null: nullpx

La opción militar en Venezuela

“Cualquier opción militar debería obtener el concurso de las víctimas de la dictadura a quienes representan de forma legítima el presidente interino, Juan Guaidó, y la Asamblea Nacional; y por supuesto debería ser el último recurso de las naciones democráticas”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-02-11T11:20:01-05:00

La crisis política de Venezuela cumple en estos días tres semanas. Y ha derivado en un impasse que agudiza las privaciones, el sufrimiento y la incertidumbre de millones de venezolanos. E l estancamiento se manifiesta en la acumulación de ayuda humanitaria del lado colombiano de la frontera porque el régimen de Nicolas Maduro se niega con mezquindad a que ingrese al país y se distribuya entre los necesitados. También se evidencia en la lucha estratégica entre la dictadura y la oposición por el control de las riquezas petroleras de Venezuela. Y en la paulatina deserción de soldados y policías de los cuarteles mientras la mayoría de sus jefes se mantienen leales a la narcodictadura de la que son parte íntegra.

Como recientemente explicara la periodista y escritora Cristina Marcano en “Venezuela y la peste militar” (El País, 8 de febrero), el estancamiento de la crisis venezolana se debe en gran medida a que el país padece una omnímoda y despiadada dictadura militar al estilo de la castrista en Cuba. Además de las armas y los cuerpos de vigilancia ciudadana, los militares controlan “la Tesorería Nacional, la recaudación tributaria, la administración de las divisas, las importaciones estatales, la banca pública, la construcción de obras, el transporte, los puertos y aeropuertos, el servicio de energía eléctrica y el sector alimenticio”. Se aferran al poder como tradicionalmente han hecho en todos los países que han sometido en Latinoamérica , reacios a desprenderse de los privilegios y prebendas que han obtenido mediante la corrupción, el narcotráfico y los abusos, los cuales en Venezuela han llegado a extremos delirantes.

Antes de ceder a las presiones democráticas internas y externas, muchos jefes militares parecen dispuestos a continuar robando, reprimiendo, torturando y asesinando a civiles. Por eso sería un error político y estratégico retirar de la mesa la opción de una intervención militar que le ponga fin a una eventual crisis humanitaria mucho más grave que la que ya sufre Venezuela. Sin embargo, esa opción idealmente debería contemplarse no solo con Estados Unidos, sino mediante una amplia coalición de naciones democráticas, americanas y europeas, que se comprometan a frenar los atropellos, asistir con alimentos y medicinas a los venezolanos y restablecer el orden constitucional en Venezuela lo más pronto posible.

Cualquier opción militar debería asimismo obtener el concurso de las víctimas de la dictadura a quienes representan de forma legítima el presidente interino, Juan Guaidó, y la Asamblea Nacional; y por supuesto debería ser el último recurso de las naciones democráticas. Antes es preciso que aumenten significativamente las presiones sobre el régimen. Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea aún pueden aplicar sanciones económicas que golpeen directamente a los usurpadores y represores, negándoles futuros acuerdos petroleros y acceso a cuentas bancarias e inversiones. De manera concertada también podrían iniciarles una investigación formal por crímenes de lesa humanidad a Nicolás Maduro y los militares que han ordenado y perpetrado los peores atropellos. El modelo a seguir podría ser el proceso contra el autócrata sudanés Omar al-Bashir, a quien la Corte Penal Internacional investiga y por quien cursó dos órdenes de arresto debido a su responsabilidad en el genocidio en Darfur. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, promueve precisamente esta acción, la cual resulta coherente con las leyes y el orden democrático internacionales.

Maduro, como su antecesor Hugo Chávez, es un exponente particularmente diáfano y patético de autócrata que desmantela las instituciones democráticas, fomenta la corrupción y empobrece a su pueblo sin dejar de esgrimir excusas ideológicas. Tiranuelos así existen a ambos lados del espectro político, a la izquierda y a la derecha. En la actualidad proliferan principalmente por la impunidad con que les ha permitido operar el mundo libre, como evidencian, entre otros, los casos de Vladimir Putin en Rusia, Rodrigo Duterte en Filipinas, Recep Tayyip Erdogan en Turquía y Daniel Ortega en Nicaragua. La crisis venezolana asfixia a millones de inocentes y provoca un éxodo constante que afecta a países vecinos. Pero también ofrece una oportunidad excepcional de eliminar a un dictador por el bien de un pueblo entero y como advertencia a otros de su misma calaña.

La coalición de naciones democráticas que han reconocido la presidencia interina de Guaidó y rechazado al usurpador Maduro deberían aumentar las presiones, dejando claro siempre que su objetivo es promover la restauración de la democracia y el estado de derecho en Venezuela y su reconstrucción económica y social; y deberían reconocer que lograr esa noble meta tomará tiempo y exigirá perseverancia. Las dictaduras afines no vacilan en respaldar a Maduro de diversas maneras, incluso el envío de mercenarios que reprimen a la población. Las democracias tampoco deberían vacilar en su apoyo al sueño hoy más cercano de los venezolanos de volver a vivir en libertad y democracia y con expectativas razonables de prosperidad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Publicidad