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Elecciones en México: la última intentona de AMLO

“Bajo una administración de AMLO no podrían descartarse riesgos relativos a una implementación más lenta de reformas (en especial, en el sector de energía), la reorientación de las políticas económicas hacia una mayor intervención del Estado, así como un aumento del gasto fiscal”.
Opinión
Columnista del diario Excelsior, de México.
2018-04-11T12:15:09-04:00
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Andrés Manuel López Obrador, candidato de Morena. Crédito: Getty Images

Comienzan las campañas presidenciales en México y, con ellas, la que con toda probabilidad será la última intentona de López Obrador para llegar al poder. La última, no sólo por su edad avanzada sino, sobre todo, porque en la actualidad las circunstancias lo favorecen más que nunca: las ideas y planteamientos de López Obrador se encuentran, por fin, a la altura de los tiempos.

El mundo alcanzó a Andrés Manuel: la fórmula de populismo de López Obrador hoy está más que vigente. El uso de las redes sociales le ha permitido encontrar la resonancia que sus sofismas no alcanzaban en tiempos de comunicación vertical, además de que el mal humor colectivo convierte al electorado en campo fértil para un político cuyas propuestas –que ya eran obsoletas desde la primera vez que fueron presentadas– no han cambiado en casi veinte años. López Obrador es un admirador confeso de las políticas económicas, de corte conservador, impuestas por gobiernos de derecha en México entre 1958 y 1970.

La reacción de los mercados ha sido clara: Fitch Ratings advirtió del riesgo que suponen las políticas que pretende implementar el ahora también candidato del partido evangélico. “Los resultados de las elecciones presidenciales próximas podrían plantear riesgos en términos de políticas macroeconómicas. Bajo una administración del candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), no podrían descartarse riesgos relativos a una implementación más lenta de reformas (en especial, en el sector de energía), la reorientación de las políticas económicas hacia una mayor intervención del Estado, así como un aumento del gasto fiscal. Como resultado, la volatilidad del mercado financiero podría intensificarse antes o después de las elecciones del 1° de julio, lo que representaría otra limitante para el crecimiento y la inversión”.

Y eso que no lo saben todo. Fitch Ratings se refiere al riesgo relativo a una implementación más lenta de las reformas: lo que en realidad Andrés Manuel ha reiterado a sus seguidores es que las cancelará de inmediato. Como lo expone Paco Ignacio Taibo II, uno de sus intelectuales orgánicos: “Ni un pinche paso atrás: ni la reforma educativa ni la reforma energética ni la ley de playas ni la reforma a la ley hacendaria. El mensaje que lanzamos de hace mucho tiempo, dentro y fuera de Morena, y no es propiedad de Morena, es propiedad de esta sociedad que mayoritariamente lo apoyó, es abajo todas las pinches reformas neoliberales (…) Porque que yo recuerde hasta ahora, en el último congreso y los tres últimos consejos nacionales de Morena se ratificó plenamente la de que hay que echar abajo la reforma energética. Y esa demanda es nuestra, no sólo es de Andrés que lo dijo muchas veces”.

Andrés Manuel ha creado un movimiento –rayano en el fanatismo– a partir de un discurso que apela a la clase obrera y los valores más conservadores, haciendo alusiones constantes a un pasado glorioso que pretende revivir: una película cuya trama los estadounidenses conocen de sobra. De sobra: la campaña también es encabezada por los hijos del candidato, las acusaciones se descalifican de inmediato –fake news–, el monto y la fuente de su ingreso también se desconoce. El muro de Trump –incluso– en poco difiere del aeropuerto de Andrés Manuel: no deja de ser curioso que las obras que ambos eligieron como simbólicas tendrán como resultado, a final de cuentas, el mayor aislamiento de sus propios países.

AMLO también está aliado con los evangélicos y, de igual forma, mantiene vínculos con gobiernos extranjeros: los dirigentes de Morena visitan Venezuela con regularidad y defienden el régimen bolivariano, como también defienden sus otros aliados, los del Partido del Trabajo, al de Corea del Norte. Alberto Anaya, presidente del PT, ha declarado en repetidas ocasiones su admiración por Kim Jong Un y ha llegado, incluso, a viajar a Corea del Norte para la celebración de su cumpleaños.

López Obrador pretende crear un código moral –una de sus principales promesas– pero se rodea de los políticos que los demás partidos han despreciado por desleales. Farándula, deportistas, caras que sean reconocibles. Todo sea por llegar al poder: un poder al que, ahora, declina reelegirse pero que pretende someter, cada dos años, al refrendo del mismo pueblo lo nombró presidente legítimo con una banda de oropel, o que le creyó que el fraude electoral se hizo con chivos y gallinas. El pueblo que vota a mano alzada.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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