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Henrik Rehbinder
Opinión

Periodista. Editorialista del diario La Opinión de Los Angeles.

El “viernes negro” marcó un nuevo récord con la venta de más de 200,000 armas de fuego

El “viernes negro” marcó un nuevo récord con la venta de más de 200,000 armas de fuego

“Comprar revólveres y rifles es una tradición tan arraigada en esta sociedad como el pavo que se comparte en familia el previo Día de Acción de Gracias”.

arma de fuego

Es complicado explicar esa pasión por las armas de fuego de los estadounidenses, a pesar del promedio de 43 muertes diarias en lo que va del año, de las 323 masacres, los 22,000 suicidios que se cuentan aparte de los más 14,000 muertos en un total de casi 56,000 incidentes. Todavía falta un mes para terminar el 2017.

Hay quien dice que el problema es la Segunda Enmienda de la Constitución que habla de la formación de milicias y el derecho a portar armas. Aunque esto fue escrito al calor de la guerra de independencia, todavía hay gente que hoy argumenta la necesidad de proteger su hogar, ya no de los ingleses, sino de “la intrusión de un gobierno dictatorial”. La paranoia también es un referente cultural, especialmente en los tiempos de Donald Trump.

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La gran mayoría de dueños de armas dice necesitarla para la defensa propia. El que en la mayoría de los asesinatos cometidos con un revólver el responsable conocía la víctima, da por tierra la teoría del malviviente que invade el hogar en la noche. Más bien, es el individuo frustrado con su persona, con su familia, vecino o empleo el que recurre al arma.

Los sociólogos Carson Mencken y Paul Froess de la Universidad Baylor dicen en un estudio reciente que es eso y mucho más.

“La adhesión de los estadounidenses a las armas no se explica por la cultura política y religiosa”, dice Froese. “No es solo el dinero de los fabricantes de armas lo que moldea las leyes. Es la solidaridad cultural y el compromiso de un subgrupo de estadounidenses que basan su identidad, moralidad y patriotismo en la propiedad de un arma. Esta es la cultura del arma en acción”.

¿Una subcultura de estadounidenses?

Los sociólogos dicen que son los hombres blancos que tienen armas y perdieron la estabilidad financiera, o creen que eso ocurrirá pronto, los que hallan consuelo moral y emocional en sus armas.

“El control de armas de fuego llega a representar una pérdida de masculinidad, de identidad moral e independencia”, explica Froese.


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A estos individuos se los puede describir como la mayoría de los dueños de los más de 300 millones de armas de fuego que existen en Estados Unidos. La estadística dice que hay entre 89 y 100 armas por cada 100 personas, aunque en realidad solo un tercio de la población posee un arma. El 14% de ellos –7.7 millones de personas o sea 3% de la población– tienen entre ocho y 140 armas. El asesino de Las Vegas tenía 47 en su poder.

Esta minoría de estadounidenses está ubicada mayormente en los estados rurales que tienen, por cuestiones geopolíticas, un poder desmedido en Washington DC. La influencia se agiganta gracias al peso de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por su siglas en inglés) que con su organización, dinero de la industria de armas y contribuciones a las campañas políticas consigue apoyo e instala el temor entre los legisladores.

La influencia de la NRA se impone cada vez que después de una masacre surge el debate de algún proyecto de ley para establecer un control que hubiera prevenido la tragedia. El debate se disuelve ante la llegada de otras noticias.

Ahora que los entusiastas de las armas de fuego están a cargo del gobierno federal, con Trump a la cabeza, surge la opción de realizar una revisión interna de las normas relevantes a las armas. De esta manera se demuestra que se toma una acción ante la tragedia, con la garantía de que todo siga igual.


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La masacre de Las Vegas, por ejemplo, condujo al debate sobre un tipo de culata (bump stock) de fusil que por 99 dólares altera la dinámica del gatillo convirtiendo el arma en automática. La venta de este tipo de armas está prohibida, pero no las partes que la modifican.

