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Salud Mental

El duelo de los supervivientes: la tarea de asumir y superar la pérdida por suicidio

Cada día, 2.160 personas se quitan la vida en el mundo. Lo que sigue para los familiares es un largo camino de culpa, dolor y silencio. Este sábado, Día Internacional del Sobreviviente del suicidio, explicamos qué recomiendas los especialistas para afrontar esta realidad.
19 Nov 2016 – 10:43 AM EST

“Aquí no se entra a hablar de culpas. Yo no soy sacerdote, ni abogado. Soy psicóloga. La culpa no nos va a sanar”, es una de las frases que abre la consulta de Marta Helena Ardila, directora de la Fundación Ginestra, en Colombia, cuando recibe a pacientes que han perdido familiares o amigos por suicidio y que buscan ayuda para enfrentar el duelo. No son muchos quienes la visitan. La mayoría opta por el silencio, el aislamiento y rechaza cualquier tipo de ayuda.

La doctora Ardila forma parte de un grupo de profesionales de la salud que desde la Fundación trata casos de suicidio, farmacodependencia y depresión. Su experiencia en el tema le permite asegurar que el duelo por suicidio es muy duro de enfrentar.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo, al día, suman 2.160 personas. El impacto de cada una de esas muertes tiene un efecto de réplica: “todos los relacionados con la persona sentirán la pérdida”, menciona Ardila. Así, cada día, centenares de familiares y amigos inician duelo por la pérdida de alguien que ha muerto por su propia voluntad.

La Fundación Americana para la Prevención del Suicidio registra que este sábado, 19 de noviembre, 359 ciudades en el mundo conmemoran el Día Internacional del Sobreviviente del Suicidio. La fecha fue creada en 1999 por el Congreso de Estados Unidos, como un día en el que amigos y familiares de personas que decidieron quitarse la vida se unen para sanar y apoyarse mutuamente. El senador Harry Reid introdujo la resolución luego de sufrir el suicidio de su padre.

El dolor

El duelo de las personas cercanas al suicida es complejo porque se mantiene en el tiempo, suspendido, alentado por la duda de qué pudo ser la causa. Ardila cuenta que es comparable con el duelo que pasa la persona que pierde a alguien porque se va de la casa y nunca vuelve, porque no se sabe qué pasó para que tomara esa decisión, y quien padece la pérdida puede pasar la vida esperando o cuestionándose si tuvo alguna responsabilidad.


En el caso de las parejas, si uno comete el suicidio, como parte del duelo, se debe aprender lentamente a desenamorarse, o dejar de sentir afectividad para dejar ir a quien decidió terminar con su vida y aceptar su decisión. “Eso es lo que hace difícil el proceso, porque la persona no está preparada. Se trata de una persona que vivía contigo”. En este momento las personas se sienten culpables por no haber notado alguna señal o síntoma y casi siempre se preguntará “¿qué dejé de hacer?”. No obstante, en las consultas de Ardila ella deja claro que no había por qué saberlo, y que muchas veces el ojo del médico entrenado tampoco ve que pueda existir esa posibilidad en un individuo, menos si forma parte de una relación afectiva o es un hijo.

La familia de un suicida experimenta muchos sentimientos: rabia, desilusión, engaño. Todo eso comienza a florecer en el momento del suicidio como una posible explicación de por qué la persona se suicidó. Toma mucho más tiempo que un duelo por muerte natural y hay personas que jamás superan la pérdida, y cada vez que se toca el tema lloran, están tristes, o piden que no les pregunten.

El escenario solo puede cambiar cuando se trata de una persona que siempre sufrió de depresión, alcoholismo, drogadicción, esquizofrenia o trastorno de la personalidad (Borderline), que son causas que subyacen al suicidio, según explica el psiquiatra José Posada Villa. Bajo estas condiciones, los familiares han tenido tiempo para prepararse y considerar que la persona en algún momento podría quitarse la vida.


Otra dinámica que se presenta es el caso del suicidio de una persona que era sostén de familia y su esposa e hijos están enfrentados no solo a la muerte, si no a tener que preguntarse ¿de qué vamos a vivir?

La experta en tratamientos de duelo menciona que otro problema que surge de estas situaciones es la gran cantidad de aseguradoras que no cubren suicidios, y las familias desconocen esta condición hasta que sufren una pérdida y se dan cuenta de que no están protegidos. Ardila narra que en una oportunidad la compañía de seguros se apareció durante el funeral, frente a la esposa, para pedirle que firmara los papeles porque su marido ya no estaba afiliado. “Es muy crudo como las empresas proceden, y asumir todo en tan poco tiempo. Por eso el duelo se vuelve absolutamente difícil”.

La estigmatización

El estigma y los mitos que giran en torno al suicidio son algunos de los obstáculos más grandes que enfrentan los familiares. La Fundación Ginestra, que presta ayuda psicológica para la prevención y tratamiento del suicidio, no tiene un cartel que publicite sus propósitos. La razón es que así evitan ataques de personas resistentes a abordar el tema o que creen que el suicidio es un acto de cobardía y que se hubiera podido evitar.

En casos de suicidio, todas las fases del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) se exacerban en parte por la condena social que existe hacia el hecho. Ardila explica que es mucho más complejo, porque la negación implica que debe buscarse una manera de mantener la mentira, ocultar qué fue lo que sucedió. Son los casos en que los familiares piden a los médicos que en el acta de defunción no se incluya la palabra suicidio, sino cualquier enfermedad como causa de muerte. Son las personas que evitan tocar el tema.

Tanto Ardila como Posada Villa señalan la dificultad de realizar investigaciones en el tema porque los sobrevivientes, la mayoría de las veces, no facilitan acercamiento alguno, y porque generalmente no hay interés de parte del Estado. En un estudio realizado en 2013 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP por sus siglas en inglés) y por la OMS, de 157 países, solo 90 contestaron los cuestionarios, en 55 de estos países el suicidio era considerado un problema de salud pública y solo 28 tenían un plan nacional de prevención.


“La responsabilidad en salud mental es responsabilidad de los Estados. Por lo tanto, el gobierno tiene un rol importante en prevención y manejo del suicidio”, asegura el psiquiatra y también ex-asesor del gobierno colombiano en salud pública, José Posada Villa. Indica que su papel también se extiende al control de sustancias y del acceso a las armas de fuego u otros instrumentos con los que se pueda cometer el suicidio.

El especialista también señala que deberían existir protocolos que orienten tanto a médicos como familiares, “y si bien el conocimiento sobre el tema existe y hay material didáctico, no se le ha dado, en mi criterio, suficiente importancia”.

Según las últimas cifras publicadas por la OMS en 2012, los países más afectados en las Américas son Guyana (26,2 por 100 mil habitantes), Surinam (23,3), Uruguay (14,2), Chile (11,2), Trinidad y Tabago (10,7), Estados Unidos (10,1), Cuba (9,9) y Canadá (9,7). No obstante, Posada advierte que hay un subregistro de los índices de suicidios, puesto que muchas personas hacen intentos de quitarse la vida, pero no son reportadas a las autoridades.

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