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Niños

"Solo pienso en estar con mi mamá", el sueño de dos niñas que viajaron solas a EEUU y fueron detenidas en México

Dos niñas decidieron emigrar desde Honduras a EEUU sin ningún adulto que las acompañara. Querían reunificarse con su madre, que está en Texas, pero fueron frenadas por las autoridades mexicanas y enviadas a un albergue de menores no acompañados. Le pasó a ellas y pasa con decenas de niños en la frontera.
30 Abr 2021 – 05:41 AM EDT
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Un grupo de niños migrantes asomados en una ventana del albergue Nohemí Álvarez Guilla, en Ciudad Juárez. Crédito: Anna Clare Spelman/Univision

CIUDAD JUÁREZ, México.- Carla y Jimena Márquez solo querían llegar a Texas para estar con su mamá. Las hermanitas de 14 y 9 años habían recorrido cientos de millas desde Honduras a pie, en autobús y apretujadas en los maleteros de al menos cinco autos de desconocidos a quienes le pedían un 'jalón' en mitad de la calle. Cuando salieron del último carro, se encontraron con el río Bravo. Solo debían cruzarlo y saltarían de México a Estados Unidos.

"Unos polis estaban en el río y en lo que vamos bajando me preguntan que de dónde somos. Les digo que de Honduras, que veníamos las dos solas y no me creyeron", cuenta Carla. "Nos preguntaron si teníamos un número de teléfono, les dije que el de mi mamá. Hablaron con ella y todo lo que yo les había dicho lo contestaba mi mamá. Entonces llegaron por nosotras". Era un auto de migración mexicana. "De allí nos trajeron a este albergue", relata. Es el centro integral de atención a niños y adolescentes migrantes 'Nohemí Álvarez Guilla', en Ciudad Juárez.

Jimena, la menor, sintió tristeza. La última vez que recibió un abrazo de su madre fue a sus cuatro años: "Solo pienso en estar con mi mamá", dice con voz dulce. Para Carla la decepción fue mayor: "Lo que yo llevaba en mi mente era pasar mis 15 años con mi mamá". Se celebran en junio. "Me dijeron que salgo hasta agosto si gano mi caso. Si lo paso aquí, no quiero nada".


Carla y Jimena salieron de casa de su abuela el 16 de febrero de 2021 a la 1:00pm. Llevaban algo de comida en la mochila y algunos productos de aseo personal. Ni su abuela ni su madre estaban de acuerdo con que se marcharan. "Mi mamá me dijo que no lo hiciera, que era peligroso, pero yo no le hice caso y me vine", replica la mayor. "Le dije que orara por nosotras".

Jimena asegura que tuvo miedo: "Dicen que en México hay mucho secuestro, que matan. Tuve miedo porque vinimos solas, pasaban carros, nos subíamos, nos traían, pero me daba miedo porque decían que aquí era muy feo. Dormíamos en los parques".

A su padre ni le avisaron. De él, de sus insultos y sus maltratos también huyeron. Habían vivido con él buena parte de los cinco años que siguieron a la migración de la mamá. "Le dije a la familia que no le dijeran. Él siempre decía que la mujer tiene que estar en la casa, cuidando. Le dijo una vez a mi mamá que si ella le mandaba dinero, nos dejaba ir con ella", reclama Carla.

Desde enero de 2021, los números de menores no acompañados detenidos en la frontera en Estados Unidos han ido en ascenso. Repuntaron de 5,689 en enero a 18,663 para marzo. En lo que va de año fiscal, suman 47,642 y aún falta que corra la mitad de ese periodo. Esos son los que logran cruzar desde México.

Jean Gough, directora de Unicef para América Latina y El Caribe, visitó recientemente el límite norte de México. En promedio, aseguró, 275 niños son detectados cada día por las autoridades mexicanas mientras intentan cruzar hacia Estados Unidos. En los albergues, representan 30% de la población y la mitad de ese porcentaje viaja sin sus padres, como Jimena y Carla.

"100% busca llegar a EEUU"

Antes de que el 'Nohemí Álvarez Guilla' fuera inaugurado a finales del año pasado —en tiempos de pandemia— José Villa, director de este albergue, asegura que recibían a 25 niños en promedio cada día en un tráiler. Era donde operaban y desde allí canalizaban a los menores hacia otros refugios de la sociedad civil y del municipio. Ahora, con el nuevo edificio, pueden recibir y dar cobijo a 70 niños, niñas y adolescentes: actualmente tienen 60 durmiendo en este centro, están a 90% de su capacidad.

