El favoritismo corrompe todo lo que toca

“Lo que hace al ‘amiguismo’ especialmente dañino es que sus víctimas van más allá de aquellos en los sectores industriales y corporativos: los pobres, los jóvenes, y aquellos que desean lanzar sus pequeños negocios son perjudicados de manera desproporcionada”.
Opinión
Presidente del Instituto LIBRE
2016-08-12T12:28:38-04:00

Millones de latinos en los Estados Unidos pueden recordar lo que motivó a sus familias a dejar sus países de origen y enfrentar el miedo y la incertidumbre de un sueño: una vida mejor en América. Existen muchas buenas razones, pero una de las más poderosas es la frustración con los gobiernos que favorecen solo a los que están bien conectados y a los poderosos. En muchos de los países de Latinoamérica –y en muchos países del mundo– el sistema esta dañado. Para asegurarse favores del gobierno, lograr contratos lucrativos o conseguir permisos de negocios, se necesita tener un amigo en el poder. Si no se tienen las conexiones adecuadas, se espera que ofrezcas regalos. Y si no cuentas ni con amigos, ni con regalos, debes bajar tus expectativas y sufrir –con tus perspectivas económicas limitadas– porque alguien más está bien conectado y tu no.

Nuestros padres fundadores nos hubiesen dicho que el problema no es que los americanos son personas en las que podemos confiar más, o que son más inteligentes que las personas de otros países. De hecho, James Madison dejó muy en claro que la constitución de los Estados Unidos estaba intencionalmente hecha para enfrentarse al hecho de que los hombres no son ángeles, y no se les puede confiar con poder gubernamental ilimitado. Ellos diseñaron un sistema en el que el gobierno central tiene pocos poderes, que cuidadosamente estaban limitados. El Congreso, el Presidente y la Corte Suprema, estuvieron diseñados para que cada uno controle el poder del otro. Los límites fueron impuestos sobre el gobierno para asegurar que los individuos en EEUU fueran libres de construir su propio ‘sueño americano’.
¿Es este todavía el gobierno que tenemos hoy en día o el sistema está dañado aquí también?

Una manera segura de demostrar cuan poderoso se ha convertido Washington –y cuan probable es que sea manipulado-, es mirar a aquellos que están tratando de utilizar al sistema para volverse ricos. Los Estados Unidos es el hogar de la economía más rica y exitosa que el mundo jamás haya visto. ¿Están los emprendedores y los dueños de negocios compitiendo por ver quien tiene más éxito –al satisfacer a sus clientes- o están recostándose sobre el gobierno para utilizar el dinero de los impuestos y enriquecerse de ese modo?

Lamentablemente, manipular a Washington se ha convertido en una gran industria. Un experto estimó recientemente que hay cerca de 10,000 cabilderos trabajando actualmente, tratando de desarrollar resultados favorables para las compañías y los grupos de interés. Es una industria que mueve un estimado de $9,000 millones.

¿Por qué le destinamos tanto tiempo y dinero a influenciar a los legisladores y a los funcionarios de gobierno? La verdad es que mientras los legisladores decidan sobre trillones de dólares al año de las arcas de los impuestos, y sienten las reglas y regulaciones que le dan a una compañía una enorme ventaja sobre otras, la gente seguirá pagando fortunas para influenciar esas decisiones. Las compañías de seguro médico quieren que sus productos sean aprobados para la venta bajo la nueva ley de salud. Los intereses de la energía eólica quieren que sus impuestos sean más bajos que los de sus competidores. Los conglomerados agrícolas quieren recibir subsidios que les permitan una ventaja en el abaratamiento de costos por sobre su competencia.

Lo que hace al ‘amiguismo’ especialmente dañino es que sus víctimas van más allá de aquellos en los sectores industriales y corporativos: los pobres, los jóvenes, y aquellos que desean lanzar sus pequeños negocios son perjudicados de manera desproporcionada. A ellos les faltan el poder y las conexiones para entregar regalos y favores a los políticos, y sufren cuando las élites reciben subsidios, se benefician de excepciones o se les entrega dinero a los ricos y poderosos. Como resultado, limitamos las opciones de los consumidores, desincentivamos la innovación, y achicamos las posibilidades para todos.

Además, cuando los negocios se dan cuenta de que pueden sacar provecho al manipular las políticas del gobierno, tienen un incentivo para concentrar sus energías en ofrecer favores a políticos –para acallar a la competencia o posicionarse ellos mismo en un mejor lugar en el Mercado-, en lugar de focalizar sus esfuerzos en incrementar el crecimiento del sector privado que genera riqueza real y sostenida, con empleos bien pagos.

Los americanos que sienten que el sistema actual explota a los que menos poder tienen, tienen recelos del capitalismo por generar problemas económicos que sienten ellos mismos. Pero en realidad, su frustración nace de un sistema económico donde los privilegiados y bien conectados están deshaciendo el sistema –para que no siga operando como un verdadero mercado libre, sino como una casa de subastas donde hay quienes apuestan de manera profesional y eligen a los agentes de poder.

Al leer cualquier periódico se pueden ver signos de que algo anda mal. Solo esta semana, Judicial Watch reveló 44 nuevos correos electrónicos pertenecientes a Hillary Clinton –algunos de ellos mostraban a altos empleados de la Fundación Clinton pidiendo “favores” del Departamento de Estado para los donantes. Esto significa que había un acceso privilegiado –y probablemente un trato privilegiado- para aquellos con dinero y conexiones, por sobre aquellos que no tienen. Uno de los hitos de la carrera de Donald Trump como empresario, es su habilidad para conseguir acuerdos favorables de funcionarios del gobierno. E inclusive el Gobernador de Virginia, el Senador Tim Kaine, recibió cerca de $160.000 en vacaciones, ropa y otros regalos –muchos de ellos de interesados en hacer negocios en su Estado. No son los únicos políticos que se han beneficiado de esta “generosidad”. Por el contrario, son más la regla que la excepción. Más frecuentemente de lo que se cree –en ambos partidos-, los políticos aprueban políticas públicas que están diseñadas para asegurar su reelección y no para servir al interés del público.

Es importante destacar que la misma Constitución, que de manera tan cuidadosa puso límites al poder del gobierno, también garantiza el derecho de la gente a hacer peticiones al gobierno; y sin dudas algunos de los pedidos de los cabilderos pudieran ser considerados dentro de la libertad de expresión que debe ser protegida. Pero algo está mal cuando los negocios ponen más importancia en las decisiones que vienen desde Washington que en las que vienen de los clientes.

Cuando Washington elige de manera innecesaria a los ganadores y los perdedores, y toma decisiones que hacen que un negocio sea más exitoso –sentenciando el fracaso de otro–, el sistema está dañado. Cuando el dinero de los impuestos se gasta en un mal programa de un legislador, o en poner en práctica una regulación innecesaria que favorece a una compañía sobre otra, el sistema está dañado. Y cuando eso ocurre, estamos perdiendo la nación especial que nuestros padres fundadores crearon para nosotros.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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