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De refugiado en un campamento de la ONU a Harvard

El 23 de agosto, un estudiante palestino de 17 años que se dirigía a Harvard fue detenido en el aeropuerto de Boston y enviado de vuelta al Líbano. Pero su historia tuvo un final feliz, y es una muestra de perseverancia y respaldo ciudadano.
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Opinión
John Feeley fue embajador de Estados Unidos en Panamá y es analista político de Univisión.
2019-09-07T17:48:11-04:00

Si usted está a favor de un sistema de inmigración en Estados Unidos basado en el estado de derecho y en las tradicionales creencias estadounidenses sobre cómo alcanzar la fortaleza mediante la diversidad y ser una nación poderosa y a la vez compasiva, los constantes ataques de la administración Trump contra nuestra estructura de inmigración han sido profundamente desmoralizantes. Para muchos, han sido personalmente desgarradores y crueles.

Ésa es precisamente la razón por la cual es necesario tomar nota cuando nuestras autoridades migratorias actúan de forma autocorrectiva y nos dan un destello de esperanza de que no se ha perdido por completo la aplicación no ideológica de la ley.

El 23 de agosto, los medios nacionales informaron de la detención durante 8 horas por parte de oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) de un estudiante palestino de 17 años de edad en el aeropuerto Logan de Boston cuando presentó una visa válida para comenzar su primer año de estudios en Harvard. Según se informa, a Ismail Ajjawi lo rechazaron debido a los comentarios antiestadounidenses que se encontraron en su teléfono celular y su computadora portátil.

Él no había escrito los comentarios; sus contactos se los habían enviado. No tenía antecedentes terroristas ni antecedentes penales. Pero es del Líbano, un país terriblemente asolado por el terrorismo, y es producto de las escuelas de la ONU en un campo de refugiados. Eso, al parecer, fue suficiente para crear una duda razonable en la mente de un oficial de la CBP de que el joven podría representar un peligro para Estados Unidos. Cancelaron su visa y lo enviaron de regreso al Líbano.

Diez días después, el señor Ajjawi regresó a Estados Unidos con una visa recién expedida que fue admitida legalmente por la CBP. Comenzó sus clases en la universidad más antigua y posiblemente más prestigiosa de Estados Unidos. Al observar los detalles de cómo y por qué se llegó a este final feliz, descubro que se destacan tres mensajes relacionados con la perseverancia, el poder del respaldo ciudadano y los menos afortunados.

El respeto del señor Ajjawi por las leyes estadounidenses en su solicitud de ingreso, y la insistencia de él y su familia en subsanar la decisión original, merecen felicitaciones. Quienes vienen a Estados Unidos a estudiar, trabajar y vivir pacíficamente entre nosotros deben ser persistentes, siempre mediante el uso de recursos legales. Recurrir a la ilegalidad empaña su causa. También sugiero que se felicite a la CBP.

Corren tiempos difíciles para ser un agente escrupuloso del orden público en el sector de la inmigración. Diatribas presidenciales en Twitter, una plétora de decisiones ejecutivas cuestionables que provocan orientaciones contradictorias, un electorado estadounidense hiperpolarizado que ha puesto a la CBP bajo un foco de atención indeseada, y la lista continúa. Aunque no es un buen momento para ser un estudiante visitante o migrante en Estados Unidos, también debemos reconocer que ser agente de la CBP o de ICE es terriblemente difícil en esta administración.

La segunda lección es sobre el poder del respaldo ciudadano, junto con la libertad de prensa. Sin menoscabar la voluntad del señor Ajjawi, sería un simple maniqueísmo atribuirle la decisión revisada de la CBP sólo a su protesta. Él recibió ayuda inmediata de la organización que le había otorgado la beca en primer lugar, AMIDEAST. El presidente de Harvard, Lawrence Bacow, y la influyente plataforma y las redes informales de la escuela se activaron de inmediato para plantear la cuestión ante los medios de prensa, el congreso, y los departamentos de Estado y Seguridad Nacional.

En un comunicado emitido por AMIDEAST, una organización cuyos inicios se remontan al año 1951 y cuyo propósito es promover el entendimiento mutuo y la cooperación entre Estados Unidos y los pueblos del Medio Oriente, reconocieron que la protesta pública en las redes sociales y en los medios de prensa tradicionales fue esencial para resolver la situación exitosamente. También reconocieron el papel clave de una oficina de la embajada estadounidense en Beirut, EducationUSA, la cual supervisó y guio al joven Ismail durante todo el proceso de solicitud para la universidad. Sólo mediante este tipo de asistencia educativa financiada por el gobierno estadounidense podemos recibir las mejores y más brillantes promesas del mundo.

Finalmente, este episodio debería hacernos pensar en aquéllos que son menos afortunados, aquéllos que no gozan de un sólido respaldo público o del apoyo de Harvard. Tomemos como ejemplo a los solicitantes de asilo. El asilo es una solicitud de ingreso legal a Estados Unidos, protegido por el derecho internacional de los tratados al que Estados Unidos se suscribe. No es ni remotamente parecido a una visa de estudiante. De hecho, no hay ningún tratado que exija estrictamente que Estados Unidos acepte una visa de estudiante; sólo lo hace por interés propio fundamentado.

Se sabe que la administración Trump está atacando el asilo legal. La "dosificación" (sistema de cupos que limita la cantidad de personas que pueden solicitar asilo por día), mediante la cual los solicitantes de asilo deben permanecer en México hasta que se les convoque para comenzar su solicitud, ha creado campos de refugiados temporales. En junio de 2018, el entonces Fiscal General Jeff Sessions emitió una decisión que sentó precedente mediante la cual se excluían la violencia doméstica de género y la violencia de pandillas como razones para solicitar asilo, limitando así aún más las oportunidades de muchos centroamericanos para considerar una solicitud legal.

La Administración redujo su límite de aceptación de refugiados para 2019 a un mínimo histórico de 30,000. Según Politico, la Casa Blanca está considerando nuevas reducciones drásticas o incluso reducir a cero las admisiones de refugiados para el próximo año.

Ante esta posibilidad, los estadounidenses que se oponen a que nuestro país se aísle aún más de la comunidad global –la cual necesitamos por el bien de nuestra seguridad y prosperidad– deben inspirarse en el respaldo legítimo tras el caso singular del señor Ajjawi. Luego, deben repetir y ampliar ese activismo en nombre de quienes vienen a trabajar en nuestra economía y construir nuevas vidas en un país que históricamente se ha caracterizado por un estado de derecho sabio y compasivo. Estados Unidos necesita tanto jóvenes de Harvard como jóvenes refugiados.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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