La declaración de culpabilidad de Cohen debe centrar la atención en las fallas del sistema constitucional de EEUU

“Algunos académicos piensan que la presidencia de Trump es una amenaza para la democracia constitucional en Estados Unidos, y sugieren apuntalar el sistema actual. Mi propuesta es más radical: reescribir la Constitución”.
30 Ago 2018 – 12:36 PM EDT

La declaración de culpabilidad de Michael Cohen del 21 de agosto hace que algunos observadores se pregunten si la presidencia de Donald Trump podrá sobrevivir.

Como parte de su declaración de culpabilidad, Cohen declaró bajo juramento que Trump lo indujo a realizar pagos ilegales destinados a influir en las elecciones de 2016, al ocultar historias que podrían haber perjudicado al entonces candidato. La victoria de Trump se logró por un estrecho margen en tres estados. Menos de 80,000 votos en Michigan, Wisconsin y Pennsylvania hicieron la diferencia.

De acuerdo, en una elección tan cerrada seguramente influyeron numerosos factores. Pero el esquema del que Cohen se declaró culpable bien pudo haber sido uno de ellos. La declaración de Cohen sugiere que Trump es un co-conspirador no acusado en un delito federal destinado a afectar el resultado de las elecciones.

Si Cohen está diciendo la verdad, algo que no debe darse por sentado, el hecho plantea dudas sobre la legitimidad de la presidencia de Trump. Pero la declaración de culpabilidad de Cohen debería hacer más que eso. Debería provocar también una discusión más amplia sobre un remedio dramático que creo necesario: reescribir la Constitución.

Los académicos no están de acuerdo en si el sistema constitucional logrará capear la presidencia de Trump. Algunos creen que el sistema está resistiendo y saldrá bien librado. Como estudioso del poder presidencial, mi opinión es que el peligro está siendo minimizado. No hay garantía de que el estado de derecho y los límites al poder presidencial prevalezcan con un presidente con claras ambiciones autoritarias. Por autoritario, me refiero a un líder que rechaza la democracia constitucional o liberal.

Otros académicos reconocen que la presidencia de Trump es una amenaza existencial para la democracia constitucional en Estados Unidos, y sugieren apuntalar el sistema existente.

En mi opinión, incluso esa perspectiva es demasiado estrecha. Este es el por qué:

La Constitución está fallando

Si Estados Unidos tuviera una democracia constitucional en pleno funcionamiento, el Congreso tomaría medidas inmediatas para determinar si Cohen está diciendo la verdad. También tomaría medidas para resolver otras cuestiones relacionadas con la legitimidad de Trump, incluidas las acusaciones sobre la posible coordinación de su campaña con agentes rusos que, según la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, atacaron las elecciones en un esfuerzo por ayudar a ganar a Trump.

Pero no hay señales de que el Congreso esté haciendo o hará nada de esto.

Si Cohen está diciendo la verdad –una vez más, una pregunta abierta– eso significa que Trump no enfrentará consecuencias significativas por las acciones criminales que ayudó a ejecutar, al menos mientras los republicanos controlen el Congreso. Esto pone en cuestión no solo la legitimidad de Trump como presidente, sino la viabilidad y, de hecho, la legitimidad de nuestro sistema constitucional actual. Un sistema que es incapaz de enfrentar la situación que vivimos actualmente es un sistema fallido.

Cuando se trata del poder presidencial, los famosos controles y equilibrios entrelazados en el sistema constitucional de Estados Unidos –algunos basados en reglas legales formales, otros en normas no escritas– dependen fundamentalmente del Congreso. Cuando un partido controla las ramas ejecutiva y legislativa del gobierno, los miembros del Congreso solo pueden hacer su trabajo elevándose por encima de los intereses partidistas. Pero los republicanos en el Congreso no han podido hacer eso, a pesar de que algunos de sus miembros, como los senadores Jeff Flake y Bob Corker, tienen serias preocupaciones sobre Trump. La mayoría de los miembros republicanos del Congreso defienden los ataques del presidente al estado de derecho o desempeñan un papel de observadores pasivos, esperando ver hasta dónde llegará Trump en sus esfuerzos por convertir el sistema de justicia federal en su juguete personal.

