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Instrucciones para sobrevivir en tiempos oscuros

“No quedarse con los brazos cruzados. Sobre todo eso: no quedarse con los brazos cruzados nunca más”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela es Tierra Roja. La novela de Lázaro Cárdenas (Planeta, 2016).
2017-01-31T10:41:24-05:00

1. Humildad. Reconocer que se está en un tiempo nuevo y preguntarse sin miedo, ¿qué sé yo de lo que está ocurriendo? La comparación con otros momentos históricos es fundamental para comprender los riesgos de no atender los signos de estos nuevos tiempos.

2. Solidaridad. En otros momentos la gente, para protegerse, hizo escarnio del vecino, del otro. En lugar de apoyarlo lo denunció, por cosas que no eran ciertas. En estos días aciagos hemos visto el papel políticamente activo de la solidaridad (en la marcha de las mujeres, en los aeropuertos, en los cientos de abogados trabajando pro bono en el suelo protegiendo a los más vulnerables. El alemán Martin Niemöller, un pastor protestante, quien primero estuvo de acuerdo con Hitler y luego se dio cuenta de su error, lo dijo mejor que nadie en la famosa y multicitada sentencia falsamente atribuida Bertold Brecth, quien la popularizó: “Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde”.

3. Resistir. Esa es la palabra clave de la nueva acción política, porque no implica pasividad alguna. Hay un orden democrático, como lo había en la República de Weimar. ¿Por qué allí no se detuvo a un demagogo y aquí sí podría hacerse? Porque hoy hay formas de organización social, redes, teléfonos y una transparencia inexistente entonces. Hoy se puede mostrar a los cuatro vientos lo que está ocurriendo en tiempo real. La prensa dijo, por ejemplo, que en el aeropuerto JFK en Nueva York llegó la gente a protestar “out of nowhere”. No es verdad, llegó desde lo más profundo de su corazón. Michael Moore entre otros usó su poder social para convocar. Resistencia pacífica pero activa y apelar a las instituciones de la democracia liberal que debe sostenerse. Esos balances, esos pesos y contrapesos de los que estamos tan orgullosos deben hacer la diferencia esta vez.

4. Checar los hechos (Fact Checking). Los totalitarismos, lo ha dicho mejor que nadie Hannah Arendt, comienzan siempre proclamando una “realidad alternativa”. Negando la realidad. Esto ya está ocurriendo. No podemos estar secuestrados en la realidad alterna autoproclamada por una persona o su grupo. Hay que confrontar lo dicho con lo que la prensa seria reporta desde la trinchera. Más que nunca necesitamos corroborar todo lo dicho, ser paladines de la verdad.

5. No aceptar lo que es moralmente inaceptable. No todo cambio es positivo. Otra vez la filósofa alemana Hannah Arendt: “El totalitarismo comienza con desprecio por lo que se tiene. El segundo paso es la noción de que: ‘Las cosas deben cambiar, no importa cómo, Cualquier cosa es mejor a lo que tenemos’”. Los gobernantes totalitarios organizan este tipo de sentimiento de masas y organizándolo lo articulan y articulándolo hacen que el pueblo de alguna manera ame eso. Se les dijo antes, no matarás; y no mataron. Ahora se les dice: Matarás; y aunque piensan que es muy difícil matar, lo hacen porque ahora es parte del código de conducta. Ellos aprenden a quién matar y cómo matar y cómo hacerlo juntos… El totalitarismo apela a las muy peligrosas necesidades emocionales de las personas que viven en completo aislamiento y temor el uno del otro.

6. Las palabras. Tener especial cuidado con las palabras. Viktor Kemplerer estudió con cuidado el lenguaje del Tercer Reich y demostró que la construcción del miedo tiene que ver con la creación de un vocabulario falso que todos creen. La primera palabra de este nuevo tiempo con la que hay que tener cuidado es carnicería (carnage), usada en la toma de posesión. No hay carnicería en las “inner-cities”. O en Chicago. Las condiciones deben mejorar, es cierto, pero no hay que creer lo que la palabra designa. El nuevo desorden mundial no ha sido provocado por la gente, sino por líderes demagogos que han prometido una salvación utilizando primero el miedo para hacer creer que se está al borde del abismo y el apocalipsis. Como en el Brexit o como en la campaña por el No en Colombia. Hoy sabemos que los promotores de estos movimientos mintieron y manipularon con las palabras.

7. Dudar. Hay que volverse a hacer preguntas esenciales. Una de ellas, sin duda, ¿Qué le está pasando al mundo? Tariq Ramadam (un musulmán, por cierto), dio recientemente una plática: ¿Cómo crear sociedades florecientes en tiempos turbulentos? Su tesis central es una: en el corazón de las grandes filosofías y de las grandes religiones y de los grandes sistemas de pensamiento hay una palabra inmodificable: Paz. Ese corazón de lo que creemos y sentimos no importa de dónde vengamos Ramadam lo llama “lo universal íntimo”. Apelemos a ese íntimo universal que todos tenemos: vivir en paz. Con nosotros mismos, con el vecino, con la realidad. Lo que nos mete en líos no es eso que creemos todos, la necesidad de paz, sino el proceso de crear otredades, de hacer otros a los demás (o ningunearlos; Octavio Paz decía que esa palabra terrible quería decir hacer de alguien ninguno). “Othering” le llaman en inglés. Es buscar no lo común, sino la diferencia. De esa otrificación, si queremos usar una palabra dominguera, nace el miedo, se alimenta el terror. Esos, ellos, esa gente. No son como nosotros. No se visten como nosotros, no siguen nuestras reglas, no rezan como nosotros. Un sinfín de etcéteras. En lo profundo buscan, como nosotros, ese íntimo universal: vivir en paz consigo mismos y con el mundo. Recordémoslo siempre.

8. Debatir. No temamos el debate, la confrontación sana de ideas, la discusión pública e íntima. De eso está también hecha la vida, de la posibilidad de crecer comprendiendo otros puntos de vista, los de mis opuestos también, no solo los que comparten mis creencias. Escuchemos el otro lado, el otro punto de vista. En una democracia civilizada necesitamos pensamiento crítico que mueva no solo el discurso sino la acción política. Disentir es valioso, escuchar a quienes disienten de nosotros debería ser igualmente valioso y constructivo.

9. No quedarse con los brazos cruzados. Sobre todo eso: no quedarse con los brazos cruzados nunca más.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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