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Elizabeth Guzman (en el centro en la foto) y Hala Ayala se convirtieron en las primeras latinas representantes en la Asamblea General de Virginia.

Incentivadas por la oposición a Trump, hoy estas mujeres promueven una revolución política en EEUU

Incentivadas por la oposición a Trump, hoy estas mujeres promueven una revolución política en EEUU

Todo indica que 2018 será un año de decisivo para las mujeres en cargos políticos. Conversamos con varias latinas sobre sus contiendas y lo que está por venir.

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Elizabeth Guzman (en el centro en la foto) y Hala Ayala se convirtieron en las primeras latinas representantes en la Asamblea General de Virginia.

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El día después de que Donald Trump resultó electo, el hijo de 9 años de Elizabeth Guzman le preguntó si ahora tendrían que abandonar el país porque hablaban español. “Eso fue lo que estuvo escuchando durante los últimos meses”, recuerda Guzman, una administradora pública y trabajadora social en Alexandria, Virginia.

Un año después, Guzman resultó ganadora de un puesto en la Cámara de Delegados de Virginia, derrocando así al titular republicano Scott Lingamfelter, quien ha ocupado el asiento por 16 años. Recién llegada a la política, se convirtió en la primera latina en postularse para un escaño en ese estado. Ganó por casi 3,000 votos.

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Guzman, de 44 años, es una de las cientos de mujeres que decidieron competir por un cargo en la era Trump, muchas por primera vez y sin ninguna experiencia. Para el día de la elección, la semana pasada, la suma de fondos recaudada la convertían en la segunda demócrata con más apoyo monetario en el estado, que además contaba con el respaldo del exvicepresidente Joe Biden.

“Reflexioné sobre mi vida, mi país… sobre cómo son tratados los latinos”, dice Guzman, quien emigró de Perú a Estados Unidos siendo una madre soltera; hoy tanto ella como sus hijos son ciudadanos estadounidenses. “Me di cuenta de que nunca habíamos tenido un delegado al que le interesaran los electores latinos, que no teníamos una voz. Así que decidí dar un paso adelante”, explica.

No es la única. Para muchos progresistas y mujeres, la presidencia de Trump ha inspirado un nuevo sentido de responsabilidad personal. Las organizaciones que respaldan y capacitan a quienes aspiran un cargo político reportan una participación sin precedentes en los meses recientes, especialmente entre mujeres. Un número histórico de candidatas ha estado presente en las papeletas electorales en todos los niveles. Como consecuencia, un montón de organizaciones han surgido para apoyarlas.

Los resultados de las elecciones de la semana pasada significaron el primer atisbo real de que el esfuerzo podría estar funcionando. Según el Center for American Women and Politics, la del 8 de noviembre de 2017 fue una noche de “hitos para las mujeres”.

En Virginia, la Cámara de Delegados de 100 miembros pasará de tener 17 mujeres a 28 el próximo año. De ellas, 23 son demócratas. Guzman y Hala Ayala son las primeras dos latinas en ocupar asientos en la Asamblea de Virginia. Ese mismo estado también eligió para su Cámara de Delegados a la primera estadounidense de origen asiático, a la primera mujer abiertamente lesbiana y a la primera abiertamente transgénero.

También hubo ganadoras notables más allá de Virginia. Sheila Oliver será la primera vicegobernadora negra de Nueva Jersey. Seattle eligió a Jenny Durkan, la primera alcaldesa abiertamente lesbiana y la primera mujer en ser alcaldesa de la ciudad en casi un siglo. Michelle de la Isla será la primera alcaldesa latina de Topeka, Kansas. La victoria de la nativa estadounidense Manka Dhingra le aseguró al partido Demócrata el control del Senado del estado de Washington. Y Crystal Murillo de 23 años ganó el concejo municipal de Aurora, Colorado, derrotando a la actual titular, una republicana de 79 años.

“Definitivamente hay un impulso”, dice Erin Loos Cutraro, la fundadora y CEO del grupo no partidista She Should Run. “Hay un sentido de urgencia entre las mujeres para arreglar lo que está roto y aportar su experiencia y perspectiva para crear un gobierno más saludable”.

Aunque los expertos aseguran que las mujeres se están involucrando en todo el espectro político, los demócratas se encuentran en medio de una ola de activismo que surgió en respuesta a la victoria de Trump. De las mujeres que compitieron en Virginia, 43 eran demócratas y 9 republicanas.

Guzman, por su parte, ganó en una plataforma abiertamente progresista. Es una candidata que apoya sin tapujos el derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo, sus prioridades legislativas incluyen la expansión de Medicaid bajo Obamacare, la educación infantil temprana, un salario mínimo más alto y los derechos de los inmigrantes. Ella tampoco ha sentido vergüenza de compartir su propia historia de inmigración.

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“Solo voy a competir”

Cuando Bernie Sanders culminó su campaña presidencial en junio de 2016 con un llamado para que otros consideraran postularse para un cargo político, Guzman escuchó. Ella había apoyado su candidatura desde muy temprano e incluso participó en su campaña como delegada estatal.

“Él mencionó que las decisiones se toman a nivel local y estatal y que quería que esta revolución continuara”, dice, “y para conseguirlo, era necesario postularnos a los cargos y mantenernos involucrados”.

Trabajó como voluntaria para Hillary Clinton en las elecciones generales, pero sabía incluso antes de que su candidata perdiera que ella misma se lanzaría. En octubre, Guzman anunció que se postulaba al cargo de delegada.

“Simplemente antes no teníamos suficientes mujeres, ni tampoco suficientes que fueran de color en Virginia”, afirma Guzman. “Soy una madre trabajadora, inmigrante, pensé que tenía un mensaje que podía resonar en mi comunidad”.

Durante su campaña, asistió a una serie de entrenamientos especiales para las mujeres que se convertían en candidatas por primera vez. Se ganó el apoyo de una red de organizaciones, tanto antiguas como aquellas que fueron creadas tras la victoria de Trump. Al final recaudó más 1 millón de dólares que usó para realizar un ambicioso trabajo en el terreno, yendo de puerta en puerta para conocer a los votantes.

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“Creo que hace 5 o 10 años había un clima diferente: postularse para un cargo era visto como una opción solo para unos pocos”, explica Lucy Flores, una exasambleísta de Nevada que forma parte del consejo de Our Revolution, un grupo que busca elegir candidatos progresistas en todos los niveles del gobierno. “Ya no es así”.

Our Revolution nació de la campaña de Sanders y busca aprovechar sus herramientas de organización de base, como la capacidad de llamar por teléfono, planear eventos y fiestas a través de internet. El grupo ha puesto especial énfasis en las mujeres y las personas de color. La semana pasada, los candidatos que apoyaban ganaron 27 puestos, Guzman está en ese grupo.

“Ya no es necesario resultar “el elegido” por el ‘establishment’ para tener acceso”, dice Flores. “Ahora la gente cree que puede lograrlo con o sin el apoyo del liderazgo político. Están diciendo: ‘No me importa nada de eso, solo voy a competir’”.

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Los recién creados grupos progresistas Flippable e Indivisible apoyaron a Guzman con llamadas telefónicas, tarjetas postales y visitas puerta a puerta. También lo hizo el grupo de liderazgo femenino, Sister District.

Nacido el día después de la elección presidencial, Sister District ahora cuenta con 25,000 voluntarios que trabajan en áreas muy demócratas (azules) para ayudar a las campañas estatales en distritos republicanos (rojos), en particular aquellos considerados péndulo. Muchos de los voluntarios de Sister District que trabajaron en la campaña de Guzman estaban en realidad basados en San Francisco. En total ganaron 13 de los 14 candidatos que el grupo apoyó.

“Somos una organización recién creada; no sabíamos si iba a funcionar”, asegura la cofundadora de Sister District, Lyzz Schwegler. “Pero funcionó bien, increíblemente bien”.

Una avalancha

En Emily’s List, el grupo demócrata creado en 1985 que se enfoca en elegir a mujeres pro-choice (que defienden el derecho a elegir qué hacer con sus cuerpos), supieron desde el mes de enero que estaba pasando algo grande.

En colaboración con la marcha de las mujeres, Emily’s List realizó un taller en Washington, DC, para todas aquellas mujeres que estuvieran interesadas en postularse a un cargo por primera vez. En total, 500 mujeres se presentaron, mientras que otras 200 quedaron en lista de espera. Cerca del 50% de las asistentes tenía entre 25 y 34 años.

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Desde entonces, el entusiasmo no ha disminuido. Desde noviembre, 20,000 mujeres han contactado a Emily's List para decir que quieren postularse a cargos políticos. Un número muy llamativo especialmente si se compara con las 920 mujeres que participaron en el ciclo de elecciones de 2015 y 2016. El grupo ha organizado entrenamientos en todo el país, incluyendo algunos específicamente diseñados para las latinas. De los 15 escaños republicanos que consiguieron la semana pasada los demócratas en la Cámara de Delegados de Virginia, 11 fueron ganados por mujeres que contaban con el apoyo de Emily’s List.

“Cada semana han sido siete, diez nuevas mujeres que nos buscan para comunicarnos que quieren postularse”, dice Vanessa Cardenas, la directora de comunicaciones estratégicas de Emily’s List. “Y la mayoría de las veces no se ajustan al perfil típico. Han sido mujeres jóvenes, diversas y de orígenes y oficios inusuales como científicas y veteranas”.

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En tan solo los dos días que siguieron a las elecciones de la semana pasada, 90 mujeres se inscribieron en Emily’s List, cuenta Cardenas.

El grupo no partidista She Should Run se creó en octubre de 2016 con el objetivo de conseguir que 100 mujeres se inscribieran en sus programas. Cerraron el año 2016 con más de 5,500 mujeres registradas y ahora tienen 15,000.

En el ciclo de elecciones de 2015 y 2016 participaron 920 candidatas. Desde noviembre de 2016, 20,000 mujeres han contactado a Emily's List para decir que quieren postularse a cargos políticos.

Las congresista Michelle Lujan Grisham, una demócrata de Nuevo México y la presidenta del Congressional Hispanic Caucus, aplaude el interés.

“Nuestros cuerpos legislativos deberían parecerse a las comunidades que representan”, escribió en un comunicado enviado a Univision Lujan Grisham, quien está compitiendo para gobernadora de Nuevo México en 2018. “Las mujeres, especialmente las de color, están subrepresentadas en los pasillos del gobierno. Cuando las voces femeninas son incluidas, nuestras familias están mejor servidas”.

Solo 25% de los 7,383 legisladores de Estados Unidos son mujeres, según el Center for American Women and Politics. Las mujeres ocupan solo el 19% de los 535 escaños del Congreso, el 74% de ellas son demócratas. Solo 37 mujeres han sido gobernadoras en todo Estados Unidos.

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Para las mujeres de color, las cifras son aún peores. El año pasado, la demócrata de Nevada Catherine Cortez-Masto se convirtió en la primera latina del Senado; solo 14 latinas han servido en el Congreso. A nivel estatal, sólo 23 de los 1,972 escaños son ocupados por latinas.

En general, los hispanos continúan estando muy poco representados en la política; aunque son casi un quinto de la población, constituyen solo el 1% de todos los funcionarios electos y designados en Estados Unidos, según un análisis de Univision.

En video: crónica de la marcha que sorprendió Washington Univision

Pero los datos muestran que más mujeres que nunca están intentando llegar al Congreso. En 2016, 272 mujeres se postularon a las Cámara de Representantes de EEUU. En este ciclo, ya hay 357 inscritas para competir; 293 son demócratas.

En Virginia, la semana pasada, las mujeres ganaron al menos 11 escaños en la Cámara de Delegados, rompiendo el récord de representantes mujeres en el estado.

No solo fueron candidatas: las votantes mujeres también jugaron un papel muy importante. En la campaña por la gobernación, el demócrata Ralph Northam ganó el apoyo femenino por 22 puntos, una ventaja mayor a la de Hillary Clinton el año pasado (que fue de 17 puntos). Un asombroso 91% de las mujeres negras apoyó a Northam, mientras que solo el 32% de las blancas lo hizo.

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Nuevas voces

En una disputa que atrajo la atención nacional, la demócrata Danica Roem –una periodista local– derrotó al conservador republicano Bob Marshall la semana pasada y se convirtió así en la primera funcionaria abiertamente transgénero electa en la historia de Virginia. La demócrata Kathy Tran, por su parte, fue la primera asiática estadounidense electa en la Cámara, mientras que la también demócrata Dawn Adams es ahora la primera miembro abiertamente lesbiana. En Minneapolis, Andrea Jenkins ganó la elección para el concejo municipal, convirtiéndose en la primera mujer negra abiertamente transgénero en resultar electa.

Crystal Murillo, de 23 años –la más joven en ser electa para el concejo municipal de Aurora, Colorado–, es hija de inmigrantes mexicanos y fue la primera en graduarse de la escuela secundaria. Para ella, contar con modelos de latinas electas la animó a incursionar en la política y probarse a sí misma. Después de graduarse de la universidad en 2015, trabajó para Crisanta Duran, la primera oradora latina de la Cámara de Representantes de Colorado.

Durante los fines de semana, tomó un curso de seis meses sobre los principios básicos de una campaña política, ofrecido por Emerge, un grupo creado hace 12 años para preparar a mujeres que quieren ejercer estos cargos. Pensó que competiría en unos 10 años, pero luego Donald Trump ganó.

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“Me sentí anestesiada”, dice Murillo. “Ese no era mi concepto de lo que era Estados Unidos. Me hizo mirar más de cerca mi propio patio, la comunidad en la que crecí”.

En su distrito de mayoría latina e inmigrante, nunca hubo representación latina en el concejo municipal. En vista de la urgencia de Emerge y las otras mujeres con las que se entrenó, Murillo decidió lanzarse en contra de una conservadora, partidaria de Trump, con varios apoyos claves, incluyendo el de Duran. Consiguió ganar por unos 400 votos.

Crystal Murillo, 23, won a city council seat in Aurora, Colorado, beatin...
Crystal Murillo, 23, won a city council seat in Aurora, Colorado, beating a 79-year-old incumbent.

“Solo intenté ser auténtica y genuina”, dice Murillo. “Como alguien que tiene y está viviendo una vida similar a la de mi distrito, a la gente le pareció importante lo que yo tenía que decir”.

Michelle de la Isla, la primera latina en resultar electa como alcaldesa de Topeka, Kansas, ganó la elección con 40 voluntarios, pero sin ninguna organización nacional ni capacitación detrás de ella.

Y a diferencia de otras mujeres que ganaron elecciones en todo el país, no enfocó su campaña en el hecho de que era puertorriqueña o mujer.

“Estoy en el medio oeste, en un estado muy rojo”, dice. “Mi campaña estuvo basada en los asuntos que le afectan a la gente. El hecho de que además sea latina y mujer, bueno, eso es increíble”.

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De ambos lados

Los resultados electorales de la semana pasada fueron una victoria clave para las mujeres demócratas, pero Cutraro asegura que el ascenso de las candidatas no es un fenómeno partidista de ninguna manera.

“Seguiremos viendo crecimiento de los dos lados”, dice. “Seguiremos viendo mujeres que ya no sienten que van por su cuenta, solas. Hemos llegado a un punto en el que las mujeres ya no quieren encogerse y ese no es un asunto partidista”.

En un correo electrónico, la National Federation of Republican Women dijo a Univision que no poseen estadísticas sólidas, pero “que definitivamente están notando que hay más mujeres republicanas interesadas en postularse para un cargo en todos los niveles”.

Por décadas, la NFRW ha ejecutado un programa de Campaign Management School para entrenar a candidatos republicanos que quieren postularse a cargos políticos. Pero en general, la infraestructura del partido para reclutar, capacitar y apoyar candidatos y recién llegados está muy rezagada, dice Cutraro.

“Las mujeres republicanas también están interesadas en los gobiernos locales y en ver al gobierno triunfar”, dice.

Cutraro afirma que espera ver candidatas más diversas que cuenten sus historias, no sólo demócratas y republicanas, sino independientes, mujeres de color de todas las tendencias políticas, incluyendo aquellas que se lanzan y fracasan en el intento.

“Todas estas historias ayudan a las mujeres y chicas más jóvenes a ver que es posible”, dice. “Ayuda a movilizar a las mujeres del ‘tal vez me postulo’ al ‘realmente quiero competir’”.

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