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México no tiene que ser la policía migratoria de Trump

“Hay claros indicios de que el gobierno de México es consciente de lo que debería hacer para manejar la crisis con responsabilidad y visión. Y para no tener que saltar cada vez que Trump le grite improperios humillantes”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias
2019-07-01T11:36:22-04:00

En los últimos días hemos visto imágenes alarmantes de lo que en la practica significa el nuevo papel de México de policía migratoria del presidente Trump. Asalto policial a La Bestia, el peligroso tren que suelen abordar muchos migrantes para acercarse a la frontera con Estados Unidos; redadas en hoteles y casas de tránsito; un ataque a balazos, con saldo de una joven muerta, a un autobús que transportaba migrantes cuyo chofer rehusó obedecer el alto que le había dado la policía; y la muerte de otra joven que cayó bajo las ruedas de un tren de carga. Es apenas el comienzo de lo que amenaza con convertirse en una carnicería siniestra e inútil, pues ni siquiera está claro que desalentaría de forma decisiva la fuga de personas desesperadas de sus países y comunidades de origen.

La fanática e histérica insistencia del presidente Trump ha sido el detonante de la nueva o renovada persecución de migrantes mayormente centroamericanos y cubanos en México. También su amenaza de imponer aranceles onerosos a los productos mexicanos que ingresan a Estados Unidos, lo que sin duda asfixiaría la economía mexicana, disparando el desempleo, la pobreza e, irónicamente, el éxodo migratorio.

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador actúa por consiguiente bajo las presiones de un chantaje político y comercial que socava los estrechos lazos de amistad y cooperación que cuidadosamente habían labrado sucesivos gobiernos a ambos lados de la frontera. Pero eso no significa que no tiene responsabilidad en la forma en que responde a las coacciones de Trump y en el trato a los migrantes. La tiene. Es grande. Y por su conducta y por los resultados se le juzgará.

Al inicio de su mandato, López Obrador prometió crear una guardia nacional para tratar de frenar la galopante violencia criminal en México, algo en sí controversial porque despierta la sospecha de que podría convertirla en su guardia pretoriana. Pero ahora resulta que la está utilizando, en parte, para perseguir y detener a migrantes que ingresan por la frontera sur mexicana y a los que intentan cruzar la frontera norte hacia Estados Unidos. La actuación de éste y otros cuerpos armados amenaza con agravar los abusos que ya padecían muchos migrantes en México a manos de funcionarios y policías corruptos y sobre todo del crimen organizado. Este último controla buena parte del flujo de extranjeros de paso por comunidades fronterizas, donde las balaceras son constantes y donde se explota económica y sexualmente a hombres, mujeres y niños.

Se entiende, se justifica y hasta es posible admirar el lenguaje mesurado con que López Obrador y sus asesores han respondido a las frecuentes provocaciones retóricas de Trump. A palabras necias, oídos sordos, enseña el sabio refrán popular. Pero México no debería remedar tampoco la estrategia de Trump de reaccionar con mano dura –implacable y ciegamente– al fenómeno de la inmigración en masa. Su mejor apuesta seguirá siendo una mezcla inteligente y sensible de trato compasivo a los extranjeros que llegan a territorio mexicano y asistencia a los países que están enviando la mayor cantidad de migrantes para frenar la estampida.

México, desde luego, no puede responsabilizarse solo por esa ayuda. Necesitará crear una coalición de naciones prósperas y solidarias que la acompañen en el esfuerzo. Algunas podrían acoger inmigrantes que fortalezcan su fuerza laboral. Todas podrían contribuir a un programa de desarrollo sostenible en los países pobres de Centroamérica; y comprometerse por velar por la democracia y el respeto a los derechos humanos en todo nuestro hemisferio, donde la frecuente ausencia de esos valores también impulsa el éxodo, como sucede en Cuba y Venezuela.

Hay claros indicios de que el gobierno de México es consciente de lo que debería hacer para manejar la crisis con responsabilidad y visión. Y para no tener que saltar cada vez que Trump le grite improperios humillantes. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, alude a menudo a la necesidad de crear un Plan Marshall de ayuda internacional a Centroamérica. Y hace unos días, López obrador manifestó: “Es claro que, ante esta realidad amarga y dolorosa, no se puede orientar la solución solo a cerrar fronteras o al uso de la fuerza. Lo más eficaz y lo más humano, es enfrentar el fenómeno migratorio combatiendo la falta de oportunidades de empleo y la pobreza, para lograr que la migración sea opcional, no forzada”.

De la teoría a la acción, desde luego, hay un gran trecho. El gobierno mexicano deberá recorrerlo, con todo el esfuerzo, la inteligencia y los recursos que eso implica, para no sucumbir a la tentación de “trumpificar” su política migratoria, convirtiendo a los migrantes en México en víctimas aleatorias y en chivos expiatorios. Los emigrantes buscan prosperidad, seguridad para trabajar y respeto básico a su humanidad, es decir, lo mismo que hemos buscado todos los que alguna vez hemos emigrado de nuestros países de nacimiento. Y solo dejarán de buscar esas condiciones afuera cuando las puedan encontrar en su propia tierra.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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