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Daniel Morcate: Sanders y la insurgencia liberal

El periodista subraya el valor del esfuerzo electoral de Sanders al arrojar luz sobre inquietudes y descontento de un amplio sector social.
29 Mar 2016 – 12:41 PM EDT


Por Daniel Morcate @dmorca, miembro de la unidad política de Univision Noticias

Las elecciones del pasado sábado, en las que Bernie Sanders obtuvo contundentes victorias en los estados de Alaska, Hawaii y Washington, demuestran que el sorpresivo retador de Hillary Clinton no dará su brazo a torcer fácilmente. Pero sobre todo son otro indicio de que el populismo que profesa está tocando una fibra delicada en el tejido político de la nación.

¿En qué consiste esa fibra? A diferencia de Donald Trump, Sanders no porta un mensaje político excluyente y discriminatorio, con la posible excepción de los superricos que constituyen el “uno por ciento” a los que achaca innumerables culpas; su estilo de campaña dista mucho del histrionismo que caracteriza al actual campeón republicano; y sus niveles de simpatía personal o “ likeability” en inglés suelen ser elevados en sondeo tras sondeo.

Parte de su éxito se lo debe a su imagen de abuelito entrañable. Sin embargo, la clave principal de ese éxito hay que buscarla en el deseo ferviente que tienen muchos electores demócratas e independientes de que resucite ese Partido Demócrata que en el pasado fuera un abanderado de los trabajadores, los humildes, los marginados y las minorías étnicas.

Ese era el Partido Demócrata de Franklin Delano Roosevelt y su Nuevo Trato; y el de Lyndon B. Johnson y su Gran Sociedad. En cambio, el actual es un partido de profundas contradicciones ideológicas y prácticas que reflejan lo difícil, por no decir imposible, que se le ha hecho a nuestra clase política el gobernar con independencia de los grandes intereses creados del país.

Muchos votantes liberales o de izquierdas, entre los que abundan los jóvenes idealistas, resienten que el Partido Demócrata, como el Republicano, haya abrazado en forma poco critica la globalización económica y su símbolo más reconocible: los tratados de libre comercio que, en la imaginación popular —la realidad es mucho más compleja— han sustraído millones de empleos de Estados Unidos y propiciado el éxodo de empresas norteamericanas a terceros países donde pagan menos impuestos y con frecuencia explotan a trabajadores desprotegidos por las leyes locales.

Con el apoyo entusiasta a Sanders, numerosos votantes liberales e independientes también rechazan el contubernio que ha desplegado el Partido Demócrata durante más de dos décadas con Wall Street. Reflejo de ese maridaje de conveniencia ha sido el hecho de que los responsables de la economía y las finanzas en los gobiernos de Bill Clinton y Barack Obama han sido ejecutivos provenientes de las firmas bancarias de la calle económicamente más influyente del mundo.

Los electores mejor informados saben que una consecuencia de esa relación íntima ha sido la impunidad que la administración de Obama les ha obsequiado a los especuladores que hundieron la economía nacional con sus prácticas temerarias durante la crisis inmobiliaria de la pasada década. Y creen que mientras el gobierno rescató financieramente a los especuladores no hizo lo suficiente para proteger a millones de sus víctimas.

Los partidarios de Sanders resienten, además, que el Partido Demócrata continúe siendo el de la “triangulación”, término que acuñara el entonces asesor de Bill Clinton, Dick Morris, figura siniestra donde las hay, para designar una supuesta “tercera vía” en el manejo de los asuntos nacionales.

Pero los demócratas suficientemente maduros para haber experimentado la triangulación y los jóvenes que hoy la estudian en secundarias y universidades saben que, en la práctica, significó que el partido se desplazó con frío cálculo hacia el centro, adueñándose de ideas y estrategias conservadoras para restarles argumentos y fórmulas de triunfo electoral a los republicanos.

Mediante la triangulación, el gobierno de Clinton se alió con los intereses que promovían el libre comercio, rechazó las quejas de los sindicatos, eliminó infinidad de reglas empresariales y comerciales y adoptó una política de austeridad fiscal como la que suelen reclamar los conservadores.

Los militantes sanderistas creen que hoy el Presidente Obama no es más que una versión light del “triangulador" político que fuera Clinton y que probablemente también sería su esposa Hillary en caso de ser electa presidente.

Pese a sus sorprendentes logros electorales, Bernie Sanders continúa llevando las de perder en la lucha por la nominación presidencial demócrata. En su contra tiene al “ establishment” del partido, lo cual se evidencia en que apenas ha conquistado 29 superdelegados frente a los 469 de Clinton.

Pero su heroico esfuerzo electoral ha servido, como mínimo, para arrojar luz sobre las inquietudes y el descontento de un amplio sector de la izquierda norteamericana, la que históricamente se identifica con el Partido Demócrata y la independiente. Con la moral que le está dando el apoyo de millones de seguidores entusiastas, Sanders aspira a ventilar esas inquietudes y ese descontento en la convención nacional demócrata en julio.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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