Cuando las puertas del ascensor del quinto piso de la corte federal de Miami se abrieron el martes en la tarde, Álvaro Pulido Vargas, escoltado por dos alguaciles y con esposas en las manos, dio un paso al frente y observó con su mirada impávida los rostros de periodistas, agentes, fiscales federales y abogados que esperaban el ingreso a la sala de audiencias.
El socio de Alex Saab, presentado en una corte en Miami por cargos de corrupción en Venezuela, también incursionó en el narcotráfico
El empresario Álvaro Pulido Vargas, quien el pasado martes escuchó los cargos de dos encausamientos por lavado de dinero de la corrupción en Venezuela, fue condenado en Italia y Colombia por narcotráfico, según documentos y entrevistas de N+Univision Investiga. Esta es su historia.

Simbólicamente parecía una llegada a la última estación de un largo recorrido delincuencial que el empresario colombiano comenzó cuando frisaba los 30 años y era uno de los cabecillas de una red de narcotráfico en Europa.
En esos años de alianzas con narcos sicilianos y como cabecilla del Cartel de Bogotá, no se llamaba Álvaro Pulido. Usaba entonces su verdadero nombre Germán Enrique Rubio Salas. Álvaro Pulido es el nombre de un muerto del que el empresario se apoderó, según lo reveló en exclusiva Univision Investiga en 2017. El cambio de identidad lo hizo para empezar una nueva vida transparente y legal, según lo explicó el ex abogado de Alex Saab en Miami, Richard Díaz.
Con ese nombre fue condenado en ausencia por narcotráfico en Italia en 1997 y con ese cumplió una pena luego en Colombia, según documentos oficiales de ambos países conocidos por N+Univision Investiga.
Pero el plan de borrón y cuenta nueva se desmoronó.
A partir de 2012 Pulido y su compañero de negocios turbios, Alex Saab, formaron un dream team para hacerse ricos con exportaciones ficticias a Venezuela, obtener multimillonarios contratos del gobierno de ese país sin competencia ni control de calidad y pagando abultados sobornos a funcionarios públicos, según los cargos contra Pulido y la admisión de culpabilidad de Saab.
El martes la magistrada Marty Fulgueira Elfenbein ofreció algunos brochazos de esa etapa de su “nueva vida” al leer los cargos que afronta por conspiración para lavar dinero producto de la corrupción, pagos de sobornos y otras conductas afines consignadas en dos acusaciones, una de 2019 y otra de 2021.
En ambos casos figuró también como acusado Alex Saab, a quien Estados Unidos considera como el operador financiero del depuesto mandatario Nicolás Maduro. Saab se declaró culpable el 15 de septiembre de conspiración para el lavado de dinero.
Los documentos y entrevistas de esta historia, incluida una declaración de Pulido, fueron citados en informes de Univision Investiga publicados en Univision digital a partir de 2017.

Posteriormente la información fue ampliada por este periodista para la elaboración del libro “Alex Saab: la verdad del empresario colombiano que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro”.
Incursiones en Europa
La historia del Rubio del pasado y el Pulido de hoy es la siguiente: el 30 de septiembre de 1991, guardias aduanales de la República Checa encontraron 208 kilos de cocaína en el interior de los de los tablones de madera de un contenedor de fríjoles en mal estado que había salido de Cartagena, Colombia. Tras compartir la información con autoridades de Alemania, Italia, Holanda y Polonia, los guardias entendieron que el cargamento estaba ligado a una bien establecida red de narcotraficantes colombianos y europeos.
Algunos de los integrantes de la red que fueron interrogados mencionaron a un bogotano de 29 años llamado Germán Enrique Rubio Salas, alias Losano Bermúdez como uno de los cerebros de la operación.
La investigación estableció que Rubio trabajaba con un narcotraficante siciliano y que jugaba un papel importante en la logística del trasiego de la droga.
Una corte de apelaciones de Milán condenó a Rubio en abril de 1997 a quince años de prisión por el delito de “asociación finalizada al tráfico ilícito de sustancias estupefacientes”, según la traducción oficial de la sentencia hecha por la cancillería de Colombia.
La condena no parece haber escarmentado al narcotraficante. Tres años después, en mayo de 2000, el diario El Tiempo de Colombia informó de una redada internacional en la que había caído “el jefe del cartel de Bogotá, Germán Enrique Rubio Salas”, con una condena pendiente en Italia.
Bajo las órdenes de Rubio, quien estaba en Colombia, los acusados “habían enviado dos toneladas de cocaína y diecisiete kilos de heroína durante el último año a Gran Bretaña, Holanda, Alemania y España", informó el periódico de Bogotá.
“Según las autoridades, Rubio está desde hace dos años en Colombia, trabajando con cinco identificaciones falsas con las que entraba y salía del país”, agregaba la nota.
El gobierno italiano pidió la extradición del acusado, pero para esa época Colombia prohibía extraditar colombianos por hechos cometidos con anterioridad a 1997.
De acuerdo con la base de datos del sistema judicial de Colombia, Rubio se acogió a sentencia anticipada, un mecanismo para evitar un juicio. Salió libre en julio de 2007 dispuesto a empezar una nueva vida cambiándose su nombre de pila.
Un alto funcionario de la Registraduría del Estado Civil de Colombia que pidió no ser identificado por temor a represalias, relató en 2016 la maniobra de Pulido para obtener una nueva identidad.
El 10 de abril de 2006, la Registraduría canceló la cédula de Álvaro Enrique Pulido Vargas por muerte de su titular en la Florida. Pulido había muerto en 2005. Su cuerpo fue cremado en Abco Crematory de Fort Lauderdale, Florida, de acuerdo con el certificado de defunción.

