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Medio Oriente: la solución de los problemas pasa por las palabras, no por las balas

“La única forma en que este conflicto va a cesar es con un término medio, en el que los bandos aceptan el derecho mutuo a existir y a la soberanía”.
Opinión
Presidente de la firma ProsperoLatino y estratega demócrata. Previamente fungió como asesor del líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid.
2018-06-07T09:47:23-04:00
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GAZA CITY, GAZA - MAY 14: A child overcome by tear gas is rushed to medics at the border fence with Israel as mass demonstrations continue on May 14, 2018 in Gaza City, Gaza. Israeli soldiers killed at least 41 Palestinians and wounded over a thousand as the demonstrations coincided with the controversial opening of the U.S. Embassy in Jerusalem. This marks the deadliest day of violence in Gaza since 2014. Gaza's Hamas rulers have vowed that the marches will continue until the decade-old Israeli blockade of the territory is lifted. (Photo by Spencer Platt/Getty Images) Crédito: Spencer Platt/Getty Images

En el Medio Oriente todo lo que se ve no es, y no todo lo que se ve es. Tal vez no haya un mejor ejemplo de eso que la dolorosa situación que se vive entre el territorio palestino de la Franja de Gaza e Israel, una región que hace poco tuve la oportunidad de visitar.

Para refrescar la memoria un poco, que se nos embota a raíz del torrente de noticias que llueven a diario, esta región hace poco vio el enfrentamiento entre miles de personas armadas con piedras y cócteles molotov en contra del ejército israelí, una de las fuerzas mejor entrenadas y armadas del planeta. Actualmente Gaza está sitiada tanto por Israel como por Egipto. El saldo de la jornada del 14 de mayo fueron 60 muertos, con un total de 112 muertos y 13,000 heridos desde que comenzaron las protestas en contra de Israel el 30 de marzo. En este momento, las protestas se han convertido en un intercambio militar abierto con fuego de mortero y cohetes lanzado desde Gaza y la respuesta de Israel.

La realidad que vimos fue exacerbada aún más por la inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, un acto que también caldeó más los ánimos y que creó un crudo contraste entre frivolidad y muerte. La narrativa que surgió de esta situación fue la de una potencia militar arrollando a una turba de desplazados reclamando su tierra.

Pero antes de la confrontación abierta, la respuesta a las protestas se había convertido en un desastre de relaciones públicas para Israel. La narrativa que surgió de esta situación fue la de una potencia militar arrollando a una turba de desplazados reclamando su tierra.

Pero en Medio Oriente el calor del desierto fácilmente distorsiona las imágenes.

No hay duda que la respuesta de Israel no luce para nada conmensurada con el reto que tenían por delante. Pero antes de rotundamente asignar el 100% de la culpa al ejército israelí, también vale la pena recordar a groso modo cuáles son los orígenes del conflicto y que es Hamás, el grupo terrorista que atizó las protestas.

Primero que todo, Hamás es considerado como grupo terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos, Egipto y Arabia Saudita. Este grupo fundamentalista ha sido acusado por organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch, de efectivamente convertir a la población civil de Gaza en escudos humanos al lanzar cohetes desde zonas residenciales. Hamás también tiene un macabro historial utilizando ataques suicidas contra la población civil en Israel, incluyendo el de un hombre bomba que mató a 30 personas e hirió docenas en un hotel en la ciudad de Netanya en el 2002. Como si fuera poco, su enemigo acérrimo después de Israel es el grupo palestino Fatah, quienes gobernaron en Gaza (y hoy controlan el gobierno de Cisjordania) antes de que Hamás los expulsara en un violento enfrentamiento en el 2007. Hoy en día colaborar con Fatah, Hamás lo castiga con tortura y hasta una ejecución.

No son precisamente monaguillos. Este es tristemente el grupo que controla la población de Gaza. A pesar de numerosas advertencias por parte de la fuerzas armadas israelíes, Hamás incitó a la población civil a lanzarse contra la cerca que marca la frontera con Israel durante las protestas de mayo, lo que contribuyó grandemente al derramamiento de sangre. Según algunos reportes, militantes de Hamás falsamente le decían a la muchedumbre que los israelíes habían abandonado sus posiciones. La meta de Hamás, a final de cuentas, era entrar a Israel y tomar posesión de tierra que reclaman, en efecto buscando la desaparición del estado judío, tal como reza la Carta de Fundación de Hamás.

