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Guantánamo

Otro intento fallido de Jihab Diyab: el ex-preso de Guantánamo refugiado en Uruguay que trata de llegar a Siria

Diyab estuvo 12 años preso en Guantánamo y a fines de 2014 lo acogió el gobierno de Pepe Mujica en Uruguay. Pero no quiere vivir ahí: intentó escapar dos veces para ver a su familia y no tuvo suerte.
21 Dic 2016 – 08:59 PM EST
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Jihad Diyab, de 45 años, yace en la cama el 9 de septiembre de 2016, en huelga de hambre para exigir que lo reúnan con su familia. Crédito: Dante Fernández / Getty

MONTEVIDEO, Uruguay.- Es sábado, cerca de la medianoche y el avión aterriza en Montevideo con varias horas de retraso. Allí viene Jihad Ahmad Diyab, un ex-preso de Guantánamo liberado por el gobierno de Barack Obama en diciembre de 2014. Llega por tercera vez a Uruguay en menos de dos años. Está de regreso, eso sí, contra su voluntad.

Viene de un nuevo intento por volver a ver a su mujer, Yusra al Hasne, y a sus tres hijos, que viven en Turquía. Este refugiado de nacionalidad siria, nacido en Líbano, estuvo 12 años preso en Guantánamo y hoy dice sentirse preso en el país que lo acoge, al sur de América.

Previa escala en Buenos Aires, Diyab vuelve derrotado desde Johannesburgo, Sudáfrica, adonde viajó en secreto el jueves 15 de diciembre; en teoría, sin que se enteraran varios de los activistas que lo apoyan ni las autoridades del gobierno uruguayo.

Diyab, de 45 años de edad, estuvo apenas unas horas en Sudáfrica: las autoridades de ese país le impidieron el ingreso y lo deportaron a Montevideo. Su historia es tan triste como insólita.

“Es sorprendente, Diyab tiene un comportamiento sorprendente”, dice a Univision Noticias Christian Mirza, un funcionario que sirve de nexo entre el gobierno y los seis ex-presos de Guantánamo que llegaron a Uruguay al final del gobierno de José Mujica y fruto de un acuerdo entre su administración y la de Barack Obama.

Diyab estuvo preso en Guantánamo, acusado por Estados Unidos de tener vinculaciones con organizaciones terroristas y dedicarse a la falsificación de documentos en Pakistán. Pero nada de eso fue comprobado y ni siquiera tuvo un proceso judicial.

El largo viaje a Caracas

En Montevideo fue el único de los seis refugiados –cuatro sirios, un tunecino y un palestino- que no logró adaptarse a la vida en el país y desde inicios de 2016 reclama poder viajar al exterior para reencontrarse con su familia.

La Cancillería uruguaya no consiguió el visto bueno de ningún gobierno para recibirlo y a mediados de este año abandonó las gestiones. Fue así fue que en junio él decidió irse por sus propios medios. Escapó por tierra a través de la frontera con Brasil y viajó durante varios días en ómnibus hasta Venezuela, donde sus aspiraciones –viajar desde allí a Turquía- fueron abortadas rápidamente.

A fin de julio fue detenido en Caracas por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional debido a su situación irregular y fue deportado a Montevideo el 30 de agosto.

En septiembre inició una larga huelga de hambre, que –según integrantes del grupo de apoyo “Vigilia por Diyab”- duró 68 días. Ante su delicado estado de salud, el caso fue seguido de cerca por las autoridades sanitarias y judiciales y tema central de diarios, radios y canales de televisión durante varias semanas.

El 28 de octubre el semanario Brecha publicó una entrevista con Yusra al Hasne, su mujer y madre de sus tres hijos (tenían un cuarto hijo que falleció en un bombardeo en Siria el 9 de mayo de 2013, cuando Diyab aún estaba preso), quien desde Estambul protestó contra las “promesas” y “mentiras” del gobierno uruguayo respecto a la posibilidad –nunca concretada- de que la familia se instalara en Montevideo o que Diyab viajara a Turquía u otro país.

