Ataques xenófobos a venezolanos y nicaragüenses esconden el drama de las nuevas migraciones forzadas

“Lamentablemente este tipo de discurso hace perder de vista la condición humana, el drama humano terrible de las nuevas migraciones forzadas”, dice Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de Florida. “No nos damos cuenta de las proporciones gigantescas de la migración de venezolanos, de la tragedia, del sufrimiento y los padecimientos de millones de personas".
20 Ago 2018 – 5:02 PM EDT

Dos hechos xenófobos registrados -uno en Brasil y otro en Costa Rica- ambos generados por la ola de migrantes que huye de la represión en Nicaragua y la profunda crisis económica en Venezuela han provocado preocupación en organismos que estudian de cerca los fenómenos migratorios.

En el primero, un grupo de vecinos del municipio de Pacaraima, en el estado de Roraima, en el norte de Brasil, fronterizo con Venezuela, se enfrentaron el sábado a unos 2,000 inmigrantes venezolanos que vivían en un improvisado campamento levantado en las calles.

La violencia comenzó después de una protesta para condenar el ataque a un comerciante brasileño que fue golpeado y robado, supuestamente, por cuatro venezolanos, un hecho ocurrido el día antes de acuerdo a reportes de la prensa local.


Testigos y funcionarios de Pacaraima indicaron que los pobladores forzaron a unos 1,200 venezolanos a cruzar de regreso la frontera y les destruyeron el campamento que habían erigido. Entre gritos e insultos, les quemaron todas sus pertenencias, entre ellos pasaportes, un documento clave para emigrar e imposible de renovar en estos tiempos.

El gobierno de Brasil envió un contingente de soldados a la frontera para reforzar la seguridad y proteger a los habitantes locales, indicaron medios locales. Pero la tensión continúa y temen nuevos ataques porque todavía hay cientos de venezolanos en territorio brasileño que huyen de la pobreza extrema en su país, castigado por una histórica hiperinflación y devaluación de su moneda.

El ataque no discriminó no tomó en cuenta que los refugiados venezolanos, tras dejar su país, viven en situación precaria y dependen de la caridad de otros para poder subsistir.


Xenofobia en San José

El segundo incidente ocurrió en la capital costarricense también el fin de semana. Varias decenas de personas se manifestaron el sábado en capital de Costa Rica en contra del masivo ingreso nicaragüenses que desde hace cuatro meses huyen de la represión y la grave crisis política que se registra en el vecino país.


Las manifestaciones, reporta el diario La Nación, comenzaron cuando un grupo lanzó consignas contra los inmigrantes frente al Parque de la Merced, en pleno centro de San José, un lugar que desde hace varias décadas se ha convertido en sitio de concentración de emigrados de Nicaragua.

La policía intervino para evitar que otro grupo que procedía del sector este de la ciudad se uniera a la manifestación. Durante los altercados unas 20 personas fueron detenidas mientras algunos manifestantes lanzaban objetos a los agentes del orden público.

La protesta de Costa Rica fue convocada a través de las redes sociales, informó la prensa local. Pero en ambos hechos hubo proclamas en contra de los extranjeros, insultos y los culparon por arrebatarles los empleos y de los actos de violencia cometidos en las comunidades donde viven.

La crisis de Venezuela se acrecentó en los últimos años con la llegada de Nicolás Maduro al poder tras la muerte de Hugo Chávez. En Nicaragua, comenzó el 18 de abril, cuando los jubilados salieron a las calles en protesta por la reducción de sus pensiones decretada por el gobierno de Daniel Ortega.

Racismo viejo

Los gritos de odio vistos en ambas protestas “no es nuevo en América Latina”, advierte Eduardo Gamarra, profesor del Departamento de Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida (FIU) en Miami. “Más bien es algo que, creo, es paradójico”, habiendo tantos latinos que en estos momentos en Estados Unidos están acusando al gobierno de Donald Trump de racista y xenófobo.

“Los latinos que estamos acá siempre nos quejamos en la xenofobia que prevalece en este país”, agrega. “Pero olvidamos que casi en toda América Latina existe una profunda xenofobia. Por ejemplo, entre la República Dominicana y Haití es un problema pronunciado. Y también lo hay en el cono sur, donde vemos xenofobia de argentinos contra bolivianos, peruanos y paraguayos”.

Gamarra también menciona que “la relación entre Colombia y Venezuela siempre ha estado marcada por una dosis de xenofobia y nacionalismo mal dirigido.”, y hace hincapié en que “casi todas las relaciones en nuestros países han estado marcadas por un nacionalismo exacerbado”.

“Incluso ahora Chile se manifiesta en contra de haitianos, venezolanos, e históricamente también contra peruanos y bolivianos que llegan buscando mejores fortunas”, puntualiza. “Y en Bolivia hay un profundo antichilenismo con raíces históricas”, apunta.

Registros preocupantes

Pero lo sucedido en Brasil y San José de Costa Rica “si bien no es nuevo, es triste”, dice Gamarra. Añade que la xenofobia y el racismo “siempre han hecho que el extranjero no se sienta bien, que no pertenece” y hacen olvidar por un momento los grandes avances del liberalismo, “en cuanto al trato que debe dársele al individuo que viene de otro país”.

“El liberalismo ha creado una cultura de tolerancia, pero no ha sido fácil”, indica. Pero a pesar de lo avanzado en este tema, el riesgo de perder lo ganado se acrecienta con el paso de los días.

El cambio vino con la guerra en Siria, conflicto que ha causado la huida de más de 5 millones de personas, el mayor movimiento migratorio forzado desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Gamarra cita el ejemplo del éxodo colombiano, “el desplazamiento interno más grande del mundo producto de la guerra en ese país. Colombia tuvo una migración externa extraordinaria, una diáspora que no solo vino a Estados Unidos, sino que está en todo el mundo. Hubo un inmenso desplazamiento”.

“Los venezolanos los recibieron con los brazos abiertos. Se estima que cinco millones de colombianos llegaron a Venezuela en su momento. Hoy se ha revertido, pero junto con esta nueva ola migratoria, ha surgido un sentimiento antivenezolano. Esto es nuevo”, explica. “Es una percepción diferente, como sucedió acá, en estados Unidos”.

Los tiempos de Trump

Gamarra se refiere al discurso que el presidente Donald Trump utilizó en su campaña para llegar a la Casa Blanca, cuando tildó a los inmigrantes mexicanos de violadores, criminales y traficantes de drogas, un discurso que ha mantenido en los 20 meses que lleva en el poder.

“Lamentablemente este tipo de discurso hace perder de vista la condición humana, el drama humano terrible de las nuevas migraciones forzadas”, dice Gamarra. “No nos damos cuenta de las proporciones gigantescas de la migración de venezolanos, de la tragedia, del sufrimiento y los padecimientos de millones de personas que andan en busca de un lugar donde iniciar una nueva vida”.

Gamarra dice además que "la xenofobia lamentablemente no permite reconocer el aporte de los inmigrantes. La visión que proyecta el racismo a los extranjeros no se basa en la realidad. El 99.9% de ellos no son ni violadores, ni criminales, ni traficantes de drogas, ni prostitutas, ni culpables de todo lo malo que les quieren achacar. Los extranjeros no son lo que se dice de ellos, pero la precepción es lo que domina. La xenofobia hace perder de realidad del problema”, concluyó.

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