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Algunas cosas que he aprendido como empresario

Consejos, y estrategias para llevar adelante una vida exitosa como emprendedor en el mundo digital
Opinión
Especialista en tecnologías digitales y cibersociedad.
2018-05-01T18:30:59-04:00
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Todo proyecto, toda máquina de trabajo se diseña y opera según los recursos disponibles. Crédito: Fernando Nunez-Noda

Antes de emigrar a Estados Unidos, ya era empresario. Me gusta la independencia y la necesidad de innovar, aunque me impacta el grado de dedicación. Generalmente se trabaja más como empresario, emprendedor o proveedor individual de servicios.

Buena parte de lo que sabía al llegar de Venezuela tuve que reaprenderlo. Me dedicaba a la producción de contenido digital para portales de medios, empresas e instituciones. En EEUU el dinamismo económico es vertiginoso pero la competencia feroz.

En Florida a partir de 2009, me propuse hacer lo mismo. Pero el mercado me rebotó porque funciona distinto y es más exigente. Mi postura de construcción de soluciones “from the ground up” no competía con soluciones más pre-construidas, rápidas y funcionales. Incluso a iguales o menores precios.

Así que me vi obligado a aprender desarrollar tecnología, no solo configurarla. Léase: codificar. De ser teórico y arquitecto en el periodismo digital, ahora tenía que ser obrero y maestro de obras de tan hermosa disciplina. Y así fue que los ceros y unos entraron en mi ADN, no en exceso sino -me parece- en dosis razonables.

La ola del community management comenzaba a azotar las playas del mercadeo corporativo. Así que era lógico apuntar hacia allá. No obstante, el mercado se inundó hacia 2014. Y eso en medio de un caos informacional en las redes que es, a la vez, fascinante y preocupante; auspicioso y empobrecedor; generador de oportunidades y obstáculo para un buen ejercicio periodístico.

La “gestión de redes” ha tomado su lugar en una mezcla mucho más amplia, que incluye producción y curaduría de contenidos, diseño y gestión de medios digitales (no redes), apps móviles, comercio-e, gamificación, video streaming, e-learning… y paremos de contar. Quien mucho abarca poco aprieta, pero focalizarse en un paquete de servicios coherente es un gran reto.

Y cuando pensé que las redes ya no eran tan emocionantes ni rentables como hace 5 o 6 años, explotó en 2016 la bomba de la “postverdad”, ese vuelco cultural hacia una cibersociedad que cuestiona el concepto de verdad científica por todo tipo de constructos y entelequias de la cultura popular (o de laboratorios). Es retador, a veces perturbador, pero les aseguro que no es ni un átomo aburrido.

De modo que ahora dirijo un proyecto de verificación de hechos periodísticos (fact-checking) basado en algoritmos, es decir, con un sistema que calcula el nivel de certeza de una noticia, rumor o “fake news” según los elementos que podrían probarlo en una corte de ley. Ahora todo que lo que he aprendido, reaprendido, derribado y vuelto a levantar, tiene sentido en esta aventura.

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Y ahora dejo, de forma fragmentada y asistemática, sin orden particular, una serie de ideas e incluso recomendaciones que vienen de lo vivido y a veces sufrido. Que a los emprendedores o prospectos les aproveche.

Es más probable que a uno le vaya mejor haciendo lo que mejor hace. Si tenemos una competencia sólida, una práctica sustanciosa ¡explotémosla! A poco más de un año de llegar, mi hermano me propuso trabajar con él en una pizzería cuya franquicia compró. Aprendí mucho de pizzas (y comí bastante) pero me fui pronto porque entendí que me tomaría años llegar a restaurantero lo que ya tenía como comunicador digital. Volví a lo mío pronto (aunque con unos kilos de más).

La inversión es clave. Todo proyecto, toda máquina de trabajo se diseña y opera según los recursos disponibles. Si nos excedemos en recursos desperdiciamos, si nos faltan entonces compensamos con exceso de trabajo o deuda. Todo negocio implica una cantidad de dinero (que entra y sale), llegar a ese número es un arte pero se aprende y no hay que apelar a la calculadora… la estimación se hace por la experiencia. El caso es que uno suele pensar primero en el proyecto y luego procurar los recursos, en vez de ser realista y contestar el célebre: “¿Y de cuánto estamos hablando?” primero.

Los socios son compañeros de viaje. EEUU me ha enseñado el valor y la conveniencia de buscar inversionistas. También, debo añadir, la necesidad. Los socios ideales no son solo aquellos que ponen dinero para motorizar nuestras ideas, sino los que tienen conocimientos o actitudes de las que carecemos. Como el Capitán Kirk y el Doctor Spock en Star Trek. Ninguno de los dos solo, lleva esa nave tan lejos como ambos.


Los clientes importantes son posibles. Un cliente reconocido en el mercado es la mejor tarjeta de presentación. Pero hay que ofrecer algo novedoso, que los sorprenda y sea a la vez necesario. Ejemplo: Para interesar a un cliente es bueno mostrarle con números y otras evidencias, que su competencia los está dejando atrás. Vale investigar mucho y detectar qué posibles clientes están a la zaga en nuestra área de servicios. Verán nuestra propuesta con mayor alarma y necesidad. Y esa propuesta debe contestar clara y unívocamente la pregunta: “¿Y qué proponen?”

