5,000 soldados a Colombia: los peligros de la desinformación en Venezuela

La administración Trump no debe alimentar falsas expectativas sobre una inminente invasión estadounidense a Venezuela que aumenta de forma irreal las expectativas sobre el derrocamiento de Maduro.
Opinión
Exembajador de Estados Unidos en Panamá y consultor de Univision.
2019-02-04T16:29:10-05:00

Una Casa Blanca y un Consejo de Seguridad Nacional que viven entre la crisis y al caos tienen actualmente una extraña razón para sonreír: la política hacia Venezuela.

Recientemente, mediante una jugada maestra constitucional de los venezolanos, un demócrata, hasta ahora era desconocido, se convirtió en presidente interino. El apasionado rostro de corredor de fondo de Juan Guaidó, prácticamente desconocido fuera de Venezuela el primer día del año, ahora aparece en las portadas de revistas y en los tuits de todo el mundo. Y más de un observador ha notado que los venezolanos hambrientos y oprimidos susurran entre sí: "Esta vez es diferente".

Sin embargo, la lucha para derrocar al dictador Nicolás Maduro y sus amigos traficantes de drogas y petróleo aún está lejos de terminar. Para encontrar la salida definitiva, restaurar la democracia y comenzar a reparar los desastres que el chavismo y el socialismo bolivariano del siglo XXI le han provocado a la nación, muchas cosas tienen que salir bien. Guaidó debe conservar el apoyo consolidado de la oposición venezolana, famosa por sus divisiones y luchas internas. Debe resistir los cantos de sirena de otro diálogo patrocinado por México, Uruguay y otros que todavía creen ingenuamente que alcanzar un trato con Maduro es una forma más válida de terminar con la pesadilla de una autocracia fallida de dos décadas que mediante unas elecciones.

Finalmente, el actor internacional que apoya al protagonista de este drama debe atenerse al guión y no improvisar. Me refiero, por supuesto, a la Administración Trump.

Como lo expresé anteriormente, la Administración Trump no escribió este guion, pero tuvo el papel secundario más importante después del elenco de personajes venezolanos. Hasta la fecha, John Bolton, Mike Pompeo y Elliott Abrams han leído diligentemente sus líneas, han dado en el clavo y han logrado acercar a Guaidó y sus valientes colegas democráticos a una solución pacífica y constitucional del sufrimiento de Venezuela.

Pero están empezando a aparecer preocupantes trazos de improvisación amateur.

Primero fue la nota garabateada ostentosamente por Bolton en un bloc de notas que decía “5,000 soldados a Colombia”. Esa conferencia de prensa no fue el primer rodeo del Asesor de Seguridad Nacional, y fue puramente una operación psicológica destinada a enviarle el mensaje a Maduro de “vamos por ti”. No hay nada de malo en el engaño y la propaganda en la ejecución de una guerra fría o caliente. Sin embargo, la clave es hacerlo solo después de un examen minucioso del contexto, las opciones y las consecuencias –deseadas o accidentales­–. No tengo dudaa de que el truco del marcador de Bolton fuera su propia idea. Se alinea el modus operandi de su carrera como astuto guerrero de la Guerra Fría y neocon.

El problema es que ni Bolton, ni nadie en el gobierno estadounidense, puede controlar el mensaje o la narrativa en Venezuela, donde la prensa libre se ha debilitado tanto y Twitter es el principal medio de recepción y transmisión de información. En los últimos días, desde el mantra cautelosamente repetido de Bolton de “todas las opciones siguen sobre la mesa”, todo tipo de memes, videos cortos y publicaciones de blogs han pretendido mostrar que las tropas estadounidenses se están concentrando en Cúcuta, Colombia, al otro lado de la frontera con Venezuela o en Aruba y Curazao, las islas caribeñas donde han ido de contrabando miles de refugiados venezolanos para encontrar comida o empleo.

Unas fotos en Internet mostraron al almirante Fallon del Comando Sur de Estados Unidos inspeccionando a las tropas en Colombia. El único problema es que eran fotos de las tropas salvadoreñas y estadounidenses tomadas durante la visita del comandante a El Salvador justo antes de las elecciones. Otros ejemplos de esta campaña de desinformación en las redes sociales que se desprende de la linda maniobra de Bolton incluyen fotos de soldados estadounidenses y marines que toman cabezas de playa o escoltan grandes caravanas de asistencia humanitaria. No se sabe quién podría estar detrás de esta lamentable estrategia, pero la mala ortografía y la pésima gramática inglesas parecen ser elementos consistentes de su estilo.

Como embajador estadounidense retirado y oficial de la Infantería de Marina, puedo detectar anomalías en estas producciones aficionadas de noticias falsas con bastante facilidad. No así un padre venezolano desempleado cuya familia ha perdido un promedio de 10 kilogramos en los últimos dos años y cuya preocupación diaria es encontrar comida para su familia, o si debe unirse a los otros tres millones de venezolanos que han huido de su miseria. Para ese arquetípico desgraciado venezolano y para millones de otras personas, una campaña de operación psicológica sobre una inminente invasión estadounidense genera expectativas poco realistas.

Cuando las personas desesperadas creen realmente que los 'gringos' están a punto de llegar con pollo y pañales, aspirina y leche en polvo, huevos, arroz y frijoles, las emociones y no la razón dictan las reacciones en las calles ante esta promesa de recompensa que probablemente tardará mucho en llegar, e incluso entonces, solo una vez que el régimen de Maduro haya sido derrocado irrevocablemente.

Y eso es malo para los venezolanos y para Guaidó –supuestamente las mismas personas que Bolton y el gobierno estadounidense afirman que quieren ayudar.

Entonces, ¿por qué la Administración Trump no ha negado que tiene 5,000 soldados a lo largo de las fronteras terrestres y marítimas de Venezuela? Mi sospecha es que el placer de ver sufrir al gobierno de Maduro es demasiado grande. Para una administración que se encuentra a las puertas de su primera victoria potencial en materia de política exterior, el vértigo de la venganza mezquina contra los abominables violadores de los derechos humanos es demasiado grande para resistirse.

Mi consejo espontáneo: utilicen el Discurso sobre el Estado de la Unión que dará el Presidente mañana por la noche para dejar en claro que ninguna fuerza de invasión estadounidense irá a liberar al pueblo venezolano al Día D. Se liberarán a sí mismos, constitucionalmente. Expliquen lo que podemos hacer para gestionar de antemano la asistencia humanitaria conjuntamente con las naciones amigas que apoyan el regreso de Venezuela a la democracia y su larga recuperación. Pero lo más importante es seguir recalcando que los actores principales en el nuevo capítulo incipiente de Venezuela son los venezolanos, no los estadounidenses.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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