En el último año y medio, muchos se han preguntado si los republicanos en el Congreso finalmente se pondrán de pie para proteger el estado de derecho y la independencia del sistema de justicia. En mi opinión, es hora de reconocer que estamos presenciando el fracaso de un sistema constitucional y de la capacidad de los miembros del Congreso para controlar el poder ejecutivo. Es hora de reconocer la necesidad de un cambio fundamental que solo se puede lograr a través de una nueva Constitución.

El problema no comenzó con Donald Trump, pero su desprecio por las reglas y normas de la democracia constitucional ha resaltado los defectos del sistema. Esta no es una preocupación partidista. Escribí sobre el fracaso de los demócratas en el Congreso para imponer límites a la presidencia de Obama, y es muy posible que los demócratas no estarían dispuestos a controlar a un presidente autoritario de su propio partido si llegara al poder.

El uso del proceso de enmiendas existente no es suficiente porque puede ser controlado fácilmente por las élites, los funcionarios electos y otras personas con acceso a la información política. Las investigaciones de Todd Eisenstadt, Carl LeVan y Tofigh Maboudi muestran que es esencial contar con una amplia participación pública en la redacción de una Constitución si el objetivo es fortalecer la democracia, y que este tipo de participación puede ser más importante incluso que el contenido final de la misma. Los estadounidenses deberían exigir un nuevo proceso para redactar una nueva Constitución, como hicieron los redactores de la Constitución actual cuando abandonaron los Artículos de la Confederación en 1787, pero (a diferencia de los redactores) con aportes de la ciudadana desde el principio.

Proporciono más detalles de lo que tengo en mente en un documento que he escrito que entra en más detalles sobre el problema que enfrentamos, los diferentes puntos de vista académicos y mi propuesta de solución para la redacción de una nueva Constitución. La nueva Constitución no descartaría todas las piezas del sistema existente, pero haría cambios destinados a fortalecer la democracia liberal. Algunos de los cambios clave incluirían:

• Abolir el Colegio Electoral.

• Asegurar la independencia del sistema federal de justicia, incluido el Departamento de Justicia.

• Limitar drásticamente o terminar con el papel del dinero privado en la política.

• Cambiar los derechos al voto igualitario de los estados en el Senado.

• Abordar el problema de la manipulación partidista de los distritos electorales en la Cámara.

• Proteger el derecho fundamental a votar en contra de los esfuerzos de supresión de votantes.

• Exigir transparencia financiera a los presidentes y candidatos presidenciales, y prohibir la obtención de beneficios privados desde la Casa Blanca y

• Reemplazar el proceso actual de destitución y remoción con un proceso mejor equipado para remover de la oficina presidentes peligrosos y / o no aptos, estableciendo protecciones contra el abuso partidista de ese proceso.

La solución que propongo es radical, y no está exenta de un riesgo significativo de consecuencias involuntarias. Cualquier convención constitucional podría abrir una caja de Pandora, permitiendo nuevas ideas peligrosas que socaven la democracia. Incluso si el proyecto de crear una nueva Constitución tiene éxito según lo diseñado, ningún documento puede garantizar la supervivencia de la democracia liberal.

Pero el peligro de la inacción también es grande. Si Cohen está diciendo la verdad sobre la participación de Trump en actividades delictivas destinadas a influir en el resultado de las elecciones de 2016, Trump tendrá incentivos para adoptar el mismo enfoque en 2020 (en otras palabras, para violar la ley en un nuevo esfuerzo por ganar).

Esto es peligroso, por decir lo menos. Es hora de reconocer que el sistema actual simplemente no está a la altura de la tarea, y es momento de pensar en cómo podemos crear un nuevo sistema para fortalecer la democracia liberal y el estado de derecho.

.The Conversation

Chris Edelson, Assistant Professor of Government, American University School of Public Affairs

This article was originally published on The Conversation. Read the original article.

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