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Señor Presidente, basta ya de deportar a refugiados centroamericanos

“Si hemos visto un flujo constante de familias y jóvenes centroamericanos llegar a este país durante los últimos dos años, es porque las mujeres y los jóvenes en estos países han sido víctimas de abusos ineludibles por parte de pandillas y oficiales corruptos”.
Opinión
Estudiante y activista proinmigrantes en Phoenix, Arizona. Originaria de El Salvador. En 2014 ganó su caso de asilo, con apoyo de activistas, tras haber sido detenida a los 17 años.
2016-07-25T08:36:22-04:00


Como muchos que han hecho el viaje largo y peligroso de Centroamérica a la frontera sur de Estados Unidos, yo me vine sola a los 17 años huyendo de la violencia incesante y la pobreza de mi país natal, El Salvador. Venía en busca de un futuro mejor, con sueños y deseos de superación. Y afortunadamente el país me abrió sus puertas.

Pero no todos han tenido la misma suerte. Hace unos días, el gobierno Obama —aparentemente convencido de que esta es una estrategia eficaz para detener el flujo de refugiados de los países del Triángulo Norte— retomó las redadas de familias inmigrantes que vinieron a este país huyendo de las mismas circunstancias.

La verdad es que están muy equivocados. Lo que el gobierno va a lograr si sigue con las deportaciones de niños, jóvenes y madres inocentes a El Salvador, Honduras y Guatemala es la prorrogación de una crisis humanitaria. Deportarlos a los países que se vieron obligados a dejar es igual a sentenciarlos a muerte o a continuar en un ciclo imparable de delincuencia.

Si hemos visto un flujo constante de familias y jóvenes centroamericanos llegar a este país durante los últimos dos años, es porque —más que nadie más— las mujeres y los jóvenes en estos países han sido víctimas de abusos ineludibles por parte de pandillas y oficiales corruptos. La escasez de recursos y la inhabilidad gubernamental para controlar la situación significa que hay generaciones enteras viviendo en la pobreza extrema, bajo temor y sin esperanzas de un mejor futuro.

Lo sé porque lo he vivido de primera mano. En El Salvador viví de los 14 a los 16 años en asilos para huérfanos del Estado, donde sufrí varios abusos físicos y psicológicos. Era como estar en una cárcel para niños y jóvenes donde los prisioneros éramos las víctimas.

La ironía es que haber vivido tantas experiencias horribles dentro de estas instituciones es una de las razones por la que hoy estoy aquí, ya que al llegar a Estados Unidos había un largo historial de los abusos que había sufrido en mi país y las razones por las que yo huía. También tuve la suerte de que un grupo pro-inmigrante me pusiera en contacto con un abogado que me ayudó a pelear mi caso. Por eso soy de las pocas personas dentro de este grupo de refugiados que han podido reunir los documentos requeridos para que las autoridades de inmigración estadounidenses les den asilo y ganen su caso.

Aunque estoy muy agradecida de que este país me haya recibido con los brazos abiertos, veo la injusticia y me angustia muchísimo que el gobierno siga con su plan de deportar a miles que como yo vienen huyendo de lo mismo. Todos los días vivo con el temor constante por la seguridad y el futuro de los que tienen que volver y los que se quedaron atrás.

Mi propio hermano se vio obligado a entrar en la delincuencia para sobrevivir y ahora está en la cárcel. Él, como muchos chicos de su edad, ahora están encerrados o enterrados en cementerios, víctimas de un ciclo que ha generado desesperación.

Tanto los gobiernos de nuestros países de origen como el de aquí no quieren reconocer la realidad que rige nuestras vidas en Centroamérica. Detrás de cada niño, joven, y madre que cruza la frontera hay una historia de trauma.

Desafortunadamente, la mayoría de nosotros no tenemos cómo comprobar que nuestras vidas corren peligro. Pero eso no quiere decir que los gobiernos en cuestión se puedan lavar las manos del riesgo al que nos están sometiendo.

Las cortes de inmigración en Estados Unidos son difíciles de navegar para cualquiera. El proceso se complica infinitamente cuando estamos hablando de niños y jóvenes que no tienen ninguna experiencia con las cortes, que desconfían de las autoridades, y que no tienen acceso a un abogado que les ayude a hacer los trámites necesarios. El sistema de justicia no está sirviendo a estos individuos y las consecuencias son graves.

Muchísimos han alzado su voz para pedirle al presidente Obama que ponga un alto a estas redadas, incluso políticos de su propio partido. Ahora soy yo, en nombre de todos los que hemos sido impactados y los que no tienen como defenderse, quien se lo pido. Señor Presidente, basta ya de deportar a refugiados centroamericanos. Nuestras vidas están de por medio.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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