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Tómate dos tragos en la fiesta

Suficientes para disfrutar de la velada y mantener el control de la situación.
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17 Sep 2016 – 7:21 PM EDT

Todo el mundo tiene su propia tolerancia y relación con el alcohol, pero la próxima vez que estés en una fiesta, harías bien si solo te tomaras exactamente dos tragos. Si eres de las personas que han encontrado que cero alcohol o un trago son su medida, entonces mantén tu convicción. Para los demás, ensayen con solo dos tragos.

Al referirme a una “fiesta” quiero decir cualquier cosa que sea más grande que una reunión íntima de familia o de amigos. Si hay personas reunidas disfrutando de bebidas alcohólicas, y entre ellas hay individuos que realmente no conoces, o personas que no te caen bien, o especialmente personas con las que trabajes (ver las dos categorías anteriores), es en el transcurso de este tipo de reuniones donde resulta una buena idea limitarse a tomar solo dos tragos.

¿Será muy poco? Realmente no lo es. Tomarse dos tragos, especialmente uno al comienzo de la reunión y otro un poco más tarde, es considerado como beber moderadamente. Probablemente te relajarás y estarás más abierto a la gente. Y seguramente no te pondrás beligerante ni descuidado. No vas a ser el alma de la fiesta, pues serlo es, por lo general, un error; en especial si estás rodeado de gente que no te gusta o con la que tienes que trabajar.

¿Cómo hacer para tomarse solo dos tragos en el curso de una fiesta? Primero, tómate un solo trago. Asegúrate de que sea un trago que te guste y del cual estés consciente al tomarlo, para no tomártelo con apuros. Si te vas a apurar al tomar un delicioso y dulce cóctel de frutas y alcohol, porque es delicioso y sabe a frutas, sería mejor que tomaras un smoothie sin alcohol.

La moda de las cervezas amargas puede ser de gran ayuda aquí. La idea de que el sabor amargo es la seña de una cerveza sofisticada odiosa y falsa, pero que sea amarga puede ser una característica de algunas buenas cervezas y si te gusta ese tipo de cerveza, podrás saborearla y disfrutarla en pequeños sorbos. En este caso, habrás tomado quizás la mitad de la botella cuando tu amigo –o no tan amigo– ya haya consumido toda su primera botella y esté ofreciendo otra ronda a los presentes. Así podrás dar las gracias y decir: “así estoy bien”.

El mismo resultado se puede obtener tomando pequeños sorbos de whisky. Degústalo. Saboréalo. Que los demás se lo beban rápido si eso es lo que quieren.
¿Y qué tal el viejo dicho universitario: “primero licor, después cerveza: sin temores. Primero cerveza, después licor: malestar seguro”? Así esto sea cierto, no aplica en tu caso, puesto que solo vas a tomar dos tragos.

Vas a terminar tu primer trago en algún momento, porque no es que no estés tomando. Ese es el momento preciso para tomar otra cosa: una soda bien fría, un vigorizante jugo de arándano o, incluso, una mezcla de ambos. Las personas que siempre están prestando atención a lo que los demás toman pueden llegar a decir algo; pero nadie tiene por qué dar explicaciones. Aún así, puedes alzar el vaso unos dos centímetros, sonreír y decir: “Me estoy controlando”. Y, de hecho, eso es lo que estás haciendo… controlándote.

La verdad es que, aunque hayas pensado en tomarte seis u ocho tragos (una mala idea), después de tu primer trago debes tomar una bebida hidratante, sin alcohol. En una fiesta les sienta bien a todos hidratar un poco el cuerpo.

Para cuando hayas acabado tu trago sin alcohol, muchos de los que te rodean estarán en su tercer trago, o de pronto el cuarto. Estarán hablando y diciendo cosas indiscretas. En lugar de tomar esto como una invitación para contribuir a sus propias indiscreciones, puedes aprovechar para aprender sobre el valor de la discreción. O, si quieres, puedes darte el lujo de decir algo que parezca indiscreto, pero será algo pensado y meditado, pues tú sí estás en control de la situación.

Ahora que estás en un nivel más allá de los demás, puedes tomarte el segundo trago. Escoge algo que disfrutes tomar. Saboréalo. Si accidentalmente te encuentras un trago que realmente no disfrutas, por ejemplo un remedo de cerveza superamarga, deshazte de ella de inmediato y reemplázala por algo que realmente te guste.

Ya para ese momento las personas que vinieron a emborracharse habrán perdido la cuenta de los tragos que estás tomando, y probablemente también de los que ellas se han tomado. Te identificarán a ti y tu trago como uno más de la manada. Tu segundo trago lentamente te entonará y te hará sentir más sociable y parte del grupo, solo que no tan descuidado e imprudente como el resto.

Tampoco andarás con el desespero de visitar el baño cada minuto. Estás bien hidratado, pero no sobrecargado de líquido.

Disfruta tu trago, habla con la gente con la que quieres hablar. Te sorprenderá lo fácil que es evitar a los aburridos y a los buscapleitos. Si te lanzan dardos, evítalos. Esto requerirá un poco de determinación, pero tendrás mucha, pues resulta difícil perder un argumento con un borracho.

Eventualmente, tu segundo trago, como todo lo bueno en la vida, se acabará. Si hubieras estado en el plan de tomarte tres o cuatro tragos, el tercero podría parecer como una buena idea, pero no: únicamente ibas a tomar dos tragos. Mira a tu alrededor. ¿Quieres seguir en esta fiesta? Si es así, consigue otra soda o un jugo, o ve afuera y únete a los fumadores. Si ya tuviste suficiente, cuando ya no puedas más, despídete amablemente de aquellos que aún puedan oírlo, toma tus cosas y vete. No es precisamente tu trabajo quedarte a animar una fiesta moribunda.

Aventúrate en la noche. Siente cómo el ruido y la estimulación de la fiesta te abandonan, dejándote con una mente clara y alerta. Vete a casa y date un buen descanso. No te estás perdiendo de nada.

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