Las neuronas son unidades estratégicas de negocio. Hay un dicho muy elocuente al respecto: “Que te paguen por lo que sabes y no por lo que haces”. Es decir, te recompensan por el conocimiento y la experiencia. Yo lo ajustaría a: “Que te paguen por lo que piensas”. Es decir, por los diagnósticos, las ideas, los diseños, los contenidos y que otros ensamblen, que otros construyan. Y eso tiene su dicho también: “Que otros hagan la carpintería”.

Para diseñar muebles hay que saber de carpintería. Es una metáfora por supuesto. Aunque no construyamos o manejemos, por ejemplo, un website, debemos saber empíricamente de qué hablamos cuando diseñamos un home page, una encuesta en línea, una lista de correo, un sistema de registro, etc.

No olvidar la parte legal. En EEUU hay contratos, términos de uso y consentimientos para casi todo. Es altamente recomendable que las propuestas y presupuestos lleven un corto anexo que determine los alcances y limitaciones del servicio que se ofrece. El objetivo es protegerse especificando exactamente que cuáles y cómo son sus entregables.

El cliente dicta la necesidad, sus proveedores la forma de solventarla. El primero señala los alcances. Los segundos las posibilidades reales. Hace ya un lustro, mi empresa logró dos contratos de gerencia de portales, muy similares en precio, para dos clientes distintos. Uno usaba WordPress, una plataforma que manejamos con toda confianza; el otro tenía una aplicación “llave en mano” hecha con Joomla y muchos parches de Java a la medida. Vale decir que el rendimiento del cliente con WordPress fue de 35%. El de Joomla no pasó de 12%.

Una oferta de servicios es generalmente más ostentosa que los productos o servicios entregados. Dicho en otras palabras, uno quiere deslumbrar al cliente con la oferta. Cuidado porque solemos prometer más de lo debido y terminamos perdiendo dinero en iniciativas innecesarias. Es preferible atacar el problema medular del cliente, solventarlo y darle algunos valores agregados si son pertinentes. Y ya. Los “perks” son innecesarios si la promesa básica no se cumple.

Una medida del éxito es venderle a los desconocidos. Si bien amigos y amigos de amigos suelen ser los primeros clientes, hay que entrarle al mercado abierto y desconocido. Si nuestra oferta es buena, la forma de crecer está allá afuera. La zona de confort debe trascenderse.

Hay que buscar negocios recurrentes. Qué deseable es tener contratos de servicio permanente y cobremos mensualmente. Por “fees”. Eso da continuidad y estabilidad a la empresa, ayuda a organizar el flujo de caja y el trabajo de equipo.

Los clientes no hablan nuestro idioma (de trabajo). Quiero decir que todos esos términos: digital branding, permalink, tasa de conversión, social media engagement… le importan un pito a mis clientes. Ellos quieren que nuestro servicio hable el idioma de ellos: ventas, leads, ofertas, rentabilidad, atención de quejas, cierre del mes…

La libre empresa es darwiniana. Tratar a los clientes con una configuración preestablecida trae más desaciertos que logros. Lo que sirve aquí no necesariamente sirve allá. Alvin Toffler afirmaba, y yo estoy de acuerdo, que la cultura corportiva actual es “adoquista”, es decir, “ad hoc”: hecha a la medida para cada reto. La empresa exitosa del siglo 21 se reinventa a diario, es un “beta permanente”. No pierde foco pero trabaja con un criterio adoquista.

La analítica ayuda mucho. La gestión digital deja cantidad de indicadores: visitas, actividad de los visitantes, engagement, interacciones, compras, razones para las compras, una tonelada de estadísticas que, bien analizadas, nos ponen un pie por delante de nuestra competencia y, más importante, más cerca de los clientes. Si aprendemos a leer e interpretar estos números nuestro poder se multiplica, como cuando Bruce Banner se transforma en Hulk.

El cliente siempre tiene la razón (si se la damos). Este es un punto que parece contradecir algunos de los anteriores, pero permítanme explicarme. Una cosa es que el cliente sepa más de su negocio que nosotros ¿pero qué pasa cuando quiere saber más que nosotros del nuestro? Hay que manejar esto con una mano zurda enguantada de terciopelo… pero siempre “standing our ground”, dejar claro que sabemos lo que hacemos. Si no nos conocen, pedir un voto de confianza y dar lo mejor. Cuando nuestro trabajo hable por sí solo, debería terminar la pasantía de nuestro cliente por los mundos de lo que hacemos.

Actitud de emprendedor. Si me preguntan cuál atributo me ha dado más y mejores resultados, mencionaría éste. Pensar y actuar, no como un empleado, no como un consultor, no como un freelancer sino como un “emprendedor”. Así uno sea empleado, consultor o freelancer.

Significa ser como el tipo del programa de TV que sueltan en una isla desierta. Con una navaja y un pedernal hace fuego con maderas o piedras; arma un refugio con lianas y troncos; fabrica arcos y flechas con lo que encuentra; se cose un traje si es necesario, con pieles. Saborear el riesgo en vez de huirle. Siempre pensar distinto a menos que realmente sea mejor no hacerlo.

Si somos capaces de sobrevivir en la isla desierta “desde cero” entonces todo lo que esté sobre cero es ganancia. Si un asunto se resuelve satisfactoriamente con herramientas que tenemos, usémoslas. Si no las tenemos hay que fabricarlas.

Disfruten lo que hagan y viceversa. Con entusiasmo es mejor todo. Ojalá lo que más les guste sea aquello que puedan realizar a diario como proyecto, económico o no. Si es económico habrán fundido dos necesidades de vida en una sola, provechosa y regocijante actividad.
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Fernando Nunez-Noda es Director de VerifiKado.com

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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