La mayoría de estos niños tienen entre 16 y 17 años, pero hay algunos de ocho y nueve años que llegaron con sus hermanos mayores. Vienen de Guatemala, Honduras y El Salvador, de Nicaragua, Ecuador y Brasil. Más de 50% son mexicanos repatriados de Estados Unidos. La razón más común por la que migran es la econ´omica, pero otro tanto viene huyendo de la violencia en sus países.

Todos cayeron en custodia de México al ser hallados por las autoridades durmiendo en la calle; en puntos de revisión del Instituto Nacional de Migración en la entrada de Ciudad Juárez; en las carreteras, en inspecciones a hoteles, en el intento de cruzar la frontera o por la denuncia de alguna persona.

"El 100% busca llegar a Estados Unidos", dice Villa. Pero no todos lo lograrán.

"Con los que quieren ir a Estados Unidos se tiene que hacer una evaluación de cuál es el verdadero interés superior de ese niño. Si va, por ejemplo, a buscar una reunificación familiar con mamá, papá, se busca la forma de que puedan llegar con ellos", explica Villa. Deben demostrar la conexión con la mayor cantidad de documentos durante una investigación que hace el gobierno mexicano con los consulados. Estos casos de menores que quieren ir con sus padres representan apenas entre 1% y 5% del total que reciben.

Cuando la migración es económica —representan a más del 50% de los niños— conversan con la familia en el país de origen para evaluar la situación y "evitar esa migración innecesaria".

"La mayoría de los niños que tratamos manifiestan un luto. Es la pérdida de no alcanzar su meta de llegar a Estados Unidos".

Tras conversar con los padres de algunos de los niños de su albergue, Villa asegura que no mandan a sus hijos solos "por simple gusto". "Es una decisión difícil que tienen que tomar y creo que es para mejorar la situación de vida de ese niño. Es una decisión muy fuerte pero lo hacen pensando en el beneficio de su hijo".

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"Decían que ser menor lo hacía más fácil"

Carla no llegó sola a la idea de migrar a sus 14 años. Adultos y jóvenes que conocía le dijeron qué había que hacer para llegar a Estados Unidos. Y como tres de sus tías, un primo, su mamá y su hermano lo lograron, creyó que nada podía salir mal.

"Vecinos de nosotros se iban como menores. Hablaba con ellos, les preguntaba cómo era todo. Me decían que ser menor era más fácil porque te dejaban pasar más rápido; que si eres menor y vas con un adulto, también", recuerda la adolescente. Entre los adultos que consultó, asegura, "uno que otro me decía que no lo intentara, porque era difícil el camino".

Ella pensó que no podía ser más difícil de lo que ya había pasado. Tuvo que asumir las riendas de la casa a los 9 años, después de que su madre se marchó. "Ser niña en Honduras es bonito para algunas niñas; para mí no se siente nada bien", reclama. "Cuando mi mamá se fue todo se vino abajo, porque ella estaba pendiente de nosotras, nos llevaba a la escuela y nos ayudaba a hacer los quehaceres".

Cuenta que con la partida de la madre, le tocó inscribir a su hermana en el colegio e ir a las reuniones de representantes por ella; hacer el mercado de la casa con el dinero que le mandaba su madre a través de sus primas; antes de ir a la escuela, dejaba el almuerzo listo y limpiaba la casa; y de vuelta, lavaba los uniformes, ponía a su hermana a hacer tareas, preparaba la cena y hacía sus propias tareas.

A punto del llanto, narra que cuando su padre se enteró de que habían migrado le dijo a la madre que esperaba que regresaran muertas: "Lo dijo así, normal. Dijo: 'Ojalá que vengan en una caja, muertas'. Me puse mal".

Ya tienen dos meses en el albergue. Carla lleva la cuenta clara: les quedan cuatro meses más de espera para saber qué ocurrirá con ellas, si las reunifican con su madre o las devuelven a Honduras. Para pasar el tiempo dice que juega al fútbol con los niños, o hace ejercicios por las noches con las niñas de su cuarto. Había estado trabajando en la cocina, pero su hermana quería hacerlo también y no había suficientes puestos, así que ella le cedió el suyo.

"Mi mamá está peleando el caso para que estemos con ella". Asegura que está trabado porque su papá no quiere ceder la patria potestad: "Dijo que él no tenía hijas, que no quiere que pasemos, que le da igual que estemos aquí encerradas (...) Yo voy perdiendo el amor por él".

Carla y Jimena tienen fe de que estarán con su mamá y celebrarán los cumpleaños perdidos. Cada semana preguntan por novedades sobre su caso. Carla teme que en cualquier momento su papá las reclame: "Le pondría una demanda porque no quiero estar con él"

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