Es hora de que se acabe el grito del “puto”

Como un aficionado de toda la vida al fútbol mexicano, que ha oído y ha lanzado su parte de insultos, no estoy seguro de que el comportamiento de la multitud obedezca a un deseo de poner en duda la orientación sexual del arquero rival.
Opinión
Conductor de noticias de Univision KMEX en Los Ángeles, periodista y autor
2016-06-21T08:11:03-04:00

Los mexicanos aficionados al fútbol no han de estar de ánimo para celebrar mucho esta semana, tras la histórica derrota del país contra Chile, el pasado sábado en la noche, durante los cuartos de final de la Copa América. Sin embargo, en tiempos más felices, mis compatriotas son conocidos por dos tipos muy diferentes de celebración. El primero es la “ola mexicana”. Una hermosa proeza de coordinación, la ola se presentó por primera vez durante la final de la Copa Mundo de 1986 en Ciudad de México. Yo tenía apenas 11 años, pero recuerdo el asombro y la anticipación de ver aquella marea humana abriéndose paso por todo el Estadio Azteca, adquiriendo velocidad con cada pasada. También había un estruendo: los pies golpeaban contra el concreto y el venerable coliseo mexicano zumbaba. El efecto era vertiginoso, como si el propio estadio rotase en preparación para el despegue. Cuando finalmente nos alcanzaba, mis padres y yo nos poníamos de pie, gritando un largo “¡aaaah!” e imitando el sonido de una ola rompiendo contra la playa. Era, bueno, mágico y todo por pura diversión.

La otra celebración famosa no es divertida en absoluto.

En algún momento de la pasada década y media, los fanáticos mexicanos han adquirido el hábito de gritar “¡eeeh, puto!” mientras el arquero hace un saque de meta. El origen del cántico no está del todo claro, pero al final de cuentas es irrelevante. Lo que importa es su naturaleza ofensiva. La palabra “puto” tiene muchos significados diferentes en México; un país en el cual incluso la palabra “madre” puede ser cualquier cosa, desde un término de cariño hasta un insulto escandaloso. Los mexicanos usan “puto” para describir la cobardía (“No seas puto”) o la exaltación (“¡Qué puto coraje!”). Todo lo anterior podría no preocuparle a la FIFA: después de todo, peores cosas se gritan desde la gradería en México y en el resto del mundo. Desafortunadamente, “puto” también puede usarse como un insulto homófobo verdaderamente desagradable.

En un intento por forzar a los fanáticos mexicanos a dejar de pronunciar el cántico durante competencias internacionales, la FIFA ha amenazado a la federación de fútbol del país con una serie de sanciones, incluyendo el tener que jugar partidos de clasificación para el campeonato mundial en estadios vacíos. En respuesta, la selección nacional de México lanzó un par de campañas para crear conciencia, en las que varios jugadores instan a la gente a abstenerse de usar el repelente grito. “Prometamos que vamos a dejar de gritarle al arquero contrario”, dice el guardameta mexicano Alfredo Talavera. “¡Paremos ahora!”, reitera después Talavera junto con sus compañeros Jesús Corona y Guillermo Ochoa. Pero no lograron persuadir a los fanáticos mexicanos. Durante los juegos de la Copa América en Estados Unidos se escuchó “eeeh, puto” más estridente que nunca. Y aunque México no jugará las semifinales del campeonato en Houston, el martes; o en Chicago, el miércoles; la gran cantidad de boletos vendidos a fanáticos mexicanos en Estados Unidos significa que probablemente usted escuchará esta semana el grito aquél dirigido a jugadores estadounidenses, argentinos, colombianos y chilenos.

No todo el mundo concuerda en que el canto merece ser borrado del fútbol. Algunos han argumentado que, en contraste a los brutales cánticos racistas que se escuchan en Europa, los fanáticos mexicanos no intentan ser homófobos. Y no le falta fundamento a esa hipótesis: mientras los hooligans europeos están completamente conscientes de lo que significa imitar los sonidos de un mono cuando insultan a un jugador nacido en Camerún, los fanáticos mexicanos no necesariamente usan el cántico como un insulto homófobo.

Como un aficionado de toda la vida al fútbol mexicano, que ha oído y ha lanzado su parte de insultos, no estoy seguro de que el comportamiento de la multitud obedezca a un deseo de poner en duda la orientación sexual del arquero rival. Pero, aún así, la posible naturaleza inofensiva de los motivos de la masa que grita no es suficiente para defender el cántico. Lo que importa no es su causa, sino su efecto pernicioso y doloroso. No hay lugar para ello en el fútbol, y la FIFA debería hacer todo lo posible para forzar a los fanáticos mexicanos a detener su molesta rutina, incluyendo la imposición de la penalidad de jugar en estadios vacíos o incluso sanciones más severas, como prohibirle a México jugar en torneos internacionales (arreglar el problema en la liga doméstica es un asunto completamente diferente).

Entretanto, empresas como Univision (donde yo trabajo), ya han dado algunos pasos para oponerse al cántico. Durante las emisiones de los juegos de México en la Copa América los comentaristas leyeron una declaración sin precedente en la cual la compañía explica que “no tolera ni aprueba” el lenguaje homófobo y se esfuerza “por asegurarse de que nuestra propia cobertura y comentarios sean respetuosos e incluyentes, incluyendo a la comunidad homosexual”. Según las cifras de Univision, cerca de cinco millones de televidentes siguieron los juegos de México durante la etapa del grupo inicial y probablemente escucharon la declaración de Univision, la cual le hace eco a la campaña de GLAAD 2014 para “detener los insultos”; un esfuerzo dirigido también a los fanáticos mexicanos.

Por desdicha, durante la Copa América, los fanáticos parecieron inmunes a cualquier tipo de persuasión. Durante la cruel paliza del sábado en Santa Clara, decenas de miles de ellos sometieron al arquero chileno Claudio Bravo a otro diluvio de prejuicio sinsentido. Peor aún: cuando quedó claro que México se dirigía a sufrir la derrota más severa de su larga historia de torneos oficiales, los fanáticos mexicanos comenzaron a gritarle “¡eeeh, puto!” a su propio portero, un conmocionado Guillermo Ochoa. Será necesario un castigo de la FIFA sin precedentes para que los fanáticos mexicanos entren en razón. Mientras tanto, sería sensato que recuerden una de las primeras cosas que aprendemos los niños mexicanos en la escuela: las palabras de Benito Juárez, una de las figuras políticas más reverenciadas de mi país, el único indígena mesoamericano presidente de México: “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Esta columna se publicó originalmente en inglés, en The Washington Post.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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