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Las relaciones entre México y Estados Unidos entran en la nueva era de AMLO y Trump

Mientras México se prepara para la toma de posesión este fin de semana de un nuevo presidente, ¿están cambiando las relaciones entre Estados Unidos y México, o siguen igual?
Opinión
John Feeley, exembajador de Estados Unidos en Panamá.
2018-11-28T11:38:32-05:00

Han pasado cinco meses desde que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó la presidencia de México el 1 de julio con un mandato electoral convincente. Analizando retrospectivamente, el 2 de julio las perspectivas de AMLO no podrían haber sido más alentadoras. El término "victoria arrolladora" estaba en boca de todos.

Sin embargo, en los siguientes cinco meses el mundo no se ha detenido. Mientras se prepara para aceptar la banda presidencial el próximo fin de semana, AMLO y su equipo están haciendo un balance de lo que ha sucedido desde esa eufórica noche de verano en el Zócalo, incluyendo la relación del país con el "coloso del norte", Estados Unidos. Sobre eso ha habido cambios importantes.

Para empezar, se ha negociado un nuevo acuerdo comercial, T-MEC (como han españolizado algunos la sigla USMCA, correspondiente a Acuerdo Estados Unidos, México, Canadá), para reemplazar el TLCAN. Aún no se ha firmado ni implementado. El enviado del nuevo presidente a esas negociaciones, Jesús Seade, se involucró con el equipo del presidente Peña Nieto casi de inmediato –lo cual es un avance positivo para México–. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que los resultados de las negociaciones trilaterales no son tan insatisfactorios como muchos anticiparon. AMLO puede estar agradecido por esto, pues no tenía mucho ancho de banda para dedicarse a negociaciones comerciales prolongadas y polémicas con Estados Unidos y Canadá.

Otro cambio desde el pasado mes de julio es que las elecciones de mitad de período en Estados Unidos representaron un serio revés para el presidente Trump. Aunque de ninguna manera está herido de muerte y todavía es la figura política dominante en Estados Unidos, Trump pronto sentirá la irritación de las solicitudes de información, audiencias públicas y citaciones del Congreso. Si todo eso se combina con la posibilidad de algún tipo de desenlace en la investigación del Fiscal Especial Mueller, Trump probablemente tendrá muy poco tiempo para prestarle atención a AMLO o a México. Esto debería ser una ventaja para AMLO, si de hecho la relación bilateral cotidiana se delega al personal del gabinete y sub-gabinete de ambas partes.

Ese elenco de personajes también ha cambiado desde las elecciones mexicanas. Por el lado estadounidense, John Bolton, funcionario de línea dura, asumió el cargo de Asesor de Seguridad Nacional, mientras que su embajada en México no ha tenido embajador desde la renuncia en mayo de Roberta Jacobson, una respetada diplomática de carrera. Por supuesto, el nuevo secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard; la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y la nueva embajadora de México en Estados Unidos, Marta Bárcenas, se unirán a los gabinetes de seguridad y económico de AMLO para ver quién se convierte en el jefe de las relaciones con los gringos.

Y en esa mezcla de personajes hay un factor constante que no ha cambiado: Jared Kushner.

El yerno del presidente Trump y asesor del Ala Oeste de la Casa Blanca se convirtió rápidamente en el principal coordinador de las relaciones entre México y Estados Unidos durante 2017, cuando el entonces secretario de Estado Rex Tillerson estaba en el proceso de restarse importancia él mismo y restarle importancia al Departamento de Estado. Los observadores informados en la Ciudad de México y Washington están especulando sobre quién surgirá como su nuevo Luis Videgaray, el ex Secretario de Relaciones Exteriores y cerebro de la política de Peña Nieto con respecto a la relación con Estados Unidos. Videgaray realizó literalmente decenas de visitas a la Casa Blanca y tuvo una buena relación personal con el yerno presidencial.

Le susurraba a Jared. Jared le susurraba a Trump. Y Trump tuiteaba exactamente lo que quería: las mismas diatribas antimexicanas en las que basó su campaña en 2016. En respuesta, Peña Nieto dijo poco, y eso le vino bien a la administración Trump. Trump siguió vociferando contra México, contra los inmigrantes y a favor del muro, y el canal más pragmático Kushner-Videgaray continuó haciendo su trabajo, aunque muchos de nosotros siempre creímos que Videgaray lamentablemente confundía el acceso con la influencia.

Ésa debería ser una lección clave que el equipo de AMLO debería asimilar rápidamente: el acceso no necesariamente se traduce en influencia, especialmente cuando se trata de un Donald Trump cada vez más presionado. Al lanzar gas lacrimógeno a través de la frontera hacia una caravana de solicitantes de asilo centroamericanos escandalosos, pero básicamente indefensos, Trump sin duda complació a sus partidarios. Pero lo que es más importante, es casi seguro que aumentó las apuestas mucho más allá de donde el designado Secretario de Relaciones Exteriores Ebrard y el Secretario de Estado Pompeo dejaron sus discusiones fronterizas el 15 de noviembre en Houston, cuando ambos acordaron en principio que México les permitiría a los solicitantes de asilo de Centroamérica permanecer en México mientras sus casos se procesan en los tribunales migratorios estadounidenses, un proceso que a menudo lleva meses, o incluso años.

Así que AMLO ahora tiene proyectiles de gas explosivo volando sobre la frontera hacia territorio soberano de México. Sus ancestros del PRI se están revolcando en sus tumbas. Es poco probable que sus propios partidarios de MORENA le den espacio para quedarse callado como Peña Nieto. Y Trump, siempre un caudillo astuto que pone la lealtad familiar por encima de la competencia, ahora está enviando al miembro más encantador de su círculo íntimo, su hija Ivanka, a la toma de posesión presidencial mexicana junto con el vicepresidente Pence.

Queda por ver quién se convertirá en el interlocutor principal de ella o de su esposo Jared, o si AMLO buscará cambiar la dinámica de cómo se maneja esta relación existencialmente importante. Sin embargo, AMLO tiene una ventaja. Trump no cambiará; es incapaz de hacerlo. Seguirá demonizando a México y a los mexicanos cuando crea que le conviene. AMLO lo sabe. Dependerá solo de él continuar con la táctica de agacharse y cubrirse de Peña Nieto o crear una nueva respuesta mexicana.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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