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Hong Kong teme por su libertad

“Los manifestantes se la están jugando en las calles de Hong Kong porque saben que Pekín se prepara para darle el zarpazo definitivo a los últimos vestigios de democracia y libertad en su tierra”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-06-17T11:28:17-04:00

Los hongkoneses no quieren ser esclavos. Lo están dejando bien claro con las multitudinarias protestas en las que se han tomado las calles. Hace más de dos décadas China invocó su derecho histórico a recuperar el territorio. Gran Bretaña, bajo presiones, accedió al reclamo. Algunos residentes de Hong Kong, desinformados o pagados por Pekín, respaldaron la componenda con una de las más antiguas dictaduras del planeta. Y las democracias del mundo vieron la movida con indiferencia, confiando en que se preservaría lo que consideraban lo más importante para ellas: los negocios con el próspero territorio y con la emergente economía china.

Fue un error trágico por el que pagarán muy caro nueve millones de hongkoneses. De hecho, ya lo están pagando. En estos días más de un millón se han lanzado a las calles para repudiar la decisión del gobierno títere que padecen de permitir que se enjuicie en la China totalitaria a personas acusadas de delitos en Hong Kong. Un trueque incipiente del civilizado y muy británico sistema de “common law”, el cual garantiza la relativa igualdad de los ciudadanos ante las leyes, por el arbitrario sistema judicial que sirve al partido único, el comunista de Mao y sus sucesores.

Ese trueque sería una flagrante violación, otra más, del acuerdo mediante el cual la dictadura china se comprometió a respetar hasta el año 2047 libertades y derechos básicos que nunca les ha dado a los ciudadanos del territorio continental. El compromiso lo hizo con Gran Bretaña bajo la supervisión de Naciones Unidas a mediados de los años 1990. Pero en realidad no lo ha cumplido ni un solo día. Desde que se consumó el traspaso del territorio, los chinos han estado recortando las libertades de los hongkoneses, incluyendo las de prensa, expresión y asociación.

Eso provocó la Rebelión de los Paraguas en 2014, cuando cientos de miles de residentes del territorio se rebelaron contra cambios antidemocráticos a su tradicional sistema electoral. Pekín respondió con represión, hostigamiento y vigilancia al estilo comunista. Manipuló las cortes, que habían sido un modelo de justicia para toda Asia, con el fin de que descalificaran a legisladores electos de forma legítima porque respaldaban las demandas de los rebeldes. A algunos los descalificaron por “equivocarse al prestar juramento” para sus cargos. A otros, por usar un “tono indebido” al jurar.

El régimen totalitario chino también ha prohibido que muchos políticos se postulen en las elecciones; vetado a un partido entero; encarcelado a decenas de activistas prodemocráticos acusados de delitos comunes fabricados, y reprimido violentamente a manifestantes, como acaba de hacer en días recientes.

Los manifestantes se la están jugando en las calles de Hong Kong porque saben que Pekín se prepara para darle el zarpazo definitivo a los últimos vestigios de democracia y libertad en su tierra. Exigen que se anule la propuesta de procesar a hongkoneses en China, donde se practica la tortura, se ejecuta a opositores y se trafica con sus órganos vitales; una disculpa oficial por la violenta represión policial; el compromiso de que se libere a los presos políticos y no se procese a ningún manifestante pacífico, y el cese de los vitriólicos ataques a las protestas en los medios oficiales chinos.

Lo hongkoneses son víctimas de la voracidad totalitaria china. Pero también de la trágica confusión de nuestras democracias entre libertades económicas y comerciales y las libertades individuales que solo garantiza un auténtico estado de derecho. Occidente mira con impasibilidad los recortes de estas últimas libertades en Hong Kong como si fueran un hecho predeterminado por la historia, inevitable. Y demuestra mayor interés en preservar sus lazos comerciales con Pekín que en la suerte que puedan correr los hongkoneses. La confusión entre ambos tipos de libertades se ha convertido en una vía común para arrastrar a los pueblos hacia la autocracia y la dictadura. Una vía que también aprovechan gobernantes democráticamente electos en América Latina y Europa para adueñarse del poder y someter a los ciudadanos. Y una vía con la que probablemente sueña nuestro descarriado presidente populista, Donald Trump.

“La libertad es algo que todo el mundo necesita y quiere”. Así le respondió Denise Ho, activista prodemocrática de Hong Kong, a un periodista estadounidense que le preguntó si muchos de sus compatriotas no preferirían renunciar a la libertad con tal de volver al redil de su patria histórica, China. “Amamos nuestra libertad”, rezan los carteles que enarbolan los manifestantes. Puede que Pekín tenga el derecho histórico a absorber a Hong Kong. Pero, mientras siga siendo una dictadura, no tiene el derecho moral. Tampoco lo tiene Occidente para negociar la libertad de los hongkoneses ni de ningún otro pueblo que anhele ser libre y vivir en democracia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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