“Borraremos la frontera y les arrancaremos los corazones de sus cuerpos”, dijo Yahya Sinwar, líder de Hamás en Gaza, según la revista The Economist.

Otra cosa que vale pena recordar con un rápido repaso histórico, es que no se puede simplificar a Israel como agresor. Por razones de espacio, es difícil cubrir aquí 3,000 años de historia política, pero vale la pena recordar el principal detonante del conflicto actual: la declaración en 1948 de dos estados en la región, uno palestino y uno judío, por las Naciones Unidas. Para los países árabes de la región, y para los palestinos, esto fue inaceptable e invadieron Israel por todos los costados. Pese al enfrentamiento desigual, Israel ganó la llamada Guerra de Independencia. Para los palestinos que se vieron en el bando perdedor esta fue la Nakba, o catástrofe, por la expulsión de cientos de miles de ellos de sus tierras ancestrales.

Desde entonces el estado judío ha puesto sobre la mesa varias ofertas de paz, pero al igual que los sectores de derecha israelitas, también ha habido una tendencia por las soluciones absolutas por el lado árabe. El segundo enfrentamiento armado, conocido como la guerra de los Seis Días, ocurrió en 1967 cuando nuevamente los países árabes colindantes con Israel desplegaron sus ejércitos. En este rápido conflicto, Israel capturó Cisjordania, toda Jerusalén y amplios territorios al norte y al sur.

Aun después de una victoria decisiva, Israel le cedió el control del famoso Monte del Templo a la comunidad musulmana y le ofreció concesiones territoriales a los países árabes a cambio de paz. La respuesta emitida de una cumbre árabe en Sudán fue un rotundo “no”.

Nuevamente en 1973, los países árabes atacaron a Israel. La llamada guerra de Yom Kipur, iniciada el día más sagrado del calendario judío, terminó donde comenzó, sin ganancias territoriales para nadie. Sin embargo tras este conflicto Israel y Egipto firmaron un importante tratado de paz en 1978. Unos años más tarde un grupo terrorista islámico asesinó al presidente egipcio Anwar Sadat, como represalia por el tratado de paz.

Desde entonces se han dado algunos pasos positivos, como la firma de paz entre Israel y Jordania. Pero en general el extremismo ha ganado. Por el lado Israelí, en el 1995 un extremista judío asesinó al Primer Ministro Isaac Rabin, también por buscar la paz con los palestinos en las negociaciones conocidas como Los Acuerdos de Oslo.

En este momento Hamás insiste en la desaparición de Israel. Fatah, el partido que controla Cisjordania, se niega a negociar. En Israel, el gobierno es controlado por la coalición derechista de Benjamin Netanyahu, quien le apuesta a la mano dura y en el pasado fue sorprendido diciendo en un video que socavaría los Acuerdos de Oslo. Netanyahu también ha visto su popularidad aumentar por sus posiciones de mano dura. Existe un dicho en Israel que pregunta por qué nadie le puede ganar a Bibi (el apodo de Netanyahu). Y es que la mayoría de israelíes no gustan de sus tendencias autoritarias, pero duermen felizmente por la noche, reza la respuesta.

La única forma en que este conflicto va a cesar es con un término medio, en el que los bandos aceptan el derecho mutuo a existir y a la soberanía. Pero lo principal es que las poblaciones tanto israelíes como palestinas le apuesten a líderes moderados, no a los extremistas que solo creen en el imperio de la fuerza y que solo ven las vidas de sus pueblos como medios, y no como fines.

Todo esto desemboca en el enfrentamiento de las últimas semanas, solo una de las facetas del conflicto. En resumidas cuentas, los hechos de las últimas semanas no se puede simplemente reducir a una dicotomía en la que Israel, por ser la potencia, inmediatamente es tildado como el agresor, y el pueblo de Gaza gobernado por Hamás, por ser los más débiles, como víctimas. Aquí hay culpa para repartir por ambos lados y también ambos lados tienen la obligación de buscar una solución con palabras; no con balas y cohetes, que no han llevado a otra cosa más que a funerales.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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