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Odio a la americana

“Trump es el portador de un odio a la americana que probablemente continuará y se agudizará mientras él permanezca en la Casa Blanca, usando su influyente púlpito para propagar su inquina hacia los vulnerables, que es lo único que le hace sentirse fuerte”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-10-29T12:02:45-04:00

La racha de terror que padecimos la semana pasada, a manos de un terrorista que asesinó a 11 judíos en una sinagoga, otro que asesinó a dos ancianos afroamericanos en Kentucky y un tercero que envió bombas a prominentes figuras demócratas, era previsible e inevitable. Y no comenzó con esos actos de barbarie, sino con el enrarecido clima político que se vive en el país, especialmente desde que Donald Trump se declaró candidato a la presidencia y, sobre todo, desde que finalmente ocupó la Casa Blanca. Desde allí no ha hecho otra cosa que utilizar la influencia del cargo para destilar odio. Odio contra las minorías étnicas. Odio contra los inmigrantes. Odio contra los demócratas. Odio contra republicanos que no le hacen el juego. Odio contra los medios de información. Odio contra las personas LGBT. Odio contra nuestros aliados. Y odio contra cualquiera que critica sus políticas de odio.

Los estadounidenses, por tradición, habían exigido que los políticos que enviaban a la presidencia parecieran moralmente decorosos, incluso más grandes que la vida misma. Algunos mandatarios traicionaron esa expectativa y se comportaron como patanes o abusaron de su poder. Pero la tradición terminó con Trump. Millones le votaron a sabiendas de que tiene un turbio pasado, miente de manera compulsiva y predica la exclusión de algunos. Su prédica irresponsable ha arrojado leña al fuego de nuestras divisiones, las cuales todos sus predecesores en la era moderna habían procurado atenuar. Ellos medían sus palabras, conscientes de que las palabras tienen consecuencias, particularmente si las usa el presidente de Estados Unidos. Trump ha sido la excepción. Y lo ha sido a plena conciencia, porque medra con nuestras divisiones, con los temores que instiga, con los prejuicios de unos contra otros.

No fue pura coincidencia que un republicano radical enviara bombas a prominentes figuras del Partido Demócrata y a un medio informativo a los que Trump fustiga. Tampoco fue coincidencia que un racista consumido por la tirria a las minorías asesinara vilmente a judíos en su templo de oración. Ni que lo mismo hiciera otro racista contra dos afroamericanos en Louisville. Trump lleva años haciendo guiños y fomentando complicidades con racistas así. Y lo hace no solo por oportunismo político, sino porque en el fondo y no tan abajo comparte su monomanía y sus rencores irracionales. Baste recordar el fervor con que promovió el infundio de que el Presidente Obama no nació en Estados Unidos sino en África, la teoría conspirativa a la que le debe su carrera pública.

Las fobias de los terroristas suelen tener raíces personales. Pero los tres que actuaron la semana pasada tenían algo en común: s e inspiraron en el nacionalismo racista –o racismo nacionalista– que fomentan Trump y sus asesores y que facilita la mayoría de legisladores y gobernadores republicanos, algunos aplaudiendo a Trump, otros guardando silencio ante sus mezquindades, otros racionalizándolas.

Trump es el portador de un odio a la americana que probablemente continuará y se agudizará mientras él permanezca en la Casa Blanca, usando su influyente púlpito para propagar su inquina hacia los vulnerables, que es lo único que le hace sentirse fuerte, lo único que, momentáneamente, alivia sus inseguridades. Ni siquiera la brutal actuación la semana pasada de los racistas a los que inspiró ha conmovido o abierto los ojos de muchos de sus seguidores. Por algunos medios se pasean comentaristas que con cinismo distancian al presidente de las acciones de los terroristas; o que las atribuyen a supuestas conspiraciones para desacreditarle.

La presidencia de Trump se ha erigido sobre la falsa premisa de que Estados Unidos debería ser solo para los fuertes, no para los débiles, tal y como los concibe la mentalidad maniquea y primitiva del presidente y sus cómplices. De ahí sus crueles medidas contra los inmigrantes y las minorías étnicas. Su gobierno nació del odio y la exclusión. Y de ellos se alimenta. La violencia que padecemos es solo una manifestación extrema de este fenómeno. No hay que tener mucha imaginación para predecir que el odio a la americana, y la violencia que lo acompaña, se agravarán mientras Trump permanezca en la Casa Blanca.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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