null: nullpx
Pandemia

Cómo algunas personas pueden acabar viviendo en los aeropuertos durante meses o incluso años

Algunos lo hacen por voluntad propia y utilizan los servicios del aeropuerto para satisfacer sus necesidades básicas. Otros, sin embargo, preferirían estar en cualquier otro lugar, y se encuentran atrapados, a merced de los trámites burocráticos.
11 Abr 2021 – 11:27 AM EDT
Comparte
Cargando Video...

En enero, las autoridades locales detuvieron a un hombre de 36 años llamado Aditya Singh después de haber pasado tres meses viviendo en el aeropuerto internacional O'Hare de Chicago. Desde octubre, había permanecido en la parte segura del aeropuerto, confiando en la amabilidad de los extraños para comprarle comida, durmiendo en las terminales y utilizando los numerosos baños. No fue hasta que un empleado del aeropuerto le pidió su carné de identidad que salió a la luz la situación.

Sin embargo, Singh no es ni mucho menos el primero en conseguir una estancia prolongada. Después de más de dos décadas estudiando la historia de los aeropuertos, me he encontrado con historias de individuos que han conseguido instalarse en las terminales durante semanas, meses y a veces años.

Pero, curiosamente, no todos los que se encuentran viviendo en un aeropuerto lo hacen por voluntad propia.

Mezclarse con la multitud

Ya sea en videojuegos como 'Airport City' o en estudios sobre temas como el urbanismo aeroportuario, a menudo me encuentro con la idea de que los aeropuertos son como 'mini ciudades'. Puedo ver cómo germina esta idea: los aeropuertos, después de todo, tienen lugares de culto, policía, hoteles, restaurantes, tiendas y transporte público.

Pero si los aeropuertos son ciudades, son bastante extrañas, ya que los que dirigen las 'ciudades' prefieren que nadie se instale en ellas.

No obstante, es posible vivir en los aeropuertos porque ofrecen muchos de los servicios básicos necesarios para la supervivencia: comida, agua, baños y refugio. Y aunque las operaciones aeroportuarias no funcionan necesariamente las 24 horas del día, las terminales de los aeropuertos suelen abrir muy temprano por la mañana y permanecer abiertas hasta muy tarde por la noche.

Muchas de las instalaciones son tan grandes que los que están decididos a quedarse –como el hombre de O'Hare– pueden encontrar formas de evitar ser detectados durante bastante tiempo.

Una de las formas en que los posibles residentes del aeropuerto evitan ser detectados es simplemente mezclarse con la multitud. Antes de la pandemia, los aeropuertos estadounidenses recibían entre 1.5 y 2.5 millones de pasajeros en un día cualquiera.

Una vez que la pandemia golpeó, las cifras se redujeron drásticamente, cayendo por debajo de 100,000 durante las primeras semanas de la crisis en la primavera de 2020. Cabe destacar que el hombre que vivió en O'Hare durante algo más de tres meses llegó a mediados de octubre de 2020 cuando el número de pasajeros estaba experimentando un repunte. No fue descubierto y detenido hasta finales de enero de 2021, justo cuando el número de pasajeros descendió considerablemente tras los picos de viajes de las vacaciones y durante el resurgimiento del coronavirus.

Vivir en el limbo

No todos los que se encuentran durmiendo en una terminal quieren necesariamente estar allí.

Si viajas lo suficiente en avión, es probable que, en un momento u otro, te encuentres en la categoría de residente involuntario en un aeropuerto a corto plazo.

Mientras que algunas personas reservan vuelos que les obligan a pasar la noche en el aeropuerto, otras se encuentran varadas en los aeropuertos debido a la pérdida de conexiones, la cancelación de vuelos o el mal tiempo. Estas circunstancias rara vez suponen más de un día o dos de residencia en un aeropuerto.

Luego están los que se encuentran involuntariamente en una estancia prolongada e indefinida. Quizá el residente involuntario de larga duración en un aeropuerto más famoso sea Mehran Karimi Nasseri, cuya historia inspiró la película La Terminal, protagonizada por Tom Hanks.

