Masacre

Después de todo lo que vivimos volví a nacer y seguimos luchando: ella sobrevivió a la masacre de Tlatelolco hace 50 años

Cuando tenía 23 años Myrthokleia González fungió como la maestra de ceremonias del mitin estudiantil del 2 de octubre de 1968. Ella fue una de las pocas mujeres líderes del movimiento y se puede contar entre las sobrevivientes de esa noche, cuando elementos del Ejército y del llamado Batallón Olimpia atacaron a los asistentes.
2 Oct 2018 – 9:41 AM EDT

CIUDAD DE MÉXICO. - “No corran, son de salva. No corran, son de salva”, fue la única voz que, a través de un micrófono, trataba de tranquilizar a la multitud que corría huyendo de una lluvia de balas en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México, el día de la llamada masacre de Tlatelolco.

Esa voz era de Myrthokleia González, la joven que cuando tenía 23 años fungió como la maestra de ceremonias del mitin estudiantil del 2 de octubre de 1968. Ella fue una de las pocas mujeres líderes del movimiento y se puede contar entre las sobrevivientes de esa noche de horror, cuando efectivos del Ejército y del llamado Batallón Olimpia atacaron a los asistentes, dejando un saldo de muertos que va desde los 28, según cifras oficiales, hasta más de 300, según datos de organizaciones y activistas.

50 años después, Myrtho, como le dicen sus familiares y amigos, camina a paso lento del brazo de su esposo y atraviesa esa misma plaza donde presenció uno de los peores actos de represión contra estudiantes en la historia de México.

Aunque su cabello ya está cubierto por las canas, con 73 años sus recuerdos siguen frescos al recordar ese día porque después de perder a sus compañeros, la libertad y su propia tranquilidad, asegura que contar las historia es su forma de seguir luchando.

“Hace 50 años, después de todo lo que vivimos, volví a nacer. Todavía sigo aquí y seguimos luchando”, dijo.

Un guante blanco

La tarde de ese 2 de octubre, cientos de estudiantes cuyas escuelas se encontraban en huelga desde meses atrás, se habían congregado para exigir al gobierno el cumplimiento de un pliego petitorio que incluía libertad de presos políticos, indemnización a las víctimas de represión y castigo a los funcionarios responsables de violencia contra estudiantes.

“Eran las 6 de la tarde cuando empecé a hablar ante una plaza abarrotada de estudiantes. Anuncié al primer orador y estuvieron pasando helicópteros, pero nunca nos imaginamos lo que iba a pasar minutos después. Vimos caer una luz de bengala verde y luego cayó otra roja. Fue cuando se soltó la balacera”.


Al inicio las balas eran disparadas desde la azotea del edificio Chihuahua, donde pisos abajo, en el tercero, Myrthokleia dirigía el mitin. Minutos después, según imágenes de archivo que han sido difundidas en los últimos años, elementos del Ejército entraron a la Plaza, también disparando contra los estudiantes que corrían en estampida, tratando de alejarse de las balas.

“Los muchachos me decían que les gritara que las balas eran de salva, para que no corrieran. Entonces grité dos veces: no corran, son de salva. Pero cuando me asomé al balcón vi que mis compañeros sí estaban cayendo”.

Tras ver esa escena, Myrthokleia relata que corrió hacia el elevador con sus compañeros, pero cuando se abrieron las puertas salieron hombres armados vestidos de civil que usaban un guante blanco en la mano izquierda. Muchos años después, investigaciones periodísticas los identificarían como el Batallón Olimpia, quienes se habían infiltrado entre la multitud.

“Nos gritaron que nos tiráramos al suelo con las manos en la cabeza, cuando de pronto siento caliente en mi mano, fue un rozón de bala. Mientras pasaba eso arriba con nosotros, abajo los compañeros corrían tratando de salvar su vida”.

Myrthokleia relata que cuando la balacera terminó fingió haber perdido la visión y fue llevada a una parte del edificio donde los cuestionaban sobre la identidad de los líderes del movimiento. Después fue separada del grupo, llevada a un hospital y entregada a la Policía Federal quienes la sometieron a una serie de interrogatorios.


“Estuve una semana presa en los separos. Pensé que nadie iba a llegar a sacarme, llegué al punto de revolcarme, gritar, jalarme de los cabellos”.

Días después fue llevada a otro hospital. Ese fue el lugar donde pudo escapar de las autoridades con la ayuda de una enfermera. A partir de ese momento, Myrthokleia tuvo que vivir escondida, cambiando de lugar constantemente.

Los primeros días, después de la masacre, sus papás la buscaban entre los muertos porque les dijeron que la habían visto caer cuando inició la balacera. Cuando se reunió por fin con ellos, le contaron que alumnos del Consejo de Huelga y su familia se pusieron de acuerdo para rescatarla del hospital.

