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Ahora es nuestro "Momento latino" para proclamar en voz alta con nuestros votos: ¡Ya basta!

“Reclamemos nuestro legítimo rol y proclamemos que ya no toleraremos el odio; ya no debemos de ser erróneamente demonizados, ni mucho menos ser utilizados como chivos expiatorios para intereses politicos”.
Opinión
Profesor de derecho de la Universidad Internacional de la Florida. Abogado y escritor experto en leyes migratorias.
2016-11-08T08:22:09-05:00


La historia reciente ha sido testigo de momentos con resultados significativos para nuestro país. Hemos sido testigos del movimiento para los derechos civiles de los años 1960, que le dio a este país la justicia racial y, tal vez algún día, la igualdad social. La sociedad se transformó más recientemente cuando uno de sus sectores anteriormente más estigmatizados, la comunidad LGBT, transformó la forma en que definimos las familias e incluso el amor.

Estos movimientos sociales de la justicia racial y de las minorías sexuales fueron consecuentes, ya que cambiaron nuestra mentalidad colectiva en cuanto a la manera en que muchos ven y tratan a estos grupos. Mientras estos movimientos se estaban desarrollando y evolucionando, de vez en cuando recuerdo haber oído rumores sobre un movimiento o momento latino. Desde un destacado documental de HBO titulado "La Explosión Latina" hasta titulares en periódicos como The Wall Street Journal, donde se predijo hace más de cuatro años "La Influencia Latina" sobre la política doméstica, esas predicciones están lejos de ser nuevas. Sin embargo, hace unas semanas, la autora del New Times, Marcela Valdés, quizás correctamente se preguntó si nuestros 27 millones de votantes lograrían algo significativo para nuestras comunidades. Como educador, estudiante de historia y escritor de varios libros sobre inmigración y justicia social y racial, yo también he esperado durante mucho tiempo el llamado "Momento latino", ese momento en que el llamado ‘gigante dormido’ de la política doméstica, finalmente reclamará su lugar legítimo en la política, en los círculos económicos y su influencia en general.

Si alguna vez hubo un momento propicio para eso, ese momento es ahora.

Hoy, este país elegirá a su líder, y la elección no podría ser más clara para nuestras comunidades; tenemos un candidato que ha dirigido una campaña centrada en la división, reclamando efectivamente la reivindicación del nacionalismo blanco a expensas de prácticamente todos los grupos minoritarios vulnerables del país. Ha llamado a nuestros hermanos inmigrantes mexicanos, “violadores”; atacó a un juez nacido en los Estados Unidos por su herencia mexicana; e insensatamente pidió la construccion de un muro para detener la inmigración indocumentada, ignorando que dicha inmigración es demandada por los sectores de la construcción, la agricultura y otros servicios de nuestra economía. Además, la solución de Donald Trump, en materia de inmigración, se asemeja a sus credenciales para dirigir esta nación: le falta y está lejos de ser completa.

Ustedes pueden observar, aunque construyéramos su supuesto muro, una enorme muralla (que México presuntamente pagará de alguna manera aunque todavía no sea clara), lo que este demagogo aún no reconoce ni logra entender, es que más de 40% de la inmigración indocumentada no viene a través de nuestra frontera del sur con México: ese más de 40% viene en aviones a los aeropuertos de todo el país y ningún muro puede afectar las violaciones de visas, que más allá de eso, son parte central de la economía, del turismo y son parte fundamental de nuestra unificación familiar y de la iniciativa e incentivos para la educación superior.

Además, los hogares latinos saben que las políticas dirigidas a los inmigrantes indocumentados nos afectarán directamente, no solo por su impacto en nuestros amigos y familiares, sino quizás más directamente como resultado de las prácticas de "etiquetación racial" que nos afectarán a todos colectivamente. La vergonzosa Operación Espaldas Mojadas, del pasado de este país, la cual es parte del plan de inmigración de Trump, nos ha enseñado que muchos ciudadanos documentados e incluso estadounidenses, serán víctimas de esas prácticas inhumanas. En otras palabras, sabemos muy bien que si no lo detenemos por nuestros hermanos y hermanas, la lucha por la sobrevivencia debe asegurarnos de ser escuchados fuerte y claro. Si los ataques casi a diario en contra de las mujeres, los afroestadounidenses, los musulmanes, los veteranos y sus familias, y los discapacitados no son suficientes para motivarnos, entonces los cínicos están logrando su objetivo. Yo propongo: ahora es nuestro momento para proclamar en voz alta con nuestros votos: ¡Ya basta!

Como un orgulloso profesor de derecho latino, y por mis hermosas, brillantes y fuertes hijas latinas, he pasado docenas de horas apoyando a los votantes latinos durante este ciclo electoral: respondiendo a sus preguntas, dirigiéndolos a los sitios de votación temprana e incluso proveyendo servicios de transporte durante el día de la elección. Yo y miles de otros en este gran país hemos hecho esto inspirados en la vieja tradición caribeña de “estar presente por nuestros hermanos y hermanas”. Ahora, es ciertamente nuestro momento, reclamemos nuestro legítimo rol y proclamemos que ya no toleraremos el odio; ya no debemos de ser erróneamente demonizados, ni mucho menos ser utilizados como chivos expiatorios para intereses politicos. De esta manera todos haremos historia, y seremos el sector crítico en la elección del candidato presidencial más calificado en la historia de nuestro país: Hillary Clinton.

Pamela Izvanariu y Tahimi Rengifo Lorenzo son coautores de esta columna.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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