Cuando Claudia Guzmán empezó a sospechar que había contraído el coronavirus, amigos y familiares la llenaban de recomendaciones: no te encierres. No te hagas pruebas. Un tecito casero te ayudará a curarte.
Claudia Guzmán en la clínica donde trabaja en Memphis, Tennessee. Guzmán dice que a su propia familia a veces tiene que decirle que deje de propagar información falsa sobre el coronavirus.
Imagen Adrian Sainz/AP
"Me decían que no fuese a un hospital porque si eres admitida te inyectan el virus en tu cuerpo", dijo a AP esta joven hija de mexicanos nacida en Chicago que vive Memphis, Tennessee.
Las teorías conspirativas y falsedades que van desde curas ficticias hasta la noción de que el virus es un invento, han complicado los esfuerzos por contener la pandemia desde un primer momento. Y si bien la mala información es un problema para todos, plantea una amenaza particular en la comunidad latina, señala agencia.
La desinformación encuentra terreno fértil entre los hispanos, quienes en muchos casos necesitan que las autoridades de salud pública les hablen en español, lo que no siempre es posible.
Hay 60 millones de hispanos en los Estados Unidos, que tienen cuatro veces más posibilidades que los blancos no hispanos de ser hospitalizados por coronavirus, según los CDC. Otros estudios indican que los hispanos tienen el doble de probabilidades de morir por esta enfermedad. (Lo mismo se puede decir de los descendientes de los pueblos originarios y de los afroamericanos).
Estas vulnerabilidades se deben en parte al hecho de que muchos hispanos no tienen seguro médico o acceso a atención médica de calidad, a veces porque no pueden pagarla y otras por su status inmigratorio. Muchos trabajan en sectores considerados indispensables y que requieren la presencia física del empleado, como servicios de comidas, limpieza, procesamiento de carnes, la construcción y los comercios. Y a menudo viven con familiares de varias generaciones donde es difícil mantener el distanciamiento social.
Para muchos, la reticencia a hacerse pruebas o a buscar tratamiento deriva del miedo a ser deportados en una comunidad con una importante cantidad de extranjeros. Este temor se intensificó bajo el gobierno de Donald Trump. Esa desconfianza puede hacer que la gente no busque tratamiento o no coopere con los empleados del gobierno que rastrean los contactos y tratan de identificar las personas que han estado en contacto con alguien contagiado.
Entonces, estas barreras del lenguaje, junto a la desconfianza en las autoridades por miedo, hacen, según expertos, que los hispanos estén más expuestos a recibir información no verificada o falsa que sircula en redes sociales o de boca en boca.