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Mitin de campaña de Sanders en Louisville, Kentucky
Diego M. Bucio
Opinión

Productor y promotor de la cultura entre Estados Unidos y México

¡Viva Bernie, viva la revolución!

¡Viva Bernie, viva la revolución!

“Esta es la actual realidad estadounidense: donde hay diversidad cultural hay segregación”.

Mitin de campaña de Sanders en Louisville, Kentucky
Mitin de campaña de Sanders en Louisville, Kentucky


Asistí al mitin de Bernie Sanders en Kentucky, al inicio como voluntario, después como un escéptico de la democracia basada en superdelegados y no en la real mayoría, y al final como un espontáneo representante de miles de trabajadores anónimos que merecen algo más que la esperanza. Latinoamericanos que son parte innegable de esta sociedad estadounidense, pero que en algunos casos lucen como fantasmas transparentes que no pueden ser oídos ni vistos ni ser tomados en cuenta. Nuevos soldados de tiempos modernos que sacrifican su tiempo, sus valiosos años que no vuelven, por las futuras generaciones que dejan atrás, en sus hogares y orígenes.

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El migrante no lo es solo por la distancia que se erige kilómetros al sur de la frontera y el sentimiento de sentirse como un extraño, sino por la segregación que intencionalmente se fomenta por un sistema de doble moral, que necesita de esta dura labor, de las fuerzas de todas esas manos, pero que no reconoce al trabajador ni lo dignifica como un ser humano en igualdad. Por esa necesidad sistemática y política de ser llamados “los otros”, los sin-nombre, es que un político con una larga y congruente carrera política, como Bernie Sanders, cobra vital importancia; no solo para los hispanos, sino para el entendimiento de esta cultura norteamericana en general, que lejos de reconocerse como plural y diversa, aún se niega a sí misma, al drogarse del miedo y el odio que históricamente ha manipulado a los desinformados, causando discordia, violencia y desolación.

Así que decidí hacer mi pequeña parte, asistir y contribuir en el único camino que considero es el más sensato para este país: el único que es completamente independiente y que es parte de un movimiento ciudadano. Entonces, me puse mi playera de “Vote for Pedro”, (al no tener ninguna de Bernie), y mientras caminaba las incontables cuadras hacia el Waterfront, pensé en los paralelismos electorales que sufrimos en México y el sistema político tan decadente, que es controlado por una oligarquía, misma que se procura y protege a sí misma de toda posibilidad de cambio y redención, corrompida por los medios y las corporaciones que imponen sus reglas en un juego que no pueden perder, como lo demostraron los dos fraudes presidenciales electorales pasados en México (2006 y 2012).

Es en esta parte crucial en la que Sanders no solo es diferente, sino que además es efectivo y legítimo: él ha recolectado fondos para su campaña política directamente de la gente, de sindicatos que representan a los trabajadores, de familias a las que no les sobra el dinero. Todos ellos contribuyen con la Revolución Política de Bernie, albergando la ilusión de que las cosas sí pueden cambiar, terminando con el obsceno contraste de riqueza entre los que lo concentran todo (el infame 1%) y una gran mayoría de los que no tienen nada.

Sanders ha logrado una victoria desde ahora, al traer estos temas a la mesa y al reivindicar la política como una practica individual de libre elección, tolerancia y diálogo, y no como la simple repetición de propaganda y del sermón que las corporaciones, lideradas por Wall Street, que pretenden imponer, como lo han hecho desde décadas atrás. Ninguno de los candidatos puede decir lo mismo: desde el inicio, la fuerza política de Sanders ha involucrado por completo a cada uno de los individuos de su proyecto social-demócrata, empoderándolos e integrando un frente común que no tiene un referente histórico en este país.

Como migrante en los Estados Unidos, he vivido principalmente en Nueva York, y más recientemente en Louisville, Kentucky. Sin embargo, mi situación ha sido diferente a la de la mayoría de mis paisanos, ya que he residido legalmente desde hace más de dos años para trabajar como productor y tour manager de orquestas y bandas, aunque en realidad también hago muchas otras cosas como diseño gráfico, enseño español y también fútbol. Procuro integrar a la comunidad latina al resto de la sociedad en cada una de mis actividades, construyendo puentes entre las culturas y siendo conscientes de la innecesaria segregación social que existe en cada una de las ciudades y pueblos de Estados Unidos.

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Esta es la actual realidad estadounidense: donde hay diversidad cultural hay segregación. Aquí en Louisville, el ejemplo perfecto es el emblemático Derby de Kentucky, industria en la cual trabaja una gran población de hispanos. Uno puede ver el contraste entre el más exuberante de los excesos monetarios: por un lado, las ganancias millonarias basadas en apuestas bajo una dinámica propia de Las Vegas, y por el otro, las condiciones laborales de los migrantes que literalmente viven arriba de los establos de caballos. Una vez más una corporación es intocable en su estructura de poder y su dinámica abusiva de empleo. Como Sanders lo ha expuesto, el sistema económico depende de la desigualdad social como dinámica operativa. ¿Es esta realidad aceptable en 2016? ¿Por qué no pensar en que esta importante industria podría beneficiar realmente la vida de estos trabajadores e impactar de buena forma a toda la comunidad de Louisville por completo?

De la misma forma, en que Wall Street necesita ser regulado no solo en la cuestión tributaria, sino en las prácticas deshonestas, especulativas y manipuladoras que someten a la economía mundial, estos recursos deben ser canalizados en propuestas como las que solo Bernie ha defendido en toda su carrera política: seguro médico para todos y educación superior libre de deudas. ¿Con qué cara los Estados Unidos pueden decirse una potencia de primer mundo, si su gobierno no puede al menos garantizar educación y salud para todos sus habitantes, migrantes o no migrantes? ¿Es acaso impensable que la gran potencia americana pueda proveer de seguro médico y educación universitaria a toda su población por igual?

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Estamos frente a una coyuntura política importante: se decide entre el cambio o la continuidad (o lo que sería peor, el retroceso con el odio como coerción social). Es tiempo de transformar la actual esfera de poder y el mismo sistema de distribución de la riqueza, es hora de continuar la revolución de las ideas, de reclamar la riqueza del país como parte de su desarrollo humano y material, y no solo de un puñado de familias.

La revolución política de Bernie Sanders —de llevarse a cabo—, no solo impactaría positivamente la vida y la economía de los estadounidenses, sino incluso también la realidad de los países latinoamericanos, que históricamente han sido dominados por esos mismos mercados voraces sin límite ni moral. La sociedad estadounidense tiene la decisión en sus manos, y la población latina es crucial para esta cambio.

Al final, cuando Bernie me llamó al escenario con él, noté que su primera reacción fue el abrazo: el reconocimiento del otro. En ese solo momento él me dijo sin palabras “tú eres parte de esta sociedad, tú eres yo”. Y fue entonces que quise animar a mis paisanos, hermanos de toda Latinoamerica que viven y trabajan en todas las ciudades de Estados Unidos, para darle una oportunidad al cambio. “Viva Bernie!” grité desde el estrado. Solo espero que el eco se mantenga en el aire y sea factor para crear una sociedad más consciente, más justa y sobre todo con mayor tolerancia hacia la diversidad cultural que es parte esencial de la realidad de Estados Unidos.

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¡Hasta la victoria siempre!

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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