null: nullpx

Costa Rica apuesta al continuismo

“La sociedad costarricense podrá ser aún conservadora en temas sociales, pero históricamente también ha sido muy reticente a los cambios radicales”.
Opinión
Analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute.
2018-04-02T16:57:29-04:00
Comparte
Carlos Alvarado superó ampliamente a su contrincante en el balotaje de las elecciones presidenciales de Costa Rica este domingo. Crédito: EZEQUIEL BECERRA/AFP/Getty Images

El conservadurismo y la reticencia al cambio, dos características muy propias de los costarricenses, fueron los factores que más pesaron en la elección presidencial que resultó ayer en el contundente triunfo en segunda vuelta del candidato oficialista, Carlos Alvarado.

A pesar de ser una de las democracias más antiguas y consolidadas de América Latina, Costa Rica no es inmune al descontento generalizado hacia la clase política que permea otras latitudes. Años de corrupción e ineficiencia estatal han hecho mella en la confianza de los ticos hacia sus políticos. De hecho, una encuesta de Latinobarómetro en 2016 encontró que un 46% de los costarricenses aceptaría un gobierno autoritario siempre y cuando resolviera sus problemas. No sorprende entonces que, en las dos últimas elecciones, hayan surgido candidatos populistas, tanto de izquierda como de derecha, que prometían luchar contra “los mismos de siempre” y “reconstruir el país”.

Sin embargo, no fue la corrupción, el aumento de la criminalidad, la precaria situación fiscal o el alto desempleo, los temas que definieron la primera ronda de la elección el pasado 4 de febrero. Una opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos –emitida a tres semanas de la votación– legalizó el matrimonio igualitario en Costa Rica y desató un vendaval político que transformó por completo la carrera presidencial.

Desde hace dos décadas el país ha venido atestiguando el surgimiento –y creciente participación política– de los movimientos evangélicos, que ahora representan a más de un 20% de la población. Sin embargo, la decisión de la Corte IDH catalizó el profundo conservadurismo social que todavía caracteriza al grueso de la sociedad costarricense y que trasciende a los grupos evangélicos: dos tercios de la población se manifestaron en contra de la opinión consultiva. La legalización del matrimonio igualitario unió a los votantes evangélicos y católicos más conservadores detrás de la candidatura del diputado evangélico Fabricio Alvarado y lo catapultó a ganar la primera ronda con casi 25% del voto. El segundo lugar, con 21,7%, lo ocupó Carlos Alvarado, del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda).

En un principio parecía que este conservadurismo social también definiría la votación del 1 de abril. Sin embargo, las ocho semanas de campaña de cara a la segunda ronda expusieron las serias deficiencias programáticas de Fabricio Alvarado, la manera peligrosa en que su partido mezcla la religión con la política y el desprecio que el candidato y sus seguidores manifiestan hacia las minorías sexuales y las libertades individuales.

La sociedad costarricense podrá ser aún conservadora en temas sociales, pero históricamente también ha sido muy reticente a los cambios radicales. A pesar de la alta impopularidad del actual gobierno del PAC –que ha sido fuertemente golpeado por escándalos de corrupción– en las últimas semanas de la campaña se acentuó la percepción de que en juego estaban no solo la imagen internacional de Costa Rica como una nación respetuosa de los derechos humanos, sino también la institucionalidad democrática del país. Más allá de su evidente falta de preparación, Fabricio Alvarado representa un fundamentalismo religioso que resultó ser imposible de digerir para el electorado.

Prueba de ello no solo es el contundente margen de victoria de 20 puntos porcentuales de Carlos Alvarado, sino también el hecho inédito de que más gente votó en la segunda ronda que en la primera, a pesar de que se trataba de un Domingo de Pascua. Los costarricenses optaron en masa por la alternativa menos riesgosa.

Costa Rica se enfrenta ahora a una reconfiguración de su sistema de partidos. Las dos agrupaciones tradicionales –el Partido Liberación Nacional y el Partido Unidad Social Cristiana– quedaron por primera vez fuera de una segunda ronda y vieron cómo sus filas se fracturaron en sus apoyos a los dos Alvarado. Pero la gran interrogante es qué ocurrirá con la participación de los evangélicos. ¿Se trató de un fenómeno aislado producto de la extemporánea decisión de la Corte IDH o estaremos ante el surgimiento de un nuevo actor político de peso? Esto solo podremos averiguar hasta el 2022.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Comparte

Más contenido de tu interés