De la desesperación nace la esperanza

“La comunidad latina todavía tiene mucho camino por recorrer en asuntos relacionados con los temas LGBT. Reconozco que quizá no todos aprueben la homosexualidad ni a nadie que sea diferente, pero debe haber un avance más acelerado hacia la aceptación y la educación”.
Opinión
Periodista copresentadora del programa de noticias de Univision “Aquí y Ahora”
2016-06-16T15:31:14-04:00

Más de 300 personas salieron a divertirse en Pulse, un club nocturno frecuentado por la comunidad lesbiana, gay, bisexual y transgénero en Orlando. Cuarenta y nueve perdieron la vida, y muchos otros quedarán marcados para siempre. ¿Qué podemos hacer para evitar estos actos de violencia masiva que no tienen ningún sentido?

Como periodista, he entrevistado a muchas víctimas del terrorismo y el odio. He sido testigo de la angustia palpable de una madre que perdió a su hija universitaria en los atentados de 2015 en París, y compartí el dolor desgarrador de una latina transgénero que me contó sobre su lucha para encontrar comprensión y aceptación de niña. Por eso, cuando me enteré de este horrible acto de violencia, pensé de inmediato en los familiares y amigos de las víctimas. Sentí en carne propia su dolor. Me sentí impotente. Sentí el odio dirigido a sus seres queridos.

Como ciudadana, me cuesta mucho aceptar que las matanzas —independientemente de la motivación de este asesino en particular— puedan suceder en cualquier lugar, incluso en mi propio estado. La violencia armada y el terrorismo nos afectan insidiosamente, y percibimos todo lugar en que se congrega la gente como un blanco potencial. El efecto en nuestra sensación de seguridad personal y en nuestro goce desinhibido de la vida cívica es devastador. Lo más fácil sería aceptar pasivamente esta nueva realidad y darles la espalda a nuestras comunidades y la vida pública. No es una opción que estoy dispuesta a aceptar.

Como madre, me preocupa el mundo en que mis hijos viven. El odio y la violencia siempre han vulnerado a la humanidad, pero ahora es mucho más fácil expresar ese odio de maneras que resultan en la considerable pérdida de vidas y un alto precio para la sociedad. ¿Cuándo va a parar? ¿Se puede sacar algo bueno de esta tragedia?

La mayoría de las víctimas del ataque en Pulse eran hispanas. Al contemplar el horror de sus últimos momentos —como también la lucha continua de los sobrevivientes— pienso en las vidas que llevaron como miembros de la comunidad LGBT. La homosexualidad y la transición de género siguen siendo tabú para la mayoría en la cultura latina. ¿Cuánto dolor, sufrimiento y discriminación sufrieron estas víctimas en la vida? ¿Cuánto odio y violencia se dirigió a ellos antes de esa noche?

La comunidad latina todavía tiene mucho camino por recorrer en asuntos relacionados con los temas LGBT. Reconozco que quizá no todos aprueben la homosexualidad ni a nadie que sea diferente, pero debe haber un avance más acelerado hacia la aceptación y la educación. Solo entonces, como sociedad, podremos emprender el camino hacia el entendimiento, la tolerancia y el respeto. Si podemos mermar esta expresión, en particular, de ignorancia, estrechez de mente y odio en nuestra propia comunidad, podemos progresar hacia los objetivos más ambiciosos de reducir la intolerancia, violencia y matanzas masivas.

El año pasado, entrevisté a varias personas en diferentes etapas de sus transiciones, y sus historias me impresionaron enormemente. Una entrevista que recuerdo en particular es la que le hice a Elvira, una madre de ascendencia mexicana con un hijo transgénero. Cuando nació, el doctor lo asignó niña, pero desde pequeño él sabía y sentía que era varón. Al comienzo, Elvira no le hizo caso y pensó que su hija simplemente no era muy femenina. Pero ante su persistencia, Elvira finalmente se dio cuenta de que debía dejar que su hijo fuera quien era.

Elvira recurrió a internet para informarse, decidida a aprender y entender lo que significa la palabra transgénero. Al poco tiempo, ayudó a su hijo hacer la transición. Primero con un corte de pelo y luego con ropa neutral como camisetas y pantalones. Recuerda cómo a partir de ese momento le regresó la sonrisa al rostro de su hijo. Tras ser testigo de esa felicidad, a sus 10 años, ella le otorgó su deseo y comenzó a llamarlo Christian. Fue una decisión que le costó muy caro.

Sus familiares y amigos dejaron de hablarle y la acusaron de loca. Pero eso no la detuvo. Su próximo paso fue encontrar los bloqueadores adecuados de hormonas, un tratamiento reversible que era necesario para continuar su transición hasta que se hiciera adulto y decidiera cuáles serían sus próximos pasos.

Elvira lloró cuando me contó que lo que más le preocupa es lo que no puede controlar... la ignorancia, el odio y el acoso que Christian tal vez enfrente de muchacho y el temor de que le hagan daño simplemente porque es transgénero. Es un temor que se materializó ante sus ojos el domingo 12 de junio. Cualquiera de aquellos en el club nocturno Pulse podría haber sido su hijo.

La valentía de Christian y el amor y la determinación inquebrantables de Elvira me dan esperanza. Mi deseo para él es que pueda llevar una vida libre de acoso, temor, odio y violencia. Si podemos lograr esto en nuestra propia comunidad, podemos dar un gran paso hacia erradicar el tipo de violencia del que fuimos testigos en Orlando. Los grandes cambios comienzan poco a poco.

Un análisis detallado de los complejos problemas entrelazados en esta matanza —el terrorismo, la autorradicalización, la violencia doméstica, los crímenes motivados por el odio, la salud mental, el control de las armas de fuego, la eficacia de los esfuerzos por combatir el terrorismo, los derechos y libertades civiles— nos llevan a darnos cuenta rápidamente de que no existen respuestas fáciles. Para conservar el pluralismo que distingue a nuestra nación y fortalece sus instituciones democráticas, debemos colaborar en la búsqueda de las difíciles respuestas.

La lista cada vez más larga de acontecimientos y víctimas, desde Sandy Hook hasta Orlando, exige una respuesta. Pero, ¿el temor debe ser la respuesta? El temor es el arma que los terroristas y asesinos en masa usan con mayor eficacia. No podemos vivir atemorizados; la vida debe continuar.

Al mismo tiempo, no podemos mantenernos al margen, esperando que la próxima masacre ocurra. La masacre de Pulse no puede ser solo un hecho más en una lista cada vez más grande-esta vez algo tiene que cambiar. Debemos hacer algo. Pero, ¿cómo?

A corto plazo, controlar los medios y las oportunidades de violencia en masa puede resultar difícil. Estos dos aspectos de la batalla requerirán un esfuerzo atento, persistente, mayormente por legisladores y agentes de la ley. Pero cada uno de nosotros puede desempeñar un papel, por pequeño que sea, para ir eliminando uno de los principales factores que motivan la violencia en masa: el odio.

El desafío quizá parezca demasiado grande, demasiado complejo, demasiado imposible. Cada uno de nosotros debe emprender la lucha contra el odio y la violencia. Podemos tener éxito en un conflicto mayor solo si ganamos victorias pequeñas a lo largo del enorme frente de esta batalla.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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