El saldo de 59 muertos y 500 heridos que dejó la matanza es el resultado de un arma de guerra usada en su máxima potencia contra un multitud desprevenida. Esto abrió el debate sobre la venta de las culatas, y se presentó un proyecto de ley para prohibir la venta. La NRA se opuso a ella, sugiriendo que se revise una decisión regulatoria de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (BATFE) de Obama que dejó las culatas fuera de regulación por considerarla una parte en vez de un arma.

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Finalmente se aceptó la propuesta del NRA. El proyecto de ley está en veremos, se responsabiliza convenientemente al gobierno demócrata anterior y se asegura que no haya cambios.

La fabricante de las culatas, Side Fire Solutions, que había dejado en blanco su sitio de internet después de la matanza de Las Vegas, anunció una venta especial el llamado “cyber-lunes”. Las culatas controversiales fueron el producto más promovido.


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En la matanza en una iglesia de Texas se repitió la misma dinámica. Después de las lágrimas, el luto y las plegarias, todo siguió igual.

Allí un individuo enojado con la familia de su esposa fue un domingo a la iglesia a la que ellos asistían, matando a 26 personas. El pistolero había sido expulsado de las Fuerzas Armadas por violencia doméstica. Esto debería haber colocado su nombre en una lista de personas que no están autorizadas a comprar armas, que el vendedor coteja al momento de la transacción.

Pero no ocurrió así. El nombre no fue introducido en el Sistema Nacional Instantáneo de Averiguación de Antecedentes (NICS), un error que permitió la venta del arma. Este no es un caso excepcional. La información el NICS depende de la buena voluntad de quienes quieren participar en él.

El sistema, creado en 1998, está compuesto por tres bases de datos en donde las entidades locales, estatales, federales y tribales contribuyen voluntariamente con información. Estas entidades son las responsables del contenido y de su veracidad. La falta de información es producto del desinterés, de la falta de fondos para agencias policiales y la ausencia de una guía de procedimiento.

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Este es un sistema débil gracias a la influencia de la Asociación Nacional del Rifle, que se opone a una efectiva averiguación de antecedentes.

Nuevamente, el secretario de Justicia, Jeff Sessions, pidió al FBI y al BATFE que revise el NICS para darle recomendaciones de cómo mejorarlo. Otra vez esta es una respuesta que busca neutralizar acciones más eficientes para corregir el error fatal del sistema.

Una respuesta mejor es la Ley para Arreglar el NCIS (Fix NICS Act) de los senador John Cornyn y Chris Murphy. La propuesta penaliza a las agencias federales que no reportan su información y estimula a los estados a que envíen los datos de las personas convictas. Lo correcto es que sea obligatorio para todos, desde el local al federal, reportar los nombres de los infractores de los 11 delitos que, según el FBI, inhabilitan a una persona para tener armas de fuego.


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En los casos de Las Vegas y Texas se recurre a la burocracia gubernamental para enterrar las demandas de leyes que pueden prevenir la repetición de matanzas como estas. Los proyectos de ley languidecen en el Congreso ante el desinterés de la mayoría republicana.

Ironicamente, lo único que avanza en legislativo es una medida promovida por el NRA. La propuesta obliga a los todos estados de la Unión ha reconocer las licencias para portar armas ocultas otorgada por uno de ellos. De ser aprobada, elimina las prohibiciones en Estados como California y Nueva York para imponer un criterio nacional más permisivo hacia las armas de fuego.

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Con el poder ejecutivo y el legislativo en manos de los entusiastas de las armas, le está quedando al Judicial el papel de imponer un poco de sentido común.

Hace unos días la Suprema Corte de Justicia dejó intacta una decisión que aceptó una ley del estado de Maryland prohibiendo las armas de asalto. Las mismas que se usaron en la matanza de Las Vegas y en Texas. El Tribunal de Apelaciones había dicho que “las armas de asalto y los cargadores con alta capacidad no están protegidos por la Segunda Enmienda”.

Es muy difícil cambiar la cultura de la adoración a las armas de fuego en Estados Unidos. La esperanza es que en el Viernes Negro de 2018 el nuevo récord de ventas de armas no incluya armas de guerra y que los compradores no tengan antecedentes criminales. No es mucho pedir.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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