Nasseri, un refugiado iraní, se dirigía a Inglaterra vía Bélgica y Francia en 1988 cuando perdió los documentos que verificaban su condición de refugiado. Sin sus papeles, no pudo embarcar en su avión hacia Inglaterra. Tampoco se le permitió salir del aeropuerto de París y entrar en Francia. Pronto se convirtió en una papa caliente internacional, ya que su caso iba de un lado a otro entre los funcionarios de Inglaterra, Francia y Bélgica. En un momento dado, las autoridades francesas se ofrecieron a permitirle residir en Francia, pero Nasseri rechazó la oferta, al parecer porque quería llegar a su destino original, Inglaterra. Y así permaneció en el aeropuerto Charles de Gaulle durante casi 18 años. Sólo se marchó en 2006, cuando el deterioro de su salud requirió su hospitalización.


Otros residentes de larga duración en los aeropuertos son Edward Snowden, el filtrador de la NSA, que pasó más de un mes en un aeropuerto ruso en 2013 antes de recibir asilo. Y luego está la saga de Sanjay Shah. Shah había viajado a Inglaterra en mayo de 2004 con un pasaporte de ciudadano británico de ultramar. Sin embargo, los funcionarios de inmigración le denegaron la entrada cuando quedó claro que pretendía emigrar a Inglaterra, y no simplemente permanecer allí los pocos meses que permitía su tipo de pasaporte. Enviado de vuelta a Kenia, Shah temía salir del aeropuerto, pues ya había renunciado a su ciudadanía keniana. Finalmente pudo salir tras una residencia en el aeropuerto de poco más de un año, cuando los funcionarios británicos le concedieron la ciudadanía plena.

Más recientemente, la pandemia de coronavirus ha creado nuevos residentes involuntarios de larga duración en los aeropuertos. Por ejemplo, un estonio llamado Roman Trofimov llegó al Aeropuerto Internacional de Manila en un vuelo procedente de Bangkok el 20 de marzo de 2020. En el momento de su llegada, las autoridades filipinas habían dejado de expedir visados de entrada para limitar la propagación del covid-19. Trofimov pasó más de 100 días en el aeropuerto de Manila hasta que el personal de la embajada de Estonia pudo finalmente conseguirle un asiento en un vuelo de repatriación.

Los sin techo encuentran refugio

Aunque la mayoría de los residentes involuntarios de los aeropuertos anhelan abandonar su hogar temporal, hay algunos que han intentado voluntariamente hacer de un aeropuerto su morada a largo plazo. Los principales aeropuertos, tanto en Estados Unidos como en Europa, funcionan desde hace tiempo –aunque en gran medida de manera informal– como refugios para personas sin hogar.

Aunque las personas sin hogar tienen una larga historia en Estados Unidos, muchos analistas consideran la década de 1980 como un importante punto de inflexión en esa historia, ya que muchos factores, como los recortes presupuestarios federales, la desinstitucionalización de los enfermos mentales y el aburguesamiento, provocaron un fuerte aumento del número de personas sin hogar. Es en esa década cuando se pueden encontrar las primeras historias sobre los sin techo que viven en los aeropuertos de Estados Unidos.

En 1986, por ejemplo, el Chicago Tribune escribió sobre Fred Dilsner, un antiguo contable de 44 años que llevaba un año viviendo en el O'Hare de Chicago. El artículo indicaba que las personas sin hogar habían empezado a aparecer en el aeropuerto en 1984, tras la finalización del enlace ferroviario de la Autoridad de Tránsito de Chicago, que proporcionaba un acceso fácil y barato. El periódico informaba de que entre 30 y 50 personas vivían en el aeropuerto, pero que las autoridades preveían que el número podría ascender a 200 con la llegada del invierno.

Este problema ha persistido en el siglo XXI. Informaciones publicadas en 2018 reflejaban el aumento en el número de personas sin hogar en varios grandes aeropuertos de Estados Unidos en los últimos años, como el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta y el Aeropuerto Internacional Thurgood Marshall de Baltimore/Washington.

La pandemia de coronavirus ha añadido una preocupación adicional de salud pública para este grupo de habitantes de los aeropuertos.

En su mayor parte, las autoridades aeroportuarias han tratado de proporcionar ayuda a estos residentes voluntarios. En el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, por ejemplo, los funcionarios han desplegado equipos de intervención en crisis para trabajar en la conexión de las personas sin hogar con el alojamiento y otros servicios. Pero también está claro que la mayoría de los funcionarios aeroportuarios preferirían una solución en la que los aeropuertos dejaran de ncionar como refugios para los sin techo.

Janet Bednarek, Professor of History, University of Dayton

Este artículo fue previamente publicado en The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Read the original article.


Mira también:

Loading
Cargando galería
Comparte
RELACIONADOS:Pandemia ViajesCoronavirusTrending

Más contenido de tu interés