El infiltrado en la Casa Blanca

“Tanto el artículo como la conspiración que éste describe plantean profundos y complejos dilemas. ¿Debería el autor identificarse públicamente o mantener su identidad en el anonimato? De ser cierto lo que relata, ¿es éticamente aceptable que tanto él como otros funcionarios se confabulen para frenar lo que ellos consideran los malos impulsos del Presidente?”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-09-11T14:32:38-04:00

WASHINGTON DC.- Cualquier estadounidense medianamente informado sabe o intuye que la presidencia de Donald Trump es disfuncional y potencialmente desastrosa. Y ahora cuenta con el testimonio de un “whistleblower” o soplón quien asegura hablar con la autoridad de un alto funcionario del gobierno, alguien que presuntamente trabaja en la Casa Blanca o tiene acceso a ella. Su columna de opinión, publicada en el New York Times la semana pasada, ha conmocionado a esta capital, especialmente al gobierno, y desatado una cacería interna para identificar y castigar al autor.

El artículo describe con elocuencia cómo asesores de la presidencia se esfuerzan para evitar que Trump cause daños al país y a sus aliados. Algunos le esconden documentos o se los cambian para evitar que firme medidas desastrosas. Otros asienten a sus órdenes arbitrarias e irresponsables, pero luego las desobedecen. Muchos se desahogan con sus subordinados. (En su nuevo libro, Fear, el periodista investigativo Bob Woodward revela que asesores califican al presidente de “idiota” y “estudiante de quinto o sexto grado” en presencia de sus empleados). El artículo plantea que, en conjunto, estas acciones y expresiones son deliberadas y reflejan la voluntad de un grupo de funcionarios de “colocar al país primero” y contener a Trump porque este actúa de manera “dañina para la salud de la república”.

Tanto el artículo como la conspiración que éste describe plantean profundos y complejos dilemas. ¿Debería el autor identificarse públicamente o mantener su identidad en el anonimato? De ser cierto lo que relata, ¿es éticamente aceptable que tanto él como otros funcionarios se confabulen para frenar lo que ellos consideran los malos impulsos del presidente y sus decisiones potencialmente catastróficas? ¿Deberían los presuntos conspiradores confrontar directamente al presidente por esas malas decisiones o es el trabajo furtivo el único medio que tienen de prevenirlas o mitigar su impacto?

Tal vez no haya respuestas fáciles para estos dilemas. Pero es importante buscarlas en las evidencias y circunstancias concretas que rodean a la presidencia de Trump. Una particularmente relevante es que el Congreso controlado por el Partido Republicano del presidente parece haber abdicado de su responsabilidad constitucional de fiscalizarle y ayudar a encausar sus acciones por vías que preserven la integridad de nuestra democracia y eviten perjuicios mayores para el país y para el mundo. Por el contrario, con su inacción y su silencio, la mayoría republicana a menudo ha facilitado los desmanes del mandatario. Esto naturalmente da pie para que surja funcionarios, como el autor de la columna anónima, que actúan de manera subrepticia para contrarrestar las peores inclinaciones de Trump.

Otro factor que alimenta la aparente conspiración interna es que el comportamiento del primer ejecutivo oscila entre lo errático y lo indecoroso. “La raíz del problema”, escribe el columnista anónimo, “es la amoralidad del presidente. Cualquiera que trabaja con él sabe que no está atado a principios fundamentales discernibles que guíen su toma de decisiones”. Esa inmoralidad se trasluce con frecuencia en los ataques personales a sus críticos y a funcionarios de su propio gobierno, como el fiscal general Jeff Sessions; en sus exigencias de que se procese y encarcele a sus opositores, como Hillary Clinton o a exfuncionarios a los que ha destituido, como el exdirector del FBI, James Comey; o a periodistas que informan sobre los excesos de su gobierno. Para no hablar de sus constantes mentiras y su encubrimiento de deslices personales, como sus amoríos con una exmodelo de Playboy y con una actriz pornográfica.

Más grave todavía es que en Trump se juntan la inmoralidad y el desconocimiento profundo de cómo funciona la democracia estadounidense para producir políticas desastrosas e inmorales, las cuales traicionan el espíritu y las leyes de la república. Basten como ejemplos el torpe veto migratorio contra viajeros y refugiados de países predominantemente musulmanes; la cruel separación de familias indocumentadas en la frontera con México; la vergonzosa actuación del presidente en la cumbre de Helsinski donde dio mayor credibilidad al autócrata ruso, Vladimir Putin, que a nuestros servicios de inteligencia; la prematura y peligrosa proclama de la “desnuclearización” de Corea del Norte tras el risueño encuentro con el dictador Kim Jong-un; el fallido intento de destruir a la OTAN; y los frecuentes ataques a los principales aliados de EE. UU., como Canadá, México y la Unión Europea. Es fácil imaginar que solamente una labor de zapa por parte de funcionarios de la presidencia pudo haber evitado que estas y otras actuaciones causaran danos permanentes al país y a sus habitantes.

Por todo ello, se puede concluir que el soplón anónimo de la Casa Blanca hizo un servicio valioso a la nación con sus revelaciones. Pero también que lo hizo a un alto costo para la estabilidad de la presidencia. Y sin aludir siquiera a las consecuencias de la amoralidad e incompetencia de Trump. Debemos leer sus denuncias con espíritu crítico, sin dejar de preguntarnos si no pudo encontrar otras vías para hacerlas dentro del engranaje oficial del que forma parte. Pero no podemos darnos el lujo de ignorarlas sin cerrar los ojos al hecho fundamental de que la presidencia de Trump es, política y moralmente, un desastre sin paliativos. Y que, de continuar, tendrá graves consecuencias para el futuro de la nación.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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