Linda Wolff todavía puede sentir el ardor. Han pasado varios días desde aquel 30 de julio, pero la mujer, de 72 años, dice que el gas pimienta que recibió en el rostro durante un incidente en Nueva York con agentes de ICE sigue afectándola. La irritación en la piel ha disminuido, pero su garganta continúa lastimada y su voz permanece ronca.
“Sentí que no tenía derechos”: una mujer de 72 años denuncia que ICE la roció con gas pimienta
Linda Wolff, una ciudadana estadounidense de 72 años, lleva su caso contra ICE a los tribunales y busca que su experiencia sirva para cuestionar el comportamiento de los agentes federales.
“Estoy muy ronca y no estoy enferma”, contó Wolff en entrevista con N+Univision.
Wolff recuerda que ese día acudió a la zona de Isham Avenue y Seaman Avenue, en Inwood, después de enterarse de que había vehículos de ICE en el lugar. Dice que forma parte de un equipo de respuesta rápida y observadores. Linda Wolff llegó al sitio precisamente para observar lo que ocurría y documentarlo.
Pero, según su relato, aquello no era una protesta. “Todo el mundo se equivoca en eso”, dijo Wolff. “No fue una protesta”.
La mujer cuenta que llegó en su automóvil, bajó y comenzó a preguntar a las personas que estaban en la zona qué estaba sucediendo. Le señalaron un vehículo de ICE cuyos neumáticos habían sido pinchados.
Wolff se acercó al automóvil y observó que había movimiento en su interior. Después se alejó y permaneció con otras personas mientras esperaba para saber qué ocurriría.
Poco después, dice, un vehículo de ICE avanzó por la zona y los agentes descendieron.
Wolff asegura que algunos llevaban máscaras y que uno de ellos portaba un aerosol que ella identificó como "gas para osos". Otro, según su descripción, vestía completamente de negro y llevaba un taser amarillo.
En medio de la escena, Wolff tuvo un intercambio con un trabajador de una grúa que estaba en el lugar.
“Debería darte vergüenza trabajar para ICE”, le dijo, según recuerda.
El hombre respondió que era su trabajo y que tenía hijos que alimentar.
Después de ese intercambio, Wolff regresó a la acera.
Fue entonces cuando, de acuerdo con su relato, dos agentes se acercaron y la rociaron con gas pimienta.
“Me rociaron a mí y a la chica que estaba a mi lado”, afirmó. La otra mujer, agregó, terminó con gas en toda la camiseta.
Wolff también recuerda que un joven que se encontraba en el lugar fue rociado en el rostro después de que, según ella, otro agente lo empujara.
“Yo empecé a gritar: ‘¡No puedes hacer eso!’”, contó. Su intención, dice, era ayudarlo a limpiarse los ojos.
“El ardor es aterrador”
El efecto del gas no fue inmediato para Wolff.
“Cuando ocurrió, no sentí nada”, explicó. “Simplemente me rociaron y salí corriendo mientras gritaba a los demás”.
La reacción física llegó después.
Wolff llevaba gafas, lo que, según ella, evitó que perdiera completamente la visión. Aun así, describe el gas pimienta como una sustancia particularmente persistente.
“Es muy pegajoso, es como pegamento”, dijo.
La mujer cuenta que se ha lavado el cabello repetidamente, pero que todavía puede sentir ardor cuando una pequeña cantidad del producto entra en contacto con sus ojos.
También asegura que el gas le provocó irritación en la piel y que inhaló parte de la sustancia.
“Tengo la garganta irritada”, dijo.
Sus abogados le recomendaron acudir a urgencias y ahora tiene previsto consultar con un otorrinolaringólogo porque la molestia en la garganta continúa.
“Todo va mejorando, excepto la garganta”, explicó.
El reclamo contra el gobierno federal
Wolff ya inició otro frente para intentar esclarecer lo sucedido.
Su abogado, John Burris, explicó a N+Univision que prepara una reclamación civil contra el gobierno federal relacionada con el uso de la fuerza durante el incidente.
El procedimiento, explicó, comenzará con una reclamación bajo la Ley Federal de Reclamaciones por Agravios, conocida como Federal Tort Claims Act.
“El punto principal es determinar si ese uso de la fuerza estaba justificado o no”, explicó Burris.
