techo de zinc en esta pintoresca ciudad colonial, estaban rotos, derribados, totalmente despojados de todo follaje, o simplemente no estaban.

Los hogares que no fueron sepultados bajo los troncos caídos, estaban desnudos ante la intemperie, y sus techos estaban dispersos por todo el paraje. Alrededor de las casas, ropa y ropa de cama, colchones y sillas, estaban secándose en el sol, dándole al paisaje una extraña dicotomía de destrucción épica y colorida fiesta.

Las personas a lo largo de la carretera cortaban árboles, despejaban los caminos, sus patios, sus salas; intentaban rescatar sus casas y autos, ollas y sartenes enterrados y cualquier otra cosa que no hubiera sido arrastrada.

En la ciudad, curiosamente, los daños parecían de dimensiones menos bíblicas. Los techos se habían volado, los árboles habían sido derribados, las carreteras inundadas, pero no se percibía la misma sensación de un poder imparable que se hubiera desatado sobre el mundo. Este tipo de daño ya yo lo había visto antes.

Aún era algo triste, pero ver laderas enteras de árboles aplanados me asustó. Quisiera nunca estar en el camino de uno de estos monstruosos huracanes. Fue suficiente ver su devastación.

* Logan Abassi es el jefe de fotografía de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah).

En fotos: El suroeste de Haití devastado por el huracán Matthew

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