Como parte del trámite ordinario, el consulado de Colombia en Miami procedió a la anulación de la cédula, pero en septiembre de 2014 la Registraduría extrañamente revocó esa decisión afirmando que Pulido estaba vivo y, por lo tanto, la cédula continuaba vigente.
Esa gestión requería, según explicó el alto funcionario de la Registraduría, la presencia de Pulido en Miami para hacer el cotejo de las huellas y otras verificaciones.
El problema es que resultaba altamente improbable que Pulido hubiera visitado la ciudad, no solo porque no tenía visa estadounidense, sino porque su verdadera identidad figuraba
en los radares antinarcóticos de varias policías del mundo.
El funcionario de la Registraduría reconoció que no descartaba que hubiera sido una operación corrupta dentro de esa entidad y el consulado. Pulido en realidad era Germán Enrique Rubio Salas, condenado en ausencia por narcotráfico en Italia en abril de 1997.

Después de varios escollos el colombiano obtuvo finalmente su nueva identidad con el nombre de Álvaro Enrique Pulido Vargas, nacido en Bogotá el 10 de diciembre de 1963. Para efectos legales Germán Enrique Rubio Salas quedaba eliminado en los archivos de la Registraduría, según una resolución de noviembre de 2014.
Este periodista entrevistó telefónicamente en septiembre de 2016 a Pulido sobre su identidad. El empresario parecía muy nervioso y sus explicaciones no tenían mayor sentido. Dijo que le habían robado y adulterado el pasaporte, pero no aclaró qué relación había entre esos incidentes y el cambio de nombre.
En un punto se comprometió a enviar al periodista una carta de aclaración que le pediría a la Registraduría y un examen de ADN para probar que un joven que lo identificaba como su papá y que usaba el apellido Rubio no era un hijo biológico. Pulido nunca envió la carta ni el resultado del ADN.
Como parte de un reportaje que Univision Investiga estaba preparando en 2017 sobre los negocios de Pulido y Saab en Venezuela, este periodista le envió un cuestionario al abogado de Miami Richard Díaz. El abogado representaba entonces a Saab en Estados Unidos por “problemas reputacionales”, según explicó.
En esos momentos Saab, quien no había sido acusado en el sur de la Florida, estaba además representado por Abelardo de la Espriella, hoy presidente de Colombia. De la Espriella estuvo presente en las oficinas de Díaz en una entrevista de contexto con este periodista para discutir la situación de Saab y Pulido.
Los abogados prefirieron responder por escrito. Una de las preguntas del cuestionario enviado por Univision Investiga indagaba cuánto sabía Saab del pasado de Pulido antes de involucrarse con él en los contratos con el gobierno venezolano y la utilización de Cadivi, entidad oficial venezolana de cambios de divisas.
“Al parecer, el Sr. Pulido sí purgó su condena y eso es historia pasada. Y no es de sorprender que, para rehacer su vida, cambió su nombre”, escribió Díaz. “Pero en concreto y más importante, el Sr. Saab viene a conocer estos detalles del Sr. Pulido muy recientemente”, agregó.
El abogado cubanoamericano señaló que, si bien el haberse enterado de los antecedentes de Pulido era un motivo para “pausar y pensar”, las personas que han sido acusadas y condenadas “tienen el derecho de rehacer su vida bajo las normas de la sociedad en un esquema comercial”.
La doble identidad de Pulido ha creado una situación excepcional en el sistema judicial de Estados Unidos. En el documento de acusación en Miami, la fiscalía utiliza el nombre falso del acusado, Álvaro Pulido Vargas, y cita como apodo su verdadero nombre Germán Enrique Rubio Salas.
Muchos se han preguntado por qué la Administración Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) participa desde hace casi 10 años en la investigación del FBI sobre las actividades de Saab si generalmente esa entidad no maneja casos de corrupción internacional.
La respuesta es Pulido, según fuentes de N+ Univision Investiga.
Estas fuentes explicaron que agentes de la DEA que seguían las pistas de un presunto involucramiento de Pulido en nuevas operaciones de narcotráfico mientras residía en Venezuela descubrieron que su socio más cercano era Saab. Los negocios comunes, hasta donde se sabe, no estaban relacionados con el narcotráfico, dijeron las fuentes, pero desde entonces ambas entidades federales unieron sus esfuerzos para perseguir al dúo.
El truco
Fuentes que colaboraron con el libro biográfico de Saab y su entorno sostienen que Pulido es una persona de pocas palabras con una gran capacidad para hacer operaciones matemáticas mentalmente.
“Todo lo hacía con la cabeza, calculaba como si fuera un preso que no tiene dónde multiplicar”, dijo una persona que lo conoció.
Varios conocidos recuerdan que de las pocas veces que se mostraba comunicativo era para alardear de que conocía el nombre de todas las capitales del mundo.
Es además un apostador compulsivo, dijeron. Apuesta a ocurrencias cotidianas como si va o no a llover en la tarde, por ejemplo. Y puede jugar en una mesa de dominó de tres mil a cinco mil dólares, dijo otra fuente, lo mismo que en el truco venezolano que se juega con una baraja española sin ochos, nueves ni comodines.
