La semana de los restaurantes en Washington: una fiesta imposible sin inmigrantes

“Suena irónico que estemos bajo una administración presidencial que está haciendo todo lo posible por disminuir la población en cuyo espinazo descansa cada restaurante, cada fabrica empacadora y cada campo de cosecha”.
Opinión
Secretaria de Prensa Nacional de Latino Victory Project.
2018-08-17T11:35:36-04:00

Sobre la mesa de un popular restaurante de comida latina y japonesa, un menú anuncia las ofertas de la “semana de restaurantes” en Washington, D.C., a tan sólo unas cuadras de la Casa Blanca. Entre platillos de yuca frita, tacos de camarón “al pastor”, y las carcajadas y pláticas animadas entre amigos y colegas del trabajo, se festeja un día más de la semana de ofertas (del 13 al 19 de agosto) que la industria restaurantera les brinda a sus clientes. Es un tributo al paladar y al bolsillo ofrecido por una industria cuyo valor nacional se estima que llega a los 799,000 millones de dólares. Esta cifra demuestra lo mucho que los estadounidenses aman la comida restaurantera, ya sea de un estanquillo de tacos exquisitos en la frontera en Texas o de un restaurante de cocina de vanguardia en Manhattan.

Por ello, suena irónico que estemos bajo una administración presidencial que está haciendo todo lo posible por disminuir la población en cuyo espinazo descansa cada restaurante, cada fabrica empacadora y cada campo de cosecha.

Desde que tengo uso de razón, he visto el trabajo arduo que se requiere en la producción de comida. Primero en el pequeño rancho de mi padre en Nuevo León en donde cosechábamos maíz, y luego trabajando en una fábrica en Wisconsin, en donde se procesa y se empacan toneladas de elote, chícharo y betabel cada temporada. A los 16 años trabajé junto a mis padres en esta fábrica y algunas veces me tocaba estar de pie por 10 horas diarias separando la papa podrida del producto junto a señoras mayores que de seguro sentían el mismo dolor que yo en los pies y en la espalda, pero cuyos rostros raramente mostraban una mueca. Lo que se veía era imposible de negar: todos en la fábrica eran inmigrantes o hijos inmigrantes, y casi todos eran mexicanos.

Hoy, al igual que mexicanos, hay guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses, y hondureños entre otros inmigrantes trabajando en la industria de alimentos, casi 2 millones en el sector agricultor y 1.4 millones en la industria restaurantera. Sin embargo, la administración Trump está haciendo todo lo posible por restringir la población inmigrante en este país, especialmente aquella que proviene de países latinos. A pesar de que las redadas y las deportaciones se han llevado acabo por décadas, bajo el mando de Trump han tomado un giro preocupante, ya que van acompañadas de políticas que están diseñadas para impedir la legalización y desnaturalizar a ciudadanos que nacieron en el extranjero. Estas políticas y redadas deben de preocuparnos, tanto por el aspecto humano como el económico. Una industria que contribuye con una cifra tan exorbitante a la economía puede causar consecuencias desastrosas para todo el país si se sigue deportando a su fuente de labor. De ser así, sufriríamos todos.

Al ver reporte tras reporte de redadas que se están llevando acabo en fábricas alrededor del país y al escuchar el rebuzno de un presidente que pide un muro y nos llama criminales, el panorama parece gris y desolador. Pero hay un rayo de esperanza que demuestra que aún vivimos en un país de inclusión y tolerancia. Una encuesta de CBS indica que la mayoría de los estadounidenses tienen una opinión favorable de los trabajadores indocumentados mientras que una conducida por el New York Times indica que un 75% de los estadounidenses piensan que la inmigración es buena para el país. Esto quiere decir que el país aún puede revesar las políticas anti-inmigrantes y esfumar la retórica racista con la que buscan deshumanizar a la comunidad latina e inmigrante. No todo está perdido, pero hay que actuar.

Antes de ordenar un platillo en un restaurante este fin de semana o en cualquier día, debemos tomar algunos segundos para sonreírle y darle las gracias a quien lo sirve. Y si también queremos agradecer a quienes lo cocinan, a quienes piscan las verduras o destazan la carne y a quienes asean los restaurantes, tenemos que ir más allá de dar las gracias y adjuntar una buena propina. Debemos ir a las urnas en noviembre para votar por candidatos que apoyan a la comunidad inmigrante en el Congreso o en las legislaturas estatales y reconocen las contribuciones positivas que esta comunidad le brinda a nuestro país.

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