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La nauseabunda complicidad republicana con Trump

“Me pregunto qué tiene que ocurrir para que el Partido Republicano enfrente de una vez y por todas a este elemento llamado Trump que sigue minando nuestras instituciones democráticas impunemente”.
Opinión
Asesora ejecutiva de America's Voice
2017-05-15T11:45:54-04:00

WASHINGTON, DC – Antes de que el presidente Donald J. Trump removiera de su puesto al hoy exdirector de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, quien encabezaba la pesquisa de la agencia sobre los vínculos entre Rusia y la campaña de Trump, el mismo Comey declaró en una audiencia del panel Judicial del Senado que sintió "leves náuseas" al pensar que reabrir la investigación sobre los correos electrónicos de la entonces candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, haya influenciado las elecciones en favor de Trump.

Y si los acontecimientos de los pasados días –desde el despido de Comey hasta la errática y potencialmente ilegítima conducta de Trump en sus intentos de apabullar la pesquisa del FBI– no le ocasionan severas náuseas, tiene usted un estómago de acero.

La pregunta es qué pasará. Si la larga lista de excesos previos nos ofrece alguna señal, la respuesta sería que no ocurrirá nada, como hasta el momento, pero me sigo cuestionando qué tiene que ocurrir para que el Partido Republicano enfrente de una vez y por todas a este elemento llamado Trump que sigue minando nuestras instituciones democráticas impunemente. Y qué hará el pueblo.

Lo que emerge de la prensa seria que ha seguido adelante con su trabajo pese a los ataques de Trump al llamado Cuarto Poder es una peligrosa y lamentable estela de excesos, propias de un dictadorzuelo de república bananera de quinta categoría.

Pero esto no es nuevo. Desde que aspiraba a la nominación presidencial republicana, Trump se destacó por sus excesos, exabruptos, mentiras y ataques personales que sus seguidores aplaudían, sus subordinados justificaban y los analistas y observadores políticos debatían, declarando a cada oportunidad que ahora sí que Trump habría hecho o dicho algo que le costaría la nominación y la elección.

Pero por razones que todavía no comprendemos del todo, aunque la mano negra de Rusia ofrece alguna guía, Trump siguió hacia adelante llegando el 20 de enero de este año a la Oficina Oval que sigue desgraciando con su conducta.

Lo impresionante es que pase lo que pase, el Partido Republicano como institución y el liderazgo republicano del Congreso son cómplices por asociación, silencio y cobardía.

Lo ocurrido la semana pasada es lo suficientemente peligroso como para finalmente encarar a Trump, pero el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, y el líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, se comportan como un par de temerosos avestruces que entierran la cabeza para no enfrentar la realidad. Anteponen la política partidista a la nación.

No pasaré revista por todo lo que ha hecho Trump, pero solo piense en la semana pasada y los días previos al despido de Comey.

El exdirector del FBI solicitó más recursos para la pesquisa en torno a Rusia y sus potenciales lazos con figuras de la campaña de Trump. Al poco tiempo Trump despide a Comey, no frente a frente sino como un cobarde, cuando Comey se encontraba en Los Ángeles, y sin previo aviso. Los contorsionistas voceros de Trump aseguran a Estados Unidos y al mundo que el despido de Comey no tuvo nada que ver con la pesquisa sobre Rusia sino con la recomendación que formuló el Secretario de Justicia, Jeff Sessions, basado en un memorando del subsecretario de Justicia, Rod Rosenstein, que ridículamente concluye que el manejo de Comey de la pesquisa en torno a Clinton ameritaba su despido; aunque como candidato, Trump explotó esa pesquisa sobre Clinton a su favor. Pero luego, el propio Trump admite en entrevista con NBC que Rusia sí jugó un papel en su decisión de despedir a Comey rozando peligrosamente la posibilidad de obstrucción de justicia al tratar de influir en una pesquisa que potencialmente pudiera afectarlo.

Pero no queda ahí. Se va a Twitter a decir locuras, incluyendo una velada amenaza a Comey dando a enteder que hay cintas de las conversaciones entre Trump y Comey. Dijo incluso que en tres ocasiones Comey le aseguró que él, Trump, no estaba bajo investigación.

Por si fuera poco, recibe en la Oficina Oval al canciller ruso, Serguei Lavrov, y al embajador ruso en Estados Unidos, Serguei Kislyac, el mismo que está al centro de las diversas pesquisas del llamado Rusiagate. Un sonriente Trump posó para fotos difundidas por los rusos porque a la prensa estadounidense se le negó la entrada para cubrir el evento.

Lo suficiente como para que el ícono del Partido Republicano y figura central en la caída del Muro de Berlín, Ronald Reagan, se revuelque en su tumba.

Y ahora el Secretario de Justicia, Sessions, principal porrista de Trump durante la campaña y quien tuvo que recusarse de la pesquisa de Rusia porque también conversó con figuras rusas, es quien entrevista a quien ocupará el lugar de Comey que se supone continúe la pesquisa sobre Rusia y sus lazos con la campaña de Trump. ¿Le pedirán lealtad a Trump al próximo director o la próxima directora del FBI?

Al demócrata Bill Clinton los republicanos le impusieron un juicio de destitución por mentir bajo juramento por una relación extramarital. Pero a Trump y su romance con una nación hostil, Rusia, que ataca nuestras instituciones democráticas, incluyendo nuestro sistema electoral, le dan un pase.

Realmente nauseabundo.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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