null: nullpx

Los jóvenes inmigrantes como yo pagan el precio de un sistema de inmigración roto

"Es hora de que el Congreso cumpla su promesa (...) DACA no certifica lo que le pueda pasar al futuro de los jóvenes indocumentados que no recuerdan ni reconocen su país de nacimiento. Un camino hacia la ciudadanía permitiría a los DREAMers mantener su presencia legal en el país que les ha dado todo lo que saben y al cual aman con cariño".
Opinión
Evelyn Osorio
Beneficiaria de DACA y estudiante universitaria becada de TheDream.US.
2021-11-12T14:18:01-05:00
Comparte
People hold signs during a rally in support of the Supreme Court's ruling in favor of the Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) program, in San Diego, California June 18, 2020. - Supreme Court dealt President Donald Trump's anti-immigration efforts a fresh blow Thursday when it rejected his cancellation of a program protecting 700,000 "Dreamers," undocumented migrants brought to the United States as children. (Photo by Sandy Huffaker / AFP) (Photo by SANDY HUFFAKER/AFP via Getty Images) Crédito: SANDY HUFFAKER/AFP via Getty Images

El precio de un sistema de inmigración roto a menudo se paga a costa de inmigrantes jóvenes como yo. Los acontecimientos recientes en el Congreso han bloqueado los intentos de tratar de aprobar una legislación que incluya un camino hacia la ciudadanía. Mientras la lucha por un camino hacia la ciudadanía no ha terminado, cada intento fallido es solo un obstáculo adicional para los DREAMers en la búsqueda de un futuro seguro en el país en el que crecimos.

En mi experiencia como joven inmigrante en los Estados Unidos, luché por encontrar mi identidad, sin entender realmente qué me hacía diferente del resto de mis compañeros. Mis padres me trajeron a los Estados Unidos cuando tenía tres años. Cualquier recuerdo de mi país natal, El Salvador, se ha perdido. No entendía cómo eso me hacía diferente y por qué, a pesar de crecer en las mismas circunstancias que mis amigos, me apartaban del resto de ellos.

Cuando estaba en la escuela intermedia, escuché conversaciones entre mis padres sobre legalizarme. Fue entonces cuando me di cuenta de lo diferente que era de mis compañeros. Mis padres me sentaron y me explicaron que tenía 14 años y que me estaba acercando a los 18 y temían que tuviera que ser deportada. Todo esto fue muy confuso y nuevo para mí. Mientras mis amigos pensaban en la escuela secundaria a la que iban a ir, yo tenía que pensar en mi estatus migratorio y cómo eso podría afectar mi futuro. No quería ir a un país del que no recordaba; toda mi vida había sido en los EEUU.

A los 15 años pasé mi cumpleaños en una corte de immigracion y, a la edad de 16 años, mi familia y yo nos vimos obligados a despedirnos de mi madre mientras esperaba la legalización en El Salvador. A los 18 años, se me otorgó el estatus de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que era una señal de esperanza. Por fin pude trabajar, obtener un número de seguro social, y otros privilegios que no había tenido antes. A los 18, también recibí la beca TheDream.US, que permitió que una estudiante indocumentada de primera generación como yo obtuviera una educación universitaria.

Ahora tengo 19 años. No he visto a mi madre en casi tres años y espero un juicio en la corte que definirá si puedo o no esperar la legalización en Texas, donde me crié, o si tendré que ir a mi país de nacimiento para esperar la legalización allí. Mi experiencia es solo una entre miles, y aunque tengo DACA, es solo una solución temporal que se nos puede quitar en cualquier momento.

DACA no certifica lo que le pueda pasar al futuro de los jóvenes indocumentados que no recuerdan ni reconocen su país de nacimiento. Un camino hacia la ciudadanía permitiría a los DREAMers mantener su presencia legal en el país que les ha dado todo lo que saben y al cual aman con cariño.

Los DREAMers como yo deseamos aportar a la economía de los Estados Unidos y ser miembros permanentes de este país. A pesar de los muchos obstáculos que nos impiden obtener un título y seguir carreras significativas, los DREAMers han logrado perseverar y convertirse en médicos, enfermeras, abogados y maestros. Los beneficiarios de DACA ya han pagado más de $5.6 billones en impuestos federales, $3.1 billones en impuestos estatales y locales, y tienen un poder adquisitivo de $24 billones. Es hora de una solución permanente, una que garantice que podemos permanecer en el país y tener la certeza que necesitamos para continuar con nuestras contribuciones a la economía de los EEUU y a nuestras comunidades.

Es fácil para los legisladores en el Congreso descartar las necesidades de los DREAMers o decir "lo siento, lo intentamos pero no fue el año". Pero me gustaría mirar a los Representantes y Senadores en Washington y preguntarles, ¿qué harían ustedes si estuvieran en mi posición? ¿No le gustaría tener una solución permanente en la que se le ofrezca una vida mejor y tenga más oportunidades, especialmente si se crió en ese país? ¿Y no debería hacer todo lo que esté a su alcance, a través de cualquier proceso disponible, para finalmente cumplir sus promesas?

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


Comparte

Más contenido de tu interés