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El presidente Trump firma la orden ejecutiva que revierte algunas de las medidas de apertura en la relación con Cuba.
Maribel Hastings
Opinión

Asesora ejecutiva de America's Voice.

El doble discurso de Trump es parte de su agenda política

El doble discurso de Trump es parte de su agenda política

 “La condena de Trump hacia la dictadura cubana suena tan hueca como su afirmación de que en el tema de Rusia tiene las manos limpias”.

El presidente Trump firma la orden ejecutiva que revierte algunas de las...
El presidente Trump firma la orden ejecutiva que revierte algunas de las medidas de apertura en la relación con Cuba.

La saga del ‘Rusiagate’ sigue su curso y el presidente Donald J. Trump continúa tratando de hacer creer que su agenda va viento en popa. Aunque con escasas excepciones, esa agenda consiste básicamente en revertir lo que hizo su predecesor Barack Obama. Es como si Trump quisiera borrar el legado del exmandatario.

Ha sido así con el llamado Obamacare. Los republicanos del Senado redactan en secreto y sin la intervención demócrata su versión para repeler el Obamacare. La Cámara Baja aprobó una versión que deja sin seguro médico a 23 millones de estadounidenses y Trump, tras celebrarlo, la semana pasada catalogó el proyecto de “cruel”.

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Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático y ha borrado regulaciones previas en materia de protección del medio ambiente, protecciones laborales, financieras y otros asuntos. En materia migratoria no ha revocado, de momento, la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), pero el viernes el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aclaró que el futuro del programa sigue bajo revisión; claro está, para acallar a la base extremista que espera que haga realidad su promesa de campaña de revocar DACA. Eso sí, Trump eliminó la Acción Diferida para los Padres de Ciudadanos y Residentes Permanentes (DAPA), girada por Obama en 2014 junto a una ampliación de DACA que nunca entraron en vigor al ser frenadas en los tribunales.

El viernes le tocó el turno a Cuba y la política de apertura que Obama anunció el 17 de diciembre de 2014. Trump en realidad revirtió parcialmente algunas de las medidas, particularmente las que buscan restringir las transacciones comerciales con empresas controladas por las Fuerzas Armadas del gobierno castrista, así como restringir los viajes de estadounidenses a la Isla.

Trump cumple así con una promesa de campaña al voto cubanoamericano de un sector del exilio que lo favoreció, molesto por las concesiones formuladas por Obama.

Si la presión tendrá efecto o no en traer apertura o cambios democráticos, está por verse.

Pero condenar la represión de disidentes, pedir reformas económicas y políticas y respeto a los derechos humanos en Cuba es el colmo del cinismo de parte de un individuo que se ha dedicado a alabar dictadores y celebrar regímenes totalitarios donde la democracia, la disidencia y el respeto por los derechos humanos brillan por su ausencia.

Trump ha elogiado al presidente turco Tayip Erdogan y al filipino Rodrigo Duterte, defiende a Arabia Saudí, de donde vinieron 15 de los 19 terroristas del 9/11, y la cereza del pastel es su afinidad con Rusia y su líder Vladimir Putin, notorio por, entre otras cosas, desaparecer y envenenar disidentes. Todos unas joyitas democráticas.

Así Trump se suma a la larga lista de administraciones estadounidenses que critican la dictadura a 90 millas mientras negocian con otras a miles de millas de distancia.

Y el caso de Trump y Rusia es peor, pues el gobierno del autoritario Putin es señalado por las agencias de inteligencia estadounidenses por infiltrar el proceso electoral estadounidense, algo que a Trump parece no importunarlo. Su indiferencia ante la intromisión de una nación hostil en nuestras elecciones es alarmante. Lo único que le preocupa a Trump es que se cuestione la legitimidad de su elección y ahora que se le investigue por potencial obstrucción de justicia, aunque uno de sus abogados insiste en que Trump no está bajo pesquisa, a pesar de que el propio presidente lo confirmó en Twitter.

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Es por esto que la condena de Trump hacia la dictadura cubana suena tan hueca como su afirmación de que en el tema de Rusia tiene las manos limpias.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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