“Regresé a finales de 1969 para terminar la escuela, fue de forma intermitente porque aún me seguían buscando. Me escondía 15 o 20 días y de nuevo volvía a salir porque yo quería terminar la carrera. De mis compañeros, cada uno agarró su camino”, dijo.

Abrirse paso

Para Guadalupe Olivier, investigadora de la UNAM especialista en movimiento estudiantiles en México, el que Myrthokleia haya sido elegida maestra de ceremonias la tarde de la masacre fue solo el producto de una lucha que para ella comenzó tiempo atrás, pujando para incursionar en áreas donde solo los hombres destacaban, como la ingeniería y también en los movimientos sociales.

Olivier señala que Myrthokleia es una de las mujeres que no han estado en los reflectores durante estos 50 años, pero es uno de los personajes de mayor relevancia porque “bajo ese contexto machista ella se aventó a participar activamente en las protestas”.

A sus 23 años, ella cursaba el cuarto año de la carrera universitaria y era la única mujer de su escuela, la técnica industrial Wilfrido Massieu del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la segunda universidad más grande de México.

“Creo que no había muchas mujeres por el machismo, porque a mí me costó mucho trabajo entrar a esa escuela a estudiar para ser mecánico industrial”, recuerda Myrthokleia.

De acuerdo con la historiadora Olivier, aunque fueron pocas, las mujeres tuvieron un papel muy relevante en el movimiento, porque en 1968 había alrededor de 151,000 estudiantes. De esa población solo 25,000 eran mujeres, es decir, solo el 16%.

“Si lo vemos así, efectivamente era menos la población, pero si hacemos un conteo de su nivel de participación, muchas de esas mujeres que se encuentran entre el 16% participaron de forma activa”, señaló.


Sin embargo, señala que al analizar los puestos clave en el movimiento sí se registró un desplazamiento importante de las mujeres, pues a ellas las tenían haciendo las pintas y haciendo comida, estaban alrededor y no en los puestos de poder.

Según Myrthokleia, cuando mostró interés por formar parte del movimiento, sus compañeros le sugirieron que su rol sería estar en la cafetería preparándoles comida, pero ella se negó y buscó la forma de pertenecer al Comité de Huelga y estar presente en las asambleas donde se tomaban todas las decisiones.

“Yo me metí al movimiento porque en la escuela teníamos puro maestro militar y nos teníamos que cuadrar y en mi casa también mi papá era muy estricto. Ahí no opinabas ni decías, se hacía lo que ellos te ordenaban. Entonces vi la oportunidad de tener voz fuera de ese contexto”, dijo.

Cuando se creó el Consejo Nacional de Huelga, Myrthokleia iba a las juntas como representante de su escuela y comunicaba a sus compañeros las decisiones que se tomaban.

El 2 de octubre, según recuerda, horas antes del mitin en Tlatelolco, se reunieron en las instalaciones de una escuela para elegir a los oradores y a los maestros de ceremonias. Se trataba de un grupo de aproximadamente 250 estudiantes que representaban a sus respectivas escuelas en el movimiento. Sin embargo, solo alrededor de 10 eran mujeres.

“Sentía mucha responsabilidad al ser la maestra de ceremonias. Por un voto yo fui elegida, pero me daba miedo hablar en público. Me sentía muy introvertida. Ahora, después de 50 años, en cierta forma se puede decir que he sido un ejemplo para las mujeres, porque fui la que abrió las puertas para que entraran a las carreras de varones”, señaló.


Los muertos y desaparecidos siguen

50 años después de la masacre, Myrthokleia acepta que volver a la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco es difícil, porque es inevitable recordar lo que vivió y lo que vivieron sus compañeros que perdieron la vida esa noche.

“Antes era más difícil volver, estamos conscientes que de alguna forma todos quedamos traumados. Unos se volvieron alcohólicos, otros no consiguieron trabajo, pero lo tenía que superar, porque no es solo que mataron a mis compañeros y todo terminó. Se trata de luchar hasta que pueda el cuerpo”, dijo.

Myrthokleia asegura que por muchos años siguió sintiéndose perseguida y cuando le dieron trabajo como profesora en el IPN, le prohibieron hablar del movimiento estudiantil con sus alumnos.

“No querían que se enteraran lo que había sucedido, si hablaba me corrían. Entonces yo protegí mi vejez y mi jubilación. Dejé de hablar del tema”, dice.

Sin embargo, Myrthokleia cree que, pese a que muchos han dado su vida por lograr un cambio, actualmente la situación en México es peor porque los estudiantes siguen siendo secuestrados, desaparecidos y asesinados.

“Yo me considero afortunada de haber salido viva después de todo lo que pasó”, dijo.

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