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Derechos de la Mujer

Leïla Slimani, la escritora que se rebeló contra la obligación de la virginidad de las mujeres

La autora, que participó recientemente en Arequipa Hay Festival, habló con nuestra corresponsal en Perú sobre su trabajo como novelista y la defensa de los derechos de las mujeres.
16 Nov 2019 – 12:50 PM EST

No hay que confundirse con Leïla Slimani, una escritora francomarroquí que vive desde hace veinte años en París. Detrás de su frágil figura y sonrisa amable hay una aguerrida activista por los derechos de las mujeres. Ella fue la revelación de la última edición del Arequipa Hay Festival, que se celebró recientemente en dicha ciudad peruana.

Leí un tiempo atrás su segunda novela, Canción Dulce. Me impactó. Es la historia de una niñera que mata a los niños que ha cuidado con amor. "El bebé ha muerto": con esa oración comienza y no da tregua. Está escrita con brillantez y se podría leer como si fuera un buen thriller pero es mucho más que eso.

Leí su ensayo Sexo y Mentiras antes de entrevistarla en Arequipa. Es un libro que recoge el testimonio de la vida sexual de mujeres en Marruecos quienes deben llegar vírgenes al matrimonio porque el artículo 490 del código penal así lo establece. Desde esa realidad, nos explica, se genera un entramado de mentiras, perversiones e insatisfacciones en la vida de más mujeres. Para ellas, solo hay dos opciones: vírgenes o esposas. Y en el mejor de los casos mentir, ocultarse, vivir con culpa y siempre con miedo.

Su primera novela, El jardín del ogro, trata de una mujer con un irrefrenable deseo sexual. Es mi próxima lectura.

Luego de escucharla en Arequipa, de leer dos de sus libros y de conversar con ella comprendí que esta mujer es mucho más que una buena escritora, es una activista por los derechos de las mujeres de su país y de todas nosotras.

Creo que muchas salimos impactadas de cómo podemos ser arrastradas a cumplir un rol que no necesariamente elegimos y que a veces no vivimos las vidas que realmente queremos. Pero, además, inculcamos nosotras mismas a nuestros hijos a seguir ese comportamiento.

Sus libros pueden ser leídos más allá de la trama.

Slimani viene de un país donde algunas mujeres deben ir a un quirófano para que les “reconstruyan su virginidad” y así poder casarse. Y no es difícil imaginar cómo es el matrimonio con un hombre que exige ese requisito.

Ella creció en una familia que le dio libertad, algo muy infrecuente que le hizo difícil insertarse en el mundo que la rodeaba. Sus padres fueron “muy estrictos en lo que al estudio se refiere”, y eso la ayudó a salir de su país para estudiar ciencias políticas en París.

Pero no ha olvidado de dónde viene. De hecho, viaja a Marruecos con frecuencia. Allí, sus detractores la acusan de ser islamófoba y de haberse vendido a occidente. Creo que le temen a las voces como la suya.

Actualmente es representante francesa en el Consejo de la Francofonía e intuyo que, vaya donde vaya, aprovecha para hablar de los derechos de las mujeres.

No hay que dejarse engañar por sus personajes inquietantes, por la violencia y sordidez que contienen sus novelas.

Estoy releyendo su obra porque creo que ella nos quiere decir otras cosas. Leila Slimani quiere hablar de aquello que le indigna y que debe cambiar.

Me contó que cuando renunció a su trabajo como periodista para dedicarse a escribir su primera novela, tenía un bebe pequeño en casa y su jefe le dijo que entendía que se fuera a casa a cuidarlo. Esa no era la razón, le explicó claramente, él no le creyó. Y fue de la rabia que le produjo el machismo de su jefe que salió su primer libro.

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