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El Turn-out definirá la elección en Estados Unidos

“Quienes, aun pensando en la virgen de Guadalupe, suponían que algo podía suceder que impidiera que el candidato del resentimiento, del racismo, de la xenofobia y de la mala vibra en general, pudiera caerse, tendrán que resignarse a que la campaña presidencial de Estados Unidos lo incluirá”.
Opinión
Político, intelectual y comentarista, ex Secretario de Relaciones Exteriores de México
2016-07-21T15:11:55-04:00


Ya Donald Trump es el candidato oficial del partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Concluyó la convención de ese partido, con los gritos y sombrerazos que la caracterizan, con algunos aciertos de Trump –los discursos de sus hijos– y algunos tropiezos más o menos significativos como el plagio realizado por los redactores de la intervención de su esposa.

Quienes, aun pensando en la virgen de Guadalupe, suponían que algo podía suceder que impidiera que el candidato del resentimiento, del racismo, de la xenofobia y de la mala vibra en general, pudiera caerse, tendrán que resignarse a que la campaña presidencial de Estados Unidos lo incluirá.

La semana que entra tendrá lugar la convención demócrata y esa terminará postulando a Hillary Clinton a la presidencia, y de esa forma más o menos se confirmará lo que ya se veía en las tendencias desde hace unos 3 o 4 meses.

La contienda se va a desarrollar de una manera un poco diferente a otras elecciones norteamericanas en el pasado y a la forma en que se desenvuelven estos acontecimientos en otros países, aunque todavía no en México.

Tradicionalmente, en un país bipartidista como Estados Unidos, los dos electorados en cuestión, se suelen encontrar relativamente definidos, y el pleito se da en el centro, es decir, por aquellos votantes llamados en ocasiones indecisos, o swing voters o switchers. Los dos aspirantes buscan más o menos desesperadamente cómo correrse al centro y capturar a esos sufragantes que por una razón u otra no suelen inclinarse de manera recurrente y convencida por uno de los dos bandos. Quien lo hace mejor gana; quien fracasa en este intento pierde.

Sin embargo, con la elección de Obama en el 2008 y sobre todo desde el 2012, gracias a la tecnología de Big Data y de Analytics, y a la polarización del electorado norteamericano, se supone que ese electorado suceptible de cambiar de bando de una elección a otra, se redujo a tal grado que ya no se puede ganar una elección ahí. Y por tanto, la estrategia victoriosa necesariamente se centra en la participación electoral de la base propia.

Toda la elección se reduce a la participación, o en el “turn out”. Parafraseando a James Carville, el asesor de la primera campaña de Bill Clinton, es el “turn out, estúpidos”.

Gracias a la nueva tecnología y a modelos matemáticos cada vez más complejos, las campañas pueden ubicar con nombre y apellido y domicilio perfectamente bien ubicado, de cada votante perteneciente a su base histórica y definida: edad, genero, nivel de ingreso, nivel educativo, origen étnico, religión, temas más importantes para la toma de una decisión, preferencias ideológicas, sexuales, culturales.

Sabiendo entonces con toda precisión y certeza quiénes pueden votar por esa persona, por el candidato, se trata de convencerlos de que acudan a las urnas el día de los comicios. Si el trabajo técnico se hace bien, si la logística funciona y si el candidato despierta el entusiasmo y la pasión necesaria entre su electorado para que este acuda a las casillas, el día del voto, se gana; si no, se pierde.

En esta elección entre Clinton y Tump, todo se jugará en dos registros. El de Clinton es si ella puede movilizar a los votantes latinos, afroamericanos, a mujeres con educación universitaria, y algunos otros grupos por el estilo. Si por algún motivo estos grupos no van a votar con una participación semejante a la que manifestaron a favor de Obama en el 2008 y en el 2012, la victoria de Clinton peligra.

En el caso de Trump es exactamente lo contrario. Lo que él tiene que hacer es asegurar que el voto blanco, anglo, principalmente masculino y sobre todo sin títulos universitarios tanto entre hombres como entre mujeres, se incline masivamente por él.

Hay ya un número suficiente de votantes típicos de Clinton, para que, si todos participan, ella pueda ganar. Pero también existe un número suficiente de white old men en Estados Unidos, para que Trump pueda ganar si ellos se movilizan y los de Clinton no.

No se trata de convencer a otros, se trata de movilizar a los propios. Cuantos más insultos a los mexicanos, los musulmanes, los chinos y otros enemigos de Trump logren identificar, más probabilidades tendrá él de ganar. En cambio, mientras más se cargue Hillary a hacer posiciones de izquierda que entusiasmen a sus votantes, mayores oportunidades tendrá ella. Por eso la campaña va a ser especialmente intensa y apasionada.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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