“Uruguay es peor que Guantánamo”, dijo Yusra en esa entrevista aunque luego aclaró que eso es lo que le ha trasladado su esposo en diversas charlas. Allí también afirmó: “Me quitan a mi marido, me tienen separada 14 años sin verlo y ahora que está en Uruguay tampoco puedo verlo. Si no tiene padre ni madre ni a nadie en Uruguay… ¿por qué está allí? ¿Hasta cuándo se quedará la pesadilla de Guantánamo en nuestras vidas?”.

La última vez que Diyab habló públicamente fue en noviembre, unas semanas después de haber levantado la huelga de hambre debido a que surgió una posibilidad de viajar al exterior de la cual ni él ni su entorno quisieron entonces dar detalles.

En una entrevista con canal 10 de Montevideo dijo estar “infinitamente agradecido” con Uruguay, pero también insistió con que el gobierno incumplió sus promesas

“Desde noviembre de 2015 mi familia corre peligro por culpa de Rusia, y puede costarle la vida. Si a mi familia la hubieran matado, ¿quién se hacía responsable?”, preguntó, y dijo que su experiencia es similar a la de otros ex-presos de Guantánamo en diferentes partes del mundo. Diyab piensa que Estados Unidos lo controla a él y muchos otros.

“No tiene buenos asesores”

¿Y cómo viajó a Sudáfrica? Mirza dice que “los amigos de Diyab en Estados Unidos” (se refiere a activistas que lo apoyan) le “pagaron el pasaje” y seguramente lo convencieron de que Sudáfrica era la puerta de acceso a algún país árabe o musulmán que pudiera servir de reencuentro con sus familiares.

“Pero eso no es tan fácil, él no tiene buenos asesores”, afirma Mirza, quien en octubre pasado renunció a seguir dialogando con Diyab. Eso sucedió en medio de la huelga de hambre y el funcionario dijo en forma pública que las exigencias del refugiado sirio habían “llegado a un límite”. Hoy sigue haciendo su trabajo con los otros cinco refugiados, quienes –en mayor o menor medida- se han integrado a la vida en Uruguay, trabajan y algunos tienen pareja aquí. Mirza piensa que hoy Jihad está “muy desnorteado” y también solo, ya que varios de los militantes que estuvieron junto a él en los últimos meses lo han abandonado.

Se refiere a integrantes de la izquierda radical uruguaya, que difundieron sus reclamos desde su regreso de Venezuela y se alternaban para cuidarlo durante la huelga de hambre.

“Ya no tiene sentido seguir junto a él, estuvimos durante la huelga; ahora no”, responde Alejandra de Bittencourt, una militante del combativo sindicato de funcionarios de la Intendencia (alcaldía) de Montevideo quien además era referente del grupo “Vigilia por Diyab”.

Otra militante, que pide no ser identificada porque “el clima está muy enrarecido”, dice que la situación actual muestra que “la larga mano de Guantánamo” sigue presente y que hombres como Diyab no son realmente libres. “Es mentira que pueden irse donde quieran, tienen que quedarse donde los han enviado”, afirma.

En el gobierno uruguayo no tienen muy claro por qué eligió Sudáfrica. El vicecanciller José Luis Cancela dijo al portal Ecos que el viaje a Johannesburgo fue “absolutamente incomprensible”. El canciller Rodolfo Nin Novoa, en tanto, pidió a los periodistas que dejen “en paz” a Jihad para que haga una vida normal.

Todo indica que él pensaba que el ingreso a Sudáfrica sería más simple. Pero no pudo cumplir con los requisitos que le pedían, como acreditar los recursos económicos con los que se mantendría o presentar una carta de invitación de alguien que se hiciera cargo de su estadía como turista.

El sueño de seguir rumbo a Turquía u otro país se truncó. Hoy sigue preso en lo que considera su nuevo Guantánamo.

El sábado regresó al apartamento en el Centro de Montevideo que le cedió el gobierno. Allí intentó contactarlo Univision Noticias unos días más tarde pero nadie respondió al llamado. Diyab sigue cobrando un subsidio de unos 420 dólares, al igual que los otros cinco refugiados. Con ese dinero puede comprar lo básico como para vivir mes a mes, mientras sigue pensando cómo hacer para -algún día- poder reencontrarse con su mujer y sus hijos.

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