El abogado sostiene que los agentes podían utilizar fuerza si existía una necesidad legítima, por ejemplo, para detener a alguien o impedir una interferencia física con su trabajo. Pero considera que las circunstancias del caso de Wolff fueron distintas.
“Los agentes estaban al otro lado de la calle, lejos de la señora Wolf. Se acercaron caminando con total despreocupación y, al llegar hasta ella, le rociaron la cara”, afirmó.
Burris sostiene que Wolff no estaba atacando a los agentes ni bloqueando su trabajo.
“No estaban siendo atacados ni ella los estaba agrediendo físicamente”, dijo.
El abogado también cuestionó que los gritos o insultos de una multitud pudieran justificar por sí mismos el uso de la fuerza.
“Usted tiene derecho a decirles lo que quiera a los agentes —ya sean palabrotas o gritos— siempre y cuando no interfiera con su trabajo”, señaló.
Y añadió: “Este no es un caso en el que ella estuviera interfiriendo en absoluto”.
Por ello, Burris considera que el uso del gas pimienta fue injustificado.
“No había fundamento para que utilizaran gas pimienta”, sostuvo.
Una denuncia ante el NYPD
Wolff también presentó una denuncia ante el Departamento de Policía de Nueva York, el NYPD, después del incidente.
Según su relato, un agente del precinto 34 llegó al lugar y habló con los funcionarios de ICE. Ella asegura que intentó permanecer cerca para escuchar la conversación y grabarla.
Wolff dice que en ese momento invocó su derecho a permanecer en el lugar y a documentar lo que ocurría.
“Es mi derecho de la Primera Enmienda”, recuerda haberle dicho al policía.
Según Wolff, cuando el agente intentó obtener los nombres y números de placa de los funcionarios federales, estos abandonaron el lugar.
El policía, cuenta, le explicó que tenía la matrícula del vehículo y que sabía quiénes eran los agentes.
Fue entonces cuando Wolff decidió presentar la denuncia.
Burris explicó que esa investigación corresponde al NYPD y que su despacho no tiene control sobre un eventual proceso penal.
“Los abogados particulares podemos investigar, pero debemos entregar la información a la policía”, señaló.
¿Qué busca Wolff?
La reclamación civil podría incluir una compensación económica por los daños sufridos. Sin embargo, Burris asegura que el objetivo de su clienta va más allá del dinero.
“Ella seguramente desearía una compensación económica, pero en un caso como este, lo que realmente quiere es que cese esa conducta”, explicó.
El abogado espera que el caso tenga un efecto más amplio sobre la actuación de ICE.
“Esperamos que esto los disuada de mantener esa conducta agresiva”, dijo Burris. “Ningún agente debería hacer lo que hicieron estos oficiales”.
Según Burris, la reclamación estará dirigida contra el Departamento de Seguridad Nacional, que supervisa a ICE, aunque también se identificará a ICE como la agencia involucrada.
Por ahora, Wolff es la única demandante en este caso. Burris aclaró que no se trata de una demanda colectiva, ya que los hechos deben analizarse de manera individual.
A pesar de lo ocurrido, Wolff asegura que el incidente no ha cambiado su decisión de seguir observando y documentando las operaciones de ICE.
“En absoluto. Al contrario, sigo igual”, afirmó.
Dice que continuará participando en actividades de vigilancia de ICE y que seguirá hablando con personas de las comunidades afectadas.
Para Wolff, el episodio del 30 de julio no solo tuvo consecuencias físicas.
“Sentí que no tenía derechos”, dijo. “Sentí como si estuviera viviendo en un lugar que no era Estados Unidos. Fue aterrador en ese sentido”.
Ahora espera que la reclamación de su abogado permita establecer responsabilidades y, sobre todo, que lo ocurrido no vuelva a repetirse.
Para Burris, ese es precisamente uno de los objetivos del caso: que poner los hechos bajo escrutinio público pueda servir como una advertencia sobre los límites que deben respetarse al utilizar la fuerza.
“Al poner el foco en esto, la gente —incluidos otros agentes de ICE, así como el personal administrativo y los jefes— puede ver que esta conducta es inaceptable y que deben controlar a sus agentes”, afirmó.


