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Incendiario, antimusulmán y lejos de los focos: así es el político holandés que inventó el trumpismo antes que Trump

Sólo uno de cada seis ciudadanos votará por el ultra Geert Wilders en las elecciones de este miércoles en Holanda. Aunque su partido sea el más votado, no será primer ministro.
14 Mar 2017 – 8:41 PM EDT

El ultra holandés Geert Wilders ha construido su carrera política sobre varias paradojas. Se presenta como un outsider, pero ejerce como diputado en el Parlamento desde hace 19 años. Su familia tiene raíces en Indonesia pero clama contra los inmigrantes musulmanes. Sus discursos están llenos de guiños populistas pero las amenazas le obligan a vivir recluido y sin apenas contacto con la población.

Los habitantes de los Países Bajos están llamados a votar este miércoles para elegir a los 150 miembros de la Cámara de Representantes. El nuevo primer ministro será el fruto de una coalición entre varios partidos. Esta vez hasta 14 podrían tener representación parlamentaria por la fragmentación del voto y por el diseño del sistema electoral.

Los últimos sondeos auguran el ascenso de los Verdes y de los liberales progresistas y una fuerte caída de los dos partidos que obtuvieron más escaños en las elecciones de 2012: los laboristas y los liberales del primer ministro, Mark Rutte. También reflejan un ascenso del partido derechista de Wilders aunque sus cifras se han ido desinflando durante la campaña y se antoja difícil hacer una predicción.


Los sondeos auguran que el partido de Wilders logrará unos 20 escaños pero su candidato no será primer ministro. Los líderes de los otros partidos ya han adelantado que no llegarán a un acuerdo con él. Lo más probable es una coalición en torno al primer ministro Rutte, que gobierna los Países Bajos desde 2010.

Muchos presentan a Wilders como un calco de Donald Trump por sus diatribas contra el islam y contra la inmigración ilegal, pero ambos son políticos muy distintos: el ultra holandés no es un empresario sino un político profesional.

Hijo de una familia católica, Wilders se crió en la ciudad sureña de Venlo e hizo carrera en las filas de los liberales, con los que fue elegido concejal y diputado del Parlamento holandés.

Durante años, Wilders criticó la tibieza de su partido y reclamó una retórica más dura contra el islam. El asesinato del diputado radical Pim Fortuyn por un ecologista en 2002 empujó a Wilders a subir el tono de sus intervenciones y a abandonar las filas del Partido Liberal.

Unos meses después, un holandés de origen marroquí asesinó al cineasta Theo van Gogh, autor de un cortometraje muy crítico con el islam. La investigación desveló que el asesino también quería asesinar a Wilders. Ese extremo convirtió al político en un ermitaño, potenció su imagen pública y le ayudó a poner en la agenda asuntos como el islam o la inmigración.

Otro político en Twitter

Al contrario que Trump, Wilders no frecuenta los actos multitudinarios. Su entorno natural es su cuenta de Twitter, donde hace pronunciamientos incendiarios que los medios convierten en titulares y que le han ayudado a distinguirse como un provocador. Unas horas después del atentado de Berlín, por ejemplo, tuiteó una imagen de Angela Merkel con las manos manchadas de sangre. Al principio de esta campaña, se comprometió a "limpiar" el país de la "escoria marroquí".

El programa de Wilders cabe en una cuartilla y se compromete a prohibir el Corán, cerrar todas las mezquitas e imponer un veto a cualquier inmigrante musulmán.

Estas y otras propuestas reflejan la ansiedad de una parte de la sociedad holandesa, pero su respaldo es mucho menor que el que logró Trump en noviembre de 2016. Cinco de cada seis holandeses no votará por Wilders y muchos votarán por partidos que defienden el derecho de asilo y la sociedad multicultural.

Muchos percibían las elecciones holandesas como un peligro para la Unión Europea y para la causa de la globalización. Pero la campaña ha dejado algunas señales esperanzadoras para los partidarios de una sociedad abierta al exterior. Wilders no será el único beneficiario del desplome de los partidos tradicionales. Partidos como los Verdes de Jesse Klaver ganarán votos entre jóvenes urbanos que irán a votar espoleados por el impacto del triunfo de Trump.

El resultado no cambiará la política de los Países Bajos, donde los gobiernos son el fruto de coaliciones donde el pragmatismo pesa más que la ideología. Tampoco alterará los equilibrios en la Unión Europea, cuyos líderes están más preocupados por el desenlace de las elecciones francesas, cuya primera vuelta se celebra el 23 de abril. Los sondeos indican que la derechista Marine Le Pen es la favorita para ganar esa primera vuelta pero no para ganar la segunda, donde sería derrotada por el centrista Emmanuel Macron.

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