Cuando el presidente Donald Trump se postuló por primera vez para el cargo, señaló a China como una amenaza para la economía estadounidense, asegurando que había desmantelado las fábricas del país y erosionado a la clase media.
Antes Donald Trump se burlaba de China; ahora, recibirá con una carpeta roja a Xi Jinping
En este análisis se describe cómo el presidente Trump, ha tenido que ir transformando su discurso sobre China y cómo su actitud hacia Xi Jinping, ha permitido un supuesto mejor entendimiento entre los EEUU y el país asiático
Ese discurso de mano dura ayudó a Trump a llegar a la Casa Blanca hace una década; sin embargo, desde entonces se expresa cada vez más en términos elogiosos sobre el presidente chino, Xi Jinping, el rival geopolítico a quien Trump agasajará este jueves con una cena de Estado.
“Es un gran caballero; nos llevamos genial”, afirmó Trump este mes. “Tenemos una relación comercial muy buena y, ya saben, son un competidor y todo eso, pero mantenemos una relación muy buena con el presidente Xi”.
Tema tras tema, el mandatario republicano le ha pasado por alto diversas cuestiones a Xi.
Trump restó importancia a los informes de que China había suministrado imágenes satelitales a Irán, señalando: “Creo que se ha comportado razonablemente bien”. Tras acusar a Beijing de haber accedido a los registros electorales estadounidenses allá por 2020, Trump insinuó reticencia a tomar represalias: “Creo que hoy China es quizá un poco diferente de lo que era entonces”.
La generosidad de Trump llega en momentos en que China y Estados Unidos libran una pugna por el liderazgo global, mientras varios aliados tradicionales de Washington replantean sus estrategias. China ha ampliado su predominio manufacturero y ha incursionado en tecnologías punteras como la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos, lo que supone un riesgo para las economías de EEUU, Alemania, Italia, Francia, Corea del Sur y Japón, entre otras.
Trump intentó plantar cara a China con aranceles, pero la medida resultó contraproducente
Incapaz de modificar el comportamiento de Beijing, Trump ha optado por la hospitalidad.
Viajó a Beijing en mayo y ambos dirigentes podrían verse de nuevo dos veces más este año en foros internacionales. Trump ordenó habilitar un helipuerto en el jardín sur de la Casa Blanca previo al arribo de Xi y lamentó que su salón de recepciones no esté listo para recibir al dignatario chino.
Aunque Trump insiste en que EEUU le saca amplia ventaja a China, su empeño del año pasado de plantarle cara mediante un paquete escalonado de aranceles le salió el tiro por la culata. China posee un virtual monopolio de las tierras raras empleadas en la electrónica y lo aprovechó como palanca para forzar una tregua comercial con Trump.
“Trump dio un giro radical a su estrategia hacia China debido a que su tentativa inicial de fijar gravámenes desorbitados y restricciones a las exportaciones fracasó”, señaló Michael Kovrig, asesor sénior del International Crisis Group. “Xi y Trump entraron en una prueba de fuerzas, y Xi salió vencedor”.
Entre tanto, Trump ha socavado en gran medida las alianzas económicas y de seguridad nacional que en el pasado podían ejercer presión sobre Beijing, indicó Kovrig, exdiplomático canadiense que estuvo detenido en China durante el primer mandato de Trump.
Trump se ha burlado del presidente francés Emmanuel Macron durante sus discursos. Se ha mostrado errático respecto a la OTAN luego de que varios de sus miembros evitaran respaldar plenamente su decisión de iniciar una guerra con Irán. Asimismo, abrió una disputa comercial potencialmente feroz con Canadá, un histórico aliado al que ha provocado llamándolo el 51.º estado norteamericano.
“Le está haciendo el juego a Xi aplicando sus tácticas de división y, de paso, ayudándole a posicionar la narrativa de que China es una potencia más estable y responsable”, precisó Kovrig. “Esto ha provocado una ola de mandatarios occidentales visitando Beijing para afianzar y mejorar sus vínculos con Xi, con el fin de poder centrarse en sortear los contratiempos que Trump les está generando”.
La relación de Trump con Xi deja ciertos réditos simbólicos
Trump puede exhibir algunos logros simbólicos gracias a su cordial relación con Xi.
Frente a los tres encuentros al margen de cumbres internacionales que Xi sostuvo con el presidente demócrata Joe Biden, Trump habrá consolidado un par de visitas de Estado recíprocas, muestra de que los líderes de las dos mayores economías mundiales dialogan con soltura.
El déficit comercial de bienes con China disminuyó en comparación con el mismo período de 2025, según datos de la Oficina del Censo, si bien la administración ha advertido que Beijing parece estar desviando un mayor volumen de mercancías a través de terceros países como Vietnam para sortear los aranceles.
Los aranceles vigentes no han frenado el sector industrial chino. El gigante asiático encontró mercados alternativos y arrinconó a competidores de otros países industrializados. China incrementó sus envíos de mercancías al resto del planeta, alcanzando el año pasado un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares, al tiempo que sus vehículos eléctricos de bajo coste socavan el sector automotriz en Alemania, Japón y Corea del Sur.
Incertidumbre sobre si la visita del jueves arrojará acuerdos políticos concretos
Tanto China como EEUU aprovechan la pausa arancelaria para tomar posiciones. Beijing refuerza su poderío militar y sus capacidades en IA a pesar del acceso restringido a chips avanzados. Por su parte, la administración Trump promueve acuerdos estratégicos para extraer y procesar tierras raras.
Trump también apuesta por que Estados Unidos ponga el pie en el acelerador del desarrollo de la inteligencia artificial, a pesar de las reticencias de los votantes ante los centros de datos y las recientes advertencias sobre seguridad emitidas por las firmas punteras del ramo. Esta semana declaró en redes sociales que cualquiera que ralentice la IA le hace el favor a China, puesto que dicha tecnología será “el mayor motor de desarrollo económico de la historia: más grande que el petróleo, el oro, los diamantes o incluso la propia internet”.
No obstante, sobre China pesan también acusaciones de que sus firmas de IA se entrenan con modelos estadounidenses, un verdadero dilema para Trump y la economía en caso de que la IA defina la hegemonía global.
Con todo, el fiscal general Todd Blanche declaró ante la prensa en la Casa Blanca la semana pasada que es “injusto encasillar a China en bloque” como un “actor malicioso” en materia de IA.
Al ser consultado sobre si Trump pondría el tema sobre la mesa ante Xi, Blanche respondió: “Ambos presidentes gozan de una gran sintonía... Se entienden bien y cierran acuerdos juntos”.
Por regla general, las visitas de Estado suelen culminar con compromisos normativos o comerciales tangibles. No está claro qué frutos rendirá el encuentro de este jueves, y cabe la posibilidad de que el principal resultado tangible sea la relación personal en sí misma, más allá de metas nítidas o verificables, argumentó Evan Medeiros, profesor de la Universidad de Georgetown.
Ello podría suponer que EEUU no se esté posicionando con la debida contundencia para medirse con Beijing, advirtió Medeiros, quien fuera director para China en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Obama.
“Tenemos a un presidente con un estilo personalista que cree en las afinidades individuales y que busca llevarse bien con Xi Jinping por la mera estampa de mostrar cordialidad”, añadió Medeiros. “El inconveniente es que ese enfoque particular llega en el momento exacto en que necesitaríamos intensificar la competencia en todas sus dimensiones”.









