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El patrón que se aprovechaba de los mexicanos para manipular elecciones en Texas

Si el presidente Donald Trump quiere encontrar ejemplos de fraude electoral masivo quizás debería buscarlos en los libros de historia, donde hombres como el cacique George Parr tiene reservado un espacio como uno de los mayores manipuladores de elecciones en EEUU.
19 Jul 2017 – 4:14 PM EDT

Donald Trump volvió a alimentar este miércoles su no demostrada teoría de que millones de votantes ilegales participaron en la elección de noviembre, la razón que según él explicaría por qué perdió el llamado voto popular.

Aunque hoy muy pocos respaldan la tesis del presidente, lo cierto es que hace unas décadas algunas elecciones en EEUU sí eran manipuladas descaradamente.

Para ganar, los candidatos se aliaban con caciques como la familia Parr, que durante siete décadas dominaron la política en el sur de Texas, manipulando a miles de votantes mexicano-estadounidenses pobres y analfabetos.

Uno de los que hizo el viaje al rancho de George Parr, alias "El Patrón", fue Lyndon Johnson, años antes de ser presidente, durante la primaria demócrata para el Senado de EEUU en el verano de 1948.

Johnson, que por entonces era un congresista por Texas, aterrizó en una pequeña avioneta biplaza en el rancho de Parr, donde éste había hecho construir una mansión que era el segundo edificio más grande de todo el condado de Duval, solo superado por la escuela de secundaria local. Tocó en la puerta y Parr abrió en pantuflas.

"Mister Parr, mi nombre es Lyndon Johnson. Estoy compitiendo para el Senado de EEUU y he venido a pedirle su apoyo", le dijo el imponente candidato, que medía 6'4 y le sacaba una cabeza al pequeño Parr.

"Lo tiene", respondió a secas Parr extendiendo su mano. Parr no invitó a Johnson a pasar y la conversación ya parecía acabada, pero el joven y ambicioso político añadió solícito: "Estoy muy sediento después del vuelo hasta aquí abajo. Me pregunto si podría darme un vaso de agua".


Así sin más se resolvió el asunto aquel día, según narra Anthony Carrozza en el libro ' The Dukes of Duval County' (Los Duques del Condado de Duval), que será publicado en noviembre y del que Univision Noticias ha tenido un adelanto.

El día de la elección primaria demócrata frente al exgobernador Coke Stevenson, Johnson comprobó que su visita había merecido la pena, consiguiendo márgenes de victoria de hasta 99.1% en precintos del territorio de Parr.

Johnson ganó aquella elección por 87 votos, gracias en parte a que Luis Salas, un juez de elecciones que trabajaba para Parr, hizo que apareciera una urna con 200 votos fraudulentos cuando aún no había concluido el recuento, tres días después de la elección.

Parr había heredado la maquinaria política que su padre Archie puso en marcha a principios de siglo y su dominio se extendió hasta 1975 cuando asediado por la Justicia se dio un tiro en la sien, poniendo fin al control más largo y notorio en EEUU de un clan en lo que se conoce como la era de los 'jefes políticos'.

Entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, jefes como los Parr manipularon elecciones en las grandes ciudades del Este como Nueva York o Philadelphia y en algunas zonas rurales fronterizas aprovechando la llegada de inmigrantes desconocedores del sistema electoral.

Amigo de los mexicanos

Los jefes recurrían al soborno y las amenazas a cambio de asistencia informal y empleos.

Carrozza narra en su libro cómo el clan de los Parr se ganó el favor de los mexicano-estadounidendes, el 90% de la población en Duval, porque a diferencia de otros terratenientes de origen anglo, ellos eran percibidos como benévolos.

El patriarca Archie era un cowboy que emprendió carrera en la política local. Un día de votación un grupo de 'anglos' mató a tiros a tres mexicanos en la calle principal de San Diego, la sede del condado de Duval, y Archie Parr se puso del lado de los mexicanos.

Su hijo George heredó su popularidad entre los mexicanos. Hablaba un fluido español que incluía los giros lingüísticos propios de la frontera e hizo un esfuerzo por conocer los nombres y apellidos de los residentes. Los Parr ayudaban a los vecinos cuando tenían enfermedades, pagaban la comida a los hambrientos y corrían con los gastos de los funerales.

Pero lo cierto es que los mexicanos de Duval y alrededores vivían en la miseria y los terratenientes de la zona, también protegidos por los Parr, pagaban salarios de subsistencia a pesar de que el sur de Texas vivió un boom petrolero durante las décadas de imperio político de la familia.

Mientras, el clan Parr se enriqueció de modo ilícito. George tenía una compañía de construcción a la que el condado de Duval adjudicaba todo contrato de obras de carretera. También controlaba la distribución de cerveza, la única autorizada en el condado, y tenía una compañía petrolera que explotaba 130 pozos.

"No he encontrado ninguna evidencia de que (George) Parr jamás intentara mejorar las condiciones de vida de las decenas de miles de latinoamericanos forzados a vivir en villas sórdidas, con salarios de semihambruna, a lo largo de sus dominios", escribió en 1951 Gordon Schendel en un reportaje en la revista Collier's Weekly.

La maquinaria de Parr alcanzó su apogeo en la elección primaria que le dio un escaño en el Senado a Johnson (entonces ganar una primaria demócrata en los estados del Sur era garantía de victoria al ser el partido que defendía la segregación racial preferida por la mayoría blanca).

En 1976, poco después de que Parr y Johnson murieran, el juez de elecciones Luis Salas que llenó la urna con 200 votos falsos para Johnson se confesó culpable en una entrevista con la agencia Associated Press.

“Johnson no ganó esa elección, fue robada por él y sé exactamente cómo se hizo", confesó Salas que explicó que prefería hablar para "quedarse con la mente en paz y para revelar a la gente la corrupción de la política". También dijo que se había asegurado de que no sufriría consecuencias legales por su revelación, probablemente refiriéndose a que el crimen había prescrito.

En la urna que pasó a la historia como la Caja 13 (Box 13) aparecieron los votos de los muertos, los desaparecidos y los que no tenían ni idea de que había transcurrido una elección.

"Teníamos el control de la ley", afirmó Salas en aquella entrevista. "Teníamos un control de hierro. Si un hombre se nos oponía, lo poníamos fuera de negocio. Parr era el Padrino. Tenía control de vida o muerte".


Los métodos de Parr para hacer que sus candidatos ganaran eran de lo más variado. Según Carrozza, llegó a poner una tienda de campaña con tequila frente a un precinto de votación para atraer a los votantes a los que también les pagaba el impuesto de votación a cambio de que rellenaran las papeletas de acuerdo a sus deseos. Otros investigadores han relatado cómo jefes políticos del sur de Texas, como James Wells en el condado de Cameron, hacían traer votantes de la ciudad mexicana de Matamoros para engrosar las urnas.

Parr también ayudó a Johnson en 1960 cuando éste era candidato a vicepresidente en la elección que ganó John F. Kennedy. Entonces en los medios de comunicación se impuso la idea de que los mexicanos de Texas apoyaron a Kennedy en masa gracias al catolicismo del candidato y la campaña 'Viva Kennedy', pero el biógrafo de Johnson Robert Caro ha sembrado dudas recientemente sobre si la mano de Parr fue decisiva en la ajustada victoria en Texas de 46,000 votos de Kennedy sobre Richard Nixon.

En Illinois, Kennedy ganó por solo 8,800 votos, gracias en gran parte a la intervención de otro jefe político, el alcalde de Chicago Richard J. Daley. Si Nixon hubiera ganado en Texas e Illinois se habría impuesto en aquella elección.

Por aquella época, el régimen de Parr comenzaba a tambalearse. Los mexicanos que volvieron de la II Guerra Mundial aprovecharon la G.I. Bill para conseguir educación universitaria y comprendieron que podrían progresar por sí mismos.


Por otro lado las autoridades locales, estatales y federales aumentaron su presión contra Parr con el paso de los años. Sus detractores le acusaban de ordenar asesinatos y de desfalcar millones de dólares, pero durante mucho tiempo las investigaciones sobre sus actividades no dieron resultados, aunque llegó a pasar nueve meses entre rejas por evasión de impuestos en 1936.

Asediado por sus enemigos, en 1974 fue sentenciado de nuevo por evasión de impuestos y se quitó la vida al año siguiente cuando su demanda de apelación fue rechazada. Tenía 74 años. Un año antes, su heredero, su sobrino Archer Parr, había sido condenado por una Corte Federal por haber mentido al gran jurado que condenó a su tío.

Miedo

Los expertos aseguran que el fraude electoral es mucho menos frecuente en la actualidad tras la aprobación de varias leyes federales que han establecido salvaguardas.

"Las maquinarias políticas aún existen en algunos condados pero son menos prevalentes y las salvaguardas contra el fraude son mucho más fuertes", dice Justin Levitt, profesor de la Loyola Law School. Los casos de fraude son más frecuentes en las elecciones municipales con pocos votantes porque el incentivo es mayor, dado que un pequeño número de votos puede inclinar la balanza.

En mayo de este año estalló un escándalo por fraude electoral en una elección local West Dallas, Texas, y el año pasado una elección en Riviera Beach, Florida, se vio afectada por acusaciones de fraude.

Los jefes políticos acabaron cayendo tras las reformas, pero también, como en el caso del clan de Parr, por la propia educación política de los residentes.

"Las maquinarias políticas tendían a durar una generación a lo sumo", dice Luis DeSipio, politólogo en University of California, Irvine. "En el caso de los Parr su control duró un poco más porque en su territorio había una gran cantidad de población mexicano-estadounidense analfabeta".

Las sospechas de corrupción electoral siguen pesando sobre la zona del sur de Texas. Algunos ven como una forma de fraude el trabajo de las 'politiqueras', trabajadoras de campaña que movilizan a sus vecinos para ir a votar. Algunas 'politiqueras' han sido condenadas por sobornar a los votantes con cerveza, cigarros o cocaína. Otros defienden que las politiqueras simplemente prestan un servicio a votantes que no conocen el sistema.

Aunque han pasado más de cuatro décadas y la familia Parr ya no tiene poder, el nombre de Parr ha dejado una huella profunda. "Hasta los más jóvenes han oído hablar alguna vez de él", afirma la periodista Melissa Trevino, del diario local Alice Echo News Journal.

Carrozza dice que en Duval siguen teniendo aprensión al viejo cacique: "Aún hoy te encuentras con gente que no quiere hablar de él por